Semana 50 de 2001

Por Esteban Peicovich
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16 de diciembre de 2001  

La cámara los mostró gloriosos. Se asomaron juntos. Se saludaron. Se sentaron. El líder invitado arribó con su séquito. El otro lo aguardó con el suyo. Ben Laden desplegó brazos, manos, sonrió y habló. Realizado. Feliz por lo hecho. (Quedan dudas: esto puede ser manipulado o real.) La cámara los mostró gloriosos. Se asomaron juntos. Se saludaron. Se sentaron. El líder invitado arribó con su séquito. El otro lo aguardó con el suyo. Carlos Menem desplegó brazos, manos, sonrió y habló. Realizado. Feliz por lo hecho. (Quedan penas: esto es insoportablemente real.) Fue el jueves y en la principal cueva de nuestra Tora Bora: la Rosada. Los sucesivos visires reunidos por la cuestión de fondo. El reo ejecutor del mayor cuento del tío. Y su reo de enganche y gerente inercial del timo. Ambos, máximos espeleólogos del fondo tan temido. Romance no surgido del amor, sino del dólar. Padrinos: banca acreedora, transnacionales y empresas privatizadas. Regalo: "dolarizar". Gambetear al Estado, mimar al importador, afectar al exportador, imprimir moneda fuera y recibirla en cantidades que el "fuera" disponga. Demoler la Casa de Moneda en lugar de demoler a Gostanián. En otro país, socios así compartirían ducha, desayuno y paseo por el patio. Realmente ¿No habrá algún modo de vivir como si no hubiera gobierno?

Semana grossa la 50. Cavallo (jamás nadie estiró tanto un fracaso) trajo de USA el ultimátum puesto: "Vuelva con 4 mil millones menos de gasto o con 4 mil millones más de impuestos". Alfonsín pactó con Bauzá cambio de aposento y ajuar en Senadores (en cuya lotería obtuvo sólo 4 años). Ruckauf se la pasó sublimando al Patacón. Baylac, su estilo: "Ruckauf se apura porque padece de eyaculación precoz". Menem, chilenizado, se pungueó la palabra "concertación" y tras acicalarse, copó con guiños la TV de Tora Bora. Avido de algún primer plano, el épico De la Rúa decidió enviar a Kabul tropas que mejor hubiera desviado en marcha forzada hacia la City, en cuyos círculos del infierno, miles de patriotas resistían, sin apoyo, la indiferencia bancaria. Se respondió con inmensa serenata nocturna de cacerolas, paros y violencias varias. Y con dato Gallup: el 84 por ciento de los argentinos no acepta ser clonado. Más bien.

Fueron, otra vez, días sin huella. La práctica del trueque siguió licuando el empaque del riesgo país (finalmente, es para países, no para tribus). Y ciudadanos que no ceden optaron por no rendir su sueño de volver a la historia. Proponen sacar del nivel de pobreza a la mayor cantidad de familias posible. Con seguro de empleo y formación de 380 pesos para padres desocupados, asignación de 60 pesos por hijo menor y de 150 para ancianos: 11 mil millones de pesos a obtener del 3,3 por ciento de la riqueza que produce el país.

Esto es, ser realistas pidiendo un imposible más o menos civilizado. Luz, algo de luz para ver el camino. La del futuro, como se sabe, viene de atrás: "Toda especulación mercantil que yo haga a expensas de la vida de mi semejante no es comercio sino latrocinio y fratricidio. El primero de los derechos es el de existir". (Robespierre, a la Convención de París. También en diciembre, 1792).

E-mail: peicovichpalabristas.com.ar

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