Sin reparo

Diana Fernández Irusta
Fuente: AP - Crédito: Mark Schiefelbein
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13 de septiembre de 2019  

Pekín, China.- Afalta de sombra, cámaras. La plaza de Tiananmen se extiende lisa, cementada, enorme y abierta. Los turistas se apretujan alrededor de la torre, en busca de una zona de descanso. Quizá sepan -quizá no- que en cada minúsculo gesto, en cada una de sus pequeñas acciones, se exponen al minucioso registro de las cámaras de seguridad. Lo que se graba allí, sobre sus cabezas, no son imágenes para la posteridad, sino ofrendas al más puro y omnívoro presente. Turismo y vigilancia: no la síntesis, pero sí la aproximación a mucho de lo que viene siendo esta época. Solo una persona queda al margen del rastreo mecánico, del viaje pasteurizado. Puede ser niño o niña; viste campera y capucha rosa, pantalones rojos. No se guía por el protocolo de lo que debe ser visto, sino por la intensidad que le permite descubrir, en un rincón descuidado, el hechizo de todo un mundo.

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