Solidaridad de los conductores

Por Norberto H. García Rozada
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21 de marzo de 2000  

No todo es actividad proselitista en esta Buenos Aires preelectoral en que los porteñólogos han brotado como hongos tras la lluvia y hasta quienes antes desconfiaban -por decirlo con elegancia- del régimen de autonomía, ahora se han convertido en manifiestos pretendientes a tener arte y parte en los avatares de la política local.

También hubo tiempo para comenzar a tratar de resolver problemas endémicos que, tal como ocurre con el crónico desbarajuste del tránsito, hacen al bienestar y la calidad de vida de los Pérez.

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Mañana, no más, será puesto en marcha el operativo denominado Tránsito Solidario, que, según la breve y explícita definición del secretario del área, Abel Fatala, consistirá en activar la presencia en la vía pública -la zona céntrica, en especial- de efectivos policiales con la expresa consigna de hacer cumplir las reglamentaciones vigentes.

¡Por fin! A nadie se le escapa que el molesto abarrotamiento de vehículos que de lunes a viernes se encarniza puntualmente con los sistemas nerviosos de los vecinos del micro y el macrocentro, proviene del alegre desenfado con que miles de conductores ignoran esas reglamentaciones. Pero en nombre de la equidad también habría que admitir la existencia de otras indisciplinas, no menos irritantes.

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Bienvenida la activación del aparato policial de control del tránsito, sin que esté circunscripto a la mera tarea de labrarles actas de infracción a los autos particulares mal estacionados o darles apoyo a los colocadores de cepos.

Puede ser que de esa manera lleguen a ser corregidas ciertas travesuras no menos reiteradas. Por ejemplo, la circulación de camiones pesados -antiquísima preocupación de Pérez- que andan por donde se les viene en gana: avenidas no habilitadas para que lo hagan o calles angostas en las cuales el voluminoso cargamento que suelen transportar sin precaución alguna es una amenaza para los peatones.

Ni qué decir, asimismo, las molestias provocadas por la carga y la descarga de mercancías, efectuada a toda hora y en cualquier lugar. O el desparpajo del que hacen gala los colectivos -cada vez más mastodónticos-para imponer la ley del más fuerte. O la impunidad de los ciclistas que al andar de contramano y haciéndole pito catalán a los semáforos, son los peores propagandistas del simpático vehículo al cual, dicen, aman tanto. O los transeúntes, al parecer aficionados a probar suerte en esa suerte de ruleta rusa que es la insistencia en cruzar la calle desafiando con expresión provocativa a los vehículos que avanzan con derecho de paso.

Pérez, fulano gris e imparcial, no niega la parte de responsabilidad que les cabe a los conductores. Si embargo, alienta la esperanza de que el operativo aún en pañales sirva para poner en su lugar a todos los indisciplinados..., sin excepción alguna.

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