Tardía democracia para Hong Kong

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22 de abril de 2004  

Hong Kong fue una próspera colonia británica hasta 1997, cuando China recuperó la soberanía sobre ese territorio. Sus siete millones de habitantes son altamente educados y notablemente industriosos, y por décadas, abrazando la libertad de mercado, produjeron un verdadero milagro económico, digno de toda admiración. Tanto que estos habitantes tienen hoy un ingreso per cápita del orden de los veinticinco mil dólares anuales. Ese nivel de ingresos, que cuadruplica el de los argentinos, es unas veinticinco veces superior al de los demás chinos, muchos de los cuales aún están claramente postergados como consecuencia del notorio atraso socioeconómico que acumularon durante el régimen comunista.

Pero los chinos de Hong Kong también aman ardientemente vivir en libertad. Y por eso aspiran naturalmente a poder elegir sus propias autoridades con auténtica libertad y no en un régimen tramposo de "partido único".

De ahí la abierta frustración con que han recibido la negativa del gobierno central chino de permitir una rápida evolución de la ex colonia británica hacia un sistema de elecciones locales realmente libres. Esa negativa responde, presumiblemente, a la necesidad de evitar el natural deseo de emulación que ese acceso de Hong Kong a una genuina libertad electoral generaría en el resto de China. Está claro que el Partido Comunista trata de impedir a toda costa que esa aspiración liberal se extienda por el pueblo chino, pues considera que el país aún no está maduro para asumir esas responsabilidades.

El compromiso que el gobierno de China asumió ante el gobierno británico al recuperar la soberanía sobre Hong Kong supone que deberá haber elecciones libres en ese territorio en algún momento de la primera década del nuevo milenio. Aún es posible, entonces, que ese compromiso se cumpla. Pero la década es larga y el gobierno central chino sigue diciendo "todavía no llegó el momento", con la consiguiente frustración de los habitantes de Hong Kong. Aunque pueda resultar explicable en términos de pura estrategia nacional, la decisión de seguir postergando las elecciones directas locales no deja de ser lamentable.

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