Teléfonos: de Trump a Macri

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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3 de octubre de 2019  

No hay forma de zafar si quien pronuncia inconveniencias ilegales por teléfono es presidente de los Estados Unidos. El protocolo norteamericano es implacable: no bien pisa la Casa Blanca su principal habitante debe desprenderse de sus celulares personales y hablar solo por los dispositivos provistos por el Estado. Esto no es todo: cada conversación se transcribe y archiva. Si lo sabrá Donald Trump que por una filtración de sus escuchas, se encuentra ahora a las puertas de un juicio político que lo puede eyectar del poder. Lo complicó su llamada al presidente de Ucrania en busca de datos que dejaran expuesto a su probable rival demócrata, Joe Biden, para las elecciones del año que viene, por los negocios de su hijo en ese país cuando era vice de Obama.

Cada nación tiene sus normas en la materia: en Rusia, Italia y Francia se registran, pero son secretas. En Alemania, en cambio, la privacidad telefónica tiene rango constitucional y hasta incluye a Angela Merkel. En España, cada gobernante decide lo que quiere hacer con sus comunicaciones.

Aquí, en la Casa Rosada, resulta un tema tan ajeno que hasta el Presidente no tiene ni idea de lo que resulta más que obvio: no hay protocolo.

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