"Temo por la vida de Carrió"

El experto suizo en corrupción y lavado de dinero dice que la Argentina necesita un proceso de manos limpias
El experto suizo en corrupción y lavado de dinero dice que la Argentina necesita un proceso de manos limpias
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26 de agosto de 2001  

El jurista suizo Mark Pieth tiene un trabajo interesante. Preside, desde 1990, una organización mundial cuya misión es impedir que empresas multinacionales paguen coimas a funcionarios de gobiernos de países en vías de desarrollo. La Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OECD), que integran 34 naciones, agrupa a las potencias del mundo y también a la Argentina, Chile y Brasil.

Para lograr que los países ricos castiguen a sus empresarios inescrupulosos, la OECD inventó un sistema de controles cruzados: Francia monitorea a Estados Unidos, Estados Unidos monitorea a Japón, Japón hace lo mismo con Corea, Corea vigila a Italia, etcétera.

Según el experto suizo, que tiene una larga trayectoria asesorando a su país y a las Naciones Unidas en temas relacionados con el crimen organizado, el tráfico de drogas y el lavado de dinero, el sistema adoptado por la OECD es todo un éxito. Según él, 33 de los 34 países miembros han adaptado su legislación para cumplir con los objetivos de la organización, que incluye fuertes sanciones económicas para los países que no cumplen.

Y esto es todo un logro, dice Pieth, si se tiene en cuenta que hace no más de cinco años en Japón y en Europa las leyes permitían deducciones impositivas por coimas pagadas en el exterior, y los Estados Unidos y Canadá eran los únicos lugares en el mundo con leyes que castigan a empresarios nacionales que pagan retornos fuera de su país.

Según el experto, en el futuro inmediato estos cambios tendrán un fuerte impacto en países como la Argentina, en los que se sospecha que una parte importante del financiamiento político proviene de aportes “en negro” de empresas multinacionales.

Precisamente, Pieth aprovechó su visita a la Argentina para recabar datos en la Justicia sobre el caso IBMBanco Nación, una causa que él considera clave para determinar la sinceridad del compromiso asumido por los Estados Unidos de liderar la lucha mundial en contra de la corrupción.

Dice que hoy día sería muy difícil que vuelva a ocurrir un caso como el de IBMBanco Nación porque el mundo cambió mucho desde 1994 y la era de las grandes coimas quedó en el pasado. Pero reconoce que otros peligros asechan: teme por la vida de la diputada Elisa Carrió y opina que la Argentina se debe un proceso de “manos limpias” similar al italiano, porque su economía no puede soportar el enorme gasto que le genera la corrupción.

–¿Por qué hace lo que hace?

–Empezó cuando volví a mi pais desde Inglaterra, tras una temporada como profesor visitante en Cambridge, en 1989. La ministra de Justicia de Suiza acababa de ser destituida porque su marido estaba envuelto en un escándalo de lavado de dinero. Me llamaron del ministerio porque querían hacer algo distinto. Era el momento justo: había muchos escándalos de lavado de dinero. Había estallado otro escándalo muy grande porque se descubrió que la policía suiza había investigado en secreto a un millón de ciudadanos, en un país de seis millones. La gente estaba cansada, reclamaba manos limpias. Había caído el Muro y el fantasma del comunismo había desaparecido. Los Estados Unidos estaban haciendo mucha presión para que Suiza colaborara en la lucha contra las drogas, la corrupción y el lavado. Así empecé a representar a mi país en los foros internacionales que trataban estos temas, como el G 7 y las Naciones Unidas. El gobierno suizo me dio libertad absoluta.

–Al año siguiente se forma la OECD.

–Correcto. Y todos creían que no iba a pasar nada, especialmente los franceses, que al principio tuvieron una actitud muy hipócrita. Sólo les interesaba a los norteamericanos, porque ellos ya tenían una ley y sentían que estaban en una desventaja competitiva. Para ellos, el pago de coimas era un impedimento para el libre comercio. A mí me pareció que era una buena oportunidad para ayudar a los países del Tercer Mundo a luchar contra la corrupción, así que me alié a los norteamericanos.

En 1994 logramos que los países miembros firmaran un convenio con una serie de recomendaciones, algo muy simplista, casi patético. Pero ya en 1997, con el apoyo decidido de Madelaine Albright (secretaria de Estado de Bill Clinton) logramos que se firmara el tratado. Tres años y medio después, 33 de los 34 países han ratificado el tratado.

–¿Y para qué sirve el tratado?

–Es muy importante. Se podrá imaginar que ninguna companía extranjera se va a arriesgar a pagar coimas cuando las demás dejan de hacerlo. A los que no cumplen podemos crearles un problema muy grande con sus competidores. La pena máxima que tenemos es que podemos prohibirle a un país o a una empresa el acceso a los mercados públicos en todo el mundo. Es una sanción muy dura, que puede destruir una empresa y dañar a un país, por eso tenemos mucho cuidado con su aplicación, pero es muy efectiva. Hace poco amenazamos a Inglaterra con sanciones si la reina no pedía que se ratificara el tratado en su discurso anual al Parlamento. Hubo grandes presiones políticas, pero Inglaterra cumplió. Así las cosas, empresas como IBM tienen que adaptarse a las nuevas reglas del juego.

–IBM habría pagado coimas en la Argentina a pesar de que la ley norteamericana lo prohibía expresamente, pero no recibió ninguna sanción.

–La diferencia es que en 1994 los Estados Unidos estaban solos y los funcionaros de ese país eran muy renuentes a aplicar la ley. En 22 años sólo se abrieron 50 casos por violar esa ley (que prohíbe pagar coimas en el exterior). En los últimos años, Estados Unidos adoptó una política mucho más agresiva. Basta ver el escándalo de Salt Lake City, en el que funcionarios de esa ciudad fueron sancionados por sobornar a miembros del Comité Olímpico de distintos países para que las Olimpíadas de Invierno se ddisputaran en esa ciudad.

–Pero, ¿porqué no investigan IBM-Banco Nación?

–La explicación oficial que nos dan es que la Justicia argentina no ha recabado suficientes pruebas para demostrar que la casa matriz en Estados Unidos estaba al tanto del pago de coimas. Pero para nosotros no es suficiente. Este es un caso testigo para la organización. Vamos a ir a Estados Unidos y vamos a demandar explicaciones de la Securities and Exchange Comission (el órgano contralor del sistema bursátil), del Departamento de Justicia, de quién sea. Vamos a llevarnos todas las pruebas que podamos juntar en la Argentina. Tenemos un equipo muy fuerte de peritos trabajando en el tema. Y los dos países encargados de monitorear a los Estados Unidos, Francia y Japón tienen intereses muy fuertes para que se conozca la verdad.

Francia viene diciendo hace tiempo que Estados Unidos no cumple con sus propias leyes. También lo acusa de pagar coimas a través de empresas off shore y de servicos de inteligencia, como la CIA. Esta es la oportunidad de demostrarlo. Yo en esto juego el papel de árbitro. Tengo la mente abierta e iré con mucho interés a escuchar las explicaciones de los norteamericanos.

Lo bueno de esto es que tenemos la oportunidad histórica de hacer algo que borre las fronteras entre los países ricos del Norte y los pobres del Sur. Acá estamos diciendo que los dos somos responsables. Que yo voy a limpiar mi casa, pero que tú tienes que limpiar la tuya.

–¿Y qué dicen los monitores de la OECD sobre la Argentina?

–Que está en el buen camino, pero le falta. Dos áreas por mejorar son la responsabilidad penal de las personas jurídicas y, sobre todo, el funcionamiento de las instituciones. Decimos que las leyes son buenas, pero no estamos seguros de que las instituciones tengan la capacidad suficiente para aplicarlas. Pero para nosotros la Argentina, Chile y Brasil son como estudiantes, son los miembros más recientes de la organización y en esta etapa nos interesa más el comportamiento de los países del G 7.

–Pero los argentinos mismos sostienen, en encuestas de opinión, que tienen un problema muy serio con la corrupción.

–Sabemos que hay problemas. Básicamente, la Argentina se va a beneficiar con nuestro trabajo, porque vamos a terminar con las coimas transnacionales. Acabo de reunirme con la diputada Elisa Carrió. Fue muy interesante porque es una mujer muy valiente y decidida. Lo importante va a ser ver cómo hace este país para vencer la corrupción. Si ayudamos desde afuera con una presión increíble sobre los que continúan coimeando, ¿qué va a pasar acá? ¿Qué va a pasar con la clase política? Hoy se pueden comprar cargos, comprar poder. El dinero de las multinacionales ayuda a escalar posiciones dentro del partido, mantener punteros, comprar jueces. Si no tienes el dinero grande, seguirás sacando dinero chico de los empresarios locales, por ejemplo, a cambio de una habilitación municipal, etcétera. Todo suma. Pero no se puede comparar con el dinero de las multinacionales y los importadores, que gastan cientos de millones de dólares.

–¿Va a ayudar a la diputada Carrió?

–No sé si la puedo ayudar mucho personalmente. Sé que cuando necesitó ayuda de Suiza recibió bastante colaboración. Estuvo reunida con el fiscal general de mi país, que le prometió que va a seguir ayudándola. Francamente, temo por su vida. Siempre va a aparecer algún idiota que piense que hay que matar al símbolo. Yo trabajé mucho con el tema del crimen organizado y me parece que ella está en una situación muy peligrosa. El movimiento en contra de la corrupción, el lavado y los carteles de la droga tiene que ser llevado por un grupo amplio de dirigentes, y a la diputada se la ve bastante sola. No es bueno para la causa si la lucha se personaliza. Tampoco sé si todo lo que dice es verdad, pero es evidente que la Argentina necesita un proceso de manos limpias, que es lo que ella reclama.

–¿Qué opina de las acusaciones de enriquecimiento ilícito en contra del ex presidente Carlos Menem?

–No conozco los detalles, pero él encaja con la imagen de ciertos líderes latinoamericanos. Es muy hábil, muy apto, hizo un buen trabajo con la economía. Por otro lado, se maneja como un gran empresario interesado en acumular más dinero que el permitido. Pero el mundo está cambiando. Antes se investigaba solamente a los narcotraficantes. Ahora se vigila a los Menem de este mundo. Para darle una idea, los diez bancos más importantes del mundo han establecido una base de datos de políticos. Ahora, si un ministro quiere depositar dos millones de dólares, los bancos le van a preguntar de dónde sacó el dinero. Y si la respuesta no es satisfactoria, ese político será denunciado.

El tema es que los políticos corruptos necesitan cómplices: banqueros locales y banqueros internacionales. Sobre todo, necesitan aparecer como gente respetable. Yo no quiero tratar con los Menem de este mundo. No quiero tratar con el crimen organizado. Prefiero tratar con banqueros, que hacen cosas terribles, pero no matan gente. De alguna manera, tengo el mismo proyecto que la diputada Carrió, pero lo encaro desde un ángulo distinto.

–¿Dónde es más fácil lavar dinero? ¿Aquí o en Suiza?

–Depende. La Argentina tiene el problema de estar cerca de los mercados de la droga y es fácil para una organización poco sofisticada ingresar dinero pagando coimas a corporaciones financieras.

En Suiza ingresan grandes sumas de dinero prelavado provenientes de grandes organizaciones. No es tan fácil comprar o engañar a un banquero, pero hay muchas empresas no bancarias con personas sin escrúpulos que están más que dispuestas a recibir dinero de origen dudoso. También hay un mercado de lavado de dinero del tráfico local de drogas, pero no es un gran problema. El tema central es el dinero prelavado de las grandes organizaciones.

–¿Nunca pensó que usted es funcional al sistema que dice combatir?

–Seguro. Yo sé que estoy logrando cambios, pero no estoy tan seguro de que los cambios sean buenos. Yo sé que le soy útil a las fuerzas de la globalización. La idea es que combatir la corrupción abre mercados. Si soy usado, soy usado como un globalizador. Por ahora calculo este riesgo y lo tomo en cuenta. Creo que lo puedo aceptar porque el beneficio es grande para los países del Tercer Mundo si podemos parar el flujo de coimas.

¿Beneficio para los países pobres?

"No es cierto que los países pobres se beneficien con la llegada de dinero negro. La corrupción representa un gasto enorme para un país: hay que pagarles a los ineficientes, a los amigos, hay que pagar las malas decisiones que se toman para beneficiar un interés particular por sobre el interés general. Nigeria y México son países ricos porque producen petróleo, pero son tan corruptos que las riquezas son robadas y sacadas del país", enfatiza Pieth.

"En Milán, después del proceso de mani pulite , el costo de construir líneas de subterráneos se abarató en más de un tercio. Estamos hablando de cientos de millones de dólares. Entonces, no es cierto que cualquier inversión es preferible a ninguna inversión, porque el dinero de la corrupción corrompe instituciones, distorsiona mercados y termina perjudicando a los contribuyentes que pagan impuestos y a los empresarios que desean competir honestamente", agregó el experto suizo.

Perfil

  • El doctor Mark Pieth, de 48 años, es casado y tiene dos hijas, de 20 y 22 años.
  • Es profesor de Derecho Penal de la Universidad de Basilea, Suiza, donde recibió su doctorado en Leyes.
  • Desde 1990 hasta la actualidad preside el grupo experto de la OECD sobre soborno en transacciones comerciales.
  • Entre 1989 y 1993 dirigió la Oficina de Crimen Económico y Organizado del Ministerio de Justicia de Suiza.
  • Ha sido consultor en lavado de dinero y crimen organizado de varios países, incluyendo Bielorrusia (1995), Bolivia (1996), Bulgaria, Japón y Filipinas (1997), y Vietnam (1998).
  • Dirigió un comité intergubernamental de lucha contra el narcotráfico en las Naciones Unidas (ONU) y fue miembro del Comité de Lucha contra el Lavado de Dinero (FATF).
  • Es autor de numerosas publicaciones sobre corrupción, lavado de dinero, narcotráfico y crimen organizado.
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