The Matrix

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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9 de abril de 2019  

El siglo XXI estaba a un palmo, pero las promesas de la ciencia ficción permanecían incumplidas, excepto por los precisos anticipos de Clarke, que había propuesto en 1945 una red de satélites de comunicaciones geoestacionarios y predijo en 1974 que tendríamos internet en casa. En general, a medida que el futuro se acercaba, se parecía cada día menos al futuro que habíamos construido en la literatura. Con el número mágico a la vuelta de la almanaque, hasta los que despreciaban el género -en el que brillaron Bradbury, Lem, P. K. Dick, la increíble Octavia Butler, Herbert, Scott Card, Silverberg, Heinlein, y ya sé que me estoy olvidando de varias decenas- entendieron que el futuro era solo una excusa. Entonces estrenaron The Matrix.

Por supuesto, la vi en el cine. Recuerdo que detrás había unos atolondrados haciendo bromas zafias sin parar. Un poco aguaron la velada, pero volví a ver la película una y otra vez en casa, hasta el punto de aprenderme los diálogos, como me ocurre con 2001: Odisea del espacio, Alien y Blade Runner. The Matrix no fue pionera en imaginar mundos virtuales indistinguibles de la realidad, pero lo hizo con una estética tan magnífica que logró instalar la duda acerca de si lo real es de verdad real. Veinte años después, sigue vigente.

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