Atrapados en el laberinto del acuerdo con Irán

Martín Dinatale
Martín Dinatale LA NACION
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30 de abril de 2014  • 10:53

La visita oficial que culminó ayer el canciller Héctor Timerman en Israel dejó traslucir claramente las dos teorías contrapuestas que existen alrededor del polémico memorándum que la Argentina firmó con Irán por la causa AMIA: es decir, si el Gobierno actuó de buena fe para llegar a la verdad o, en cambio, si resultó ser una suerte de "tonto útil" para lavar la alicaída imagen internacional de Teherán.

Timerman calificó de "interesante y exitosa" su visita a Jerusalén. Y el director general adjunto para Latinoamérica de la Cancillería israelí, Itzhak Shoham destacó que "se puede decir que se consolida el vínculo entre el Estado de Israel y la Argentina". Sin dudas, las relaciones bilaterales mejoraron sustancialmente tras este viaje y luego de los cortocircuitos que hubo en el pasado con Jerusalén por el polémico acuerdo con Irán.

El canciller argentino se ufanó de que las autoridades israelíes con las que se reunió jamás plantearon crítica alguna a la Argentina por el polémico acuerdo sellado con Irán. ¿Qué funcionario israelí haría semejante planteo en momentos en que la Argentina está haciendo denostados esfuerzos por ocultar en público una ridícula pirueta diplomática en la que deja caer el polémico memorándum y acerca posiciones a la comunidad judía?

El canciller argentino se ufanó de que las autoridades israelíes jamás plantearon crítica alguna a la Argentina por el polémico acuerdo sellado con Irán.

De todas formas, Timerman dijo sobre la reunión con su par israel Avigdor Liberman: "Hablamos sobre el acuerdo de las grandes potencias con Irán para controlar su desarrollo nuclear y fue entonces cuando de propia voluntad elevé yo el tema del acuerdo de la Argentina con Irán para facilitar la investigación del tema del atentado a la AMIA , describiéndole la situación, sin que la iniciativa venga de él ni que de su parte vengan preguntas inquisitorias", dijo el canciller argentino.

En lo formal y discursivo, el Gobierno sostendrá lo actuado con Irán a pesar de que desde Teherán no hay indicio alguno de que se quiera avanzar en la conformación de la Comisión de la Verdad que contemplaba el memorándum para citar a declarar a los cinco iraníes acusados por su presunta participación en el atentado terrorista contra la AMIA que en 1994 le costó la vida a 85 personas.

Timerman ya no puede dar marcha atrás. Su gobierno ya le dio la espalda una vez cuando retomó las relaciones con Estados Unidos después del episodio del alicate en Ezeiza con un avión militar norteamericano.

Por esto, Timerman aseguró en Israel que el objetivo que buscó la Casa Rosada con la firma del polémico memorándum "es que la Justicia pueda llevar adelante el juicio y la necesidad del Gobierno es de cooperar con la Justicia para que pueda actuar". ¿Qué otra excusa podría poner? El canciller no puede desandar sus pasos y exponerse una vez más al ridículo.

Además, en la intimidad del Gobierno aseguran que Cristina Kirchner no moverá un dedo en el caso de que la Cámara Federal dictamine la inconstitucionalidad de la ley que avaló el memorándum. En tal caso, dirá que hizo todo lo posible por llegar a la verdad en la causa AMIA y que Irán no dio muestras de buena voluntad para colaborar con la justicia. Nada de recurrir a la Corte o insistir con Teherán. Punto final.

Según revelaron a LA NACION fuentes judiciales, la semana próxima la Cámara Federal emitirá un duro fallo donde no sólo declarará la inconstitucionalidad de la ley que ratificó el acuerdo con Irán sino que hará una mención especial sobre la supuesta "falta de controles" en que habrían incurrido los legisladores a la hora de velar por el cumplimiento de los tratados internacionales. El fallo de la Cámara se sustentaría en el pedido de nulidad que habían presentado las autoridades de la AMIA, DAIA y la oposición. También recabará apoyo argumental en el fallo que en su momento emitió el fiscal de la causa Alberto Nisman, quien alertó sobre las supuestas violaciones a tratados de derechos humanos internacionales.

La semana próxima la Cámara Federal emitirá un duro fallo donde no sólo declarará la inconstitucionalidad de la ley que ratificó el acuerdo con Irán sino que hará una mención especial sobre la supuesta "falta de controles" en que habrían incurrido los legisladores a la hora de velar por el cumplimiento de los tratados internacionales

Sobre este molesto fantasma es que el Gobierno sustentó buena parte de los últimos gestos amistosos que emitió hacia la comunidad judía y hacia Israel.

Fuentes calificadas del gobierno de Jerusalén dijeron en los últimos días: "No nos sorprende que el memorándum se haya desmoronado", en relación a la falta de respuestas de Teherán. Y añadieron: "Conocemos más que nadie la dinámica de comportamiento de Irán y sabíamos que eso pasaría. Las advertencias al respecto que Israel transmitió a la Argentina fueron de tono amistoso, cuya intención era alertar a un amigo para que no pase vergüenza y no caiga en la trampa".

Está claro que el ex presidente iraní Mahmud Ahmadineyad se mostró dispuesto a colaborar con la investigación de la causa AMIA. Pero la Casa Rosada selló un entendimiento con un gobierno que se iba a retirar del poder cuatro meses después. De hecho, el nuevo presidente de Irán Hassan Rohani no mostró la misma predisposición que su antecesor y se mantiene en silencio. LA NACION intentó dialogar con el encargado de negocios de Irán en la Argentina para tener más precisiones del silencio de Teherán, pero no hubo respuestas.

Un destacado ex embajador argentino que conoce de cerca los movimientos de Medio Oriente fue categórico: "El canciller Timerman nunca entendió que la diplomacia persa lleva miles de años y que siempre sacó ventajas de otros países, incluidos la Argentina".

Aquellos que creen que la Argentina quedó atrapada en el laberinto de la diplomacia iraní también especulan que detrás de ello no sólo se movilizó la inocencia sino también los presuntos negocios y un nuevo encuadre de la geopolítica internacional en la que países como Venezuela, Rusia, Ecuador y Bolivia encajan perfectamente con los objetivos trazados por Buenos Aires.

Sólo el tiempo dirá cuál de las dos teorías, si la de Timerman o la del "tonto útil", se cristaliza adecuadamente con los hechos.

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