Transgénicos: amenazas y violencia

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10 de mayo de 2003  

El debate sobre el cultivo y la comercialización de productos con modificaciones genéticas no solamente se desarrolla en los serenos ámbitos científicos y académicos y en los acuerdos y en las relaciones internacionales; también se plantea en términos de violencia e intimidación.

En Francia, la Academia de Ciencias del país, luego de estudios y deliberaciones que son propios de estas respetadas instituciones, opinó sobre los productos modificados genéticamente y elevó sus consideraciones al poder público del país. La prestigiosa corporación llamó la atención sobre la conveniencia de una razonada y cuidadosa introducción de cultivos transgénicos basada en investigaciones caso por caso, como también respecto de un incremento de los estudios sobre esos cultivos, en proporción con la importancia de la agricultura y de la industria.

El hecho desató la furia de las organizaciones contrarias al pensamiento académico y dio motivo a una serie de amenazas y actos de violencia contra la institución científica y sus integrantes. En un artículo publicado por el diario Le Monde, el presidente de la Academia, Etienne-Emile Beaule, solicitó al gobierno la defensa del "honor de los científicos, atacados en su misión de proveer a la sociedad información independiente".

Por su parte, Ronald Douce, director del Instituto de Biología Estructural de Grenoble, relator del informe y objeto principal de las amenazas, expresó a la prestigiosa publicación Nature que tan feroces fueron esos ataques que en lo sucesivo pensaría dos veces antes de dar a conocer públicamente su consejo. La repercusión de los hechos fue tal que el gobierno francés, por intermedio de los ministros de Investigación y Tecnología y de Educación, respaldó a la Academia, manifestando su "asombro y tristeza" por los ataques mencionados.

Viene al caso recordar las múltiples facetas de esta cuestión, en la cual la Academia francesa viene a expresar la conveniencia de tratar el tema caso por caso, que es la forma que se aplica en los Estados Unidos, en cuyo ámbito la reconocida agencia de Alimentos y Drogas aprueba o no los transgénicos sobre la base del mejor conocimiento científico. Se debate hoy en los Estados Unidos si el país presentará un caso litigioso en la Organización Mundial del Comercio (OMC) respecto de restricciones comerciales que afectan a sus productos en la Unión Europea.

También viene al caso la diferencia de criterio respecto de esta cuestión entre el gobierno brasileño, que no acepta los cultivos transgénicos y sus elaboraciones, y el gobierno argentino. A propósito de ello, según lo expresado por una nota editorial anterior, nuestro gobierno acaba de reclamar a Brasil por la sanción de un decreto que se aplicará a partir de 2004, por el cual se exceptúa a todo el territorio brasileño, menos al Estado de Rio Grande do Sul, de la obligación de etiquetar los productos de soja, ya sea en su estado primario o manufacturado. La discriminación de Rio Grande do Sul se explica por cuanto en ese estado brasileño se cultiva soja transgénica. Pero como en nuestro país casi todo este cultivo es de naturaleza transgénica, indirectamente, sin expresarlo, los argentinos quedaríamos incluidos en el requerimiento de etiquetado, que implica una situación similar a la del estado del sur brasileño y, por cierto, desfavorable.

El mencionado y luctuoso episodio ocurrido en Francia, corazón de la protección agrícola comunitaria, podría llevar a considerar que las huestes de opositores a las modificaciones genéticas están viendo debilitadas sus fuerzas. No sólo por la opinión de la mencionada corporación académica, sino también porque ese tipo de manifestaciones de violencia son propias de sectores a los que la razón no les alcanza para defender su causa.

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