Transgénicos en debate

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24 de abril de 2004  

Los productos genéticamente modificados traen sustanciales beneficios, consistentes en mejores cosechas, alimentos enriquecidos, contribuciones a la farmacología y otros resultados de vasta aceptación. Pero también despiertan oposiciones, vinculadas con prevenciones sobre supuestos riesgos sanitarios o ambientales, que suelen esconder propósitos proteccionistas. La Unión Europea (UE), que sostiene estas prevenciones, estableció en 1998 una prohibición de producción e importación de nuevas variedades transgénicas que no alcanzó a las ya registradas, entre las que se cuenta la soja, de tanto desarrollo en nuestro país. Tampoco alcanzó a una variedad de maíz denominado BT, que contiene un gen que lo protege de una de sus plagas. Estos dos granos pueden ingresar en la UE. En cambio, la prohibición alcanzó a otra variedad de maíz denominada RR, resistente a un herbicida que destruye selectivamente sus malezas y asegura mejores cosechas. Esta variedad se cultiva extensamente en los Estados Unidos, el principal exportador de este grano que entonces no puede abastecer a la UE. Nuestro país no admitió su cultivo y por eso la abastece con los maíces autorizados y sin gran competencia, a una cuota asignada por Europa. Esta ventaja tiene como contraparte que nuestros agricultores no disponen de la variedad RR, apta para regiones marginales que podrían incrementar el cultivo de maíz y sus exportaciones.

Existen hoy dos caminos para remediar esta situación. Por un lado, los Estados Unidos, en compañía de la Argentina, han llevado la prohibición europea a los tribunales de la Organización Mundial del Comercio (OMC), alegando violación de acuerdos, proceso cuya resolución puede llevar un año más. Todo hace pensar que Bruselas está dispuesta a la derogación, a la luz de que acaba de aplicar un régimen de etiquetado de los transgénicos, una condición para adoptar esa decisión. En medio de esta compleja trama de factores, nuestra cartera de Agricultura ha anunciado que aceptará el cultivo de la variedad RR sin esperar que uno u otro proceso abra el camino a este indudable progreso tecnológico. Si el mercado europeo se abre a la variedad RR en el corto plazo, se habría ganado tiempo en la inserción de esta novedad en nuestros campos. En cambio, si esta habilitación europea no llegara, habría que esperar el resultado del tribunal de la OMC. Mientras tanto, las exportaciones de maíz con destino europeo, que rondan los 200 millones de dólares anuales, sufrirían una merma apreciable.

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