Trasnoche de farra y filosofía

Norberto Firpo
Norberto Firpo LA NACION
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21 de octubre de 2000  

Como de costumbre, los muchachos se reunieron en la esquina del ágora, cuando ya la noche había caído sobre Atenas y el Partenón coronaba, allá lejos, la espesa sombra de la Acrópolis. También en aquella época los jóvenes solían acostarse tarde, seguramente porque a esas horas la ciudad se les ofrecía tranquila y silenciosa, sin el bullicio que hasta el atardecer provocaban los vendedores de futuras reliquias arqueológicas, los chicos que molestaban con sus jabalinas y las comadres dadas a criticar el último estreno de Aristófanes e intercambiar chismes. De noche, los muchachos atenienses encontraban el mejor momento para practicar su pasatiempo favorito, el de pensar.

De pronto, Platón, uno de los miembros de la barra, preguntó: "¿Qué podemos pensar esta noche?" Menudearon las propuestas, hasta que finalmente todos aceptaron que la idea más atractiva era la de Diógenes, un individuo medio andrajoso, con facha de hippie , que vivía en un tonel. Dijo Diógenes: "A ver, ¿cuál es el atributo que mejor distingue al ser humano del resto de las criaturas animales?". Por una u otra razón, decenas de respuestas, entre pintorescas y antojadizas, fue ron desechadas:

  • No es cierto que el hombre sea el único animal sin cola, ya que osos y gorilas tampoco la tienen.
  • Resulta improbable que sólo el hombre tenga conciencia de la muerte, ya que los elefantes viejos se alejan de la manada cuando sienten que sus fuerzas desfallecen.
  • Muchos animales son más o menos inteligentes, o sea que la inteligencia no es distintiva del hombre.
  • No es cierto que el hombre posea el cerebro más grande. El de la ballena lo es mucho más.
  • La idea de que el ser humano tiene alma enfrentaba, ya en esa época, a creyentes y agnósticos.
  • El ingenio encendido

    Platón creyó dar en la tecla cuando propuso que el hombre "es el único bípedo sin plumas", pero fue tomado a la chacota, y Diógenes le zampó esta burla: "Mañana mismo pelaré una gallina para tener idea aproximada de lo que es el ser humano". Esta anécdota fue legada a la posteridad por otro de los muchachos de la barra, Aristóteles, fundador de la escuela peripatética, que consiste en filosofar al trote y no trasnochar tanto.

    Han pasado unos dos mil cuatrocientos años desde que se planteó aquel acertijo y, si bien el pasatiempo de pensar cayó en desuso (en beneficio del pasatiempo de "chatear"), miles de filósofos se vieron tentados, vanamente, a ofrendar una respuesta. Plauto dijo que "el hombre es el lobo del hombre", pero ésa es sólo una comparación, y Karl Marx arriesgó que "es el único animal codicioso", pero enseguida aclaró que él era una excepción. El intríngulis persiste, con la agravante de que hoy pululan individuos de variada estirpe que ni siquiera atinan a discernir la diferencia entre el comportamiento decente y el de tanto bicharraco rapaz y pendenciero. Aquellos muchachos atenienses transitarían en la actualidad por el tenebroso camino entre el estupor y la desazón, y más de uno optaría por la cicuta. © La Nación

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