Tratando de explicar un país inexplicable

Carlos M. Reymundo Roberts
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24 de noviembre de 2018  

Desde hace un par de semanas, las embajadas en Buenos Aires de los países que vendrán a la Cumbre del G-20 están enviando informes diarios sobre la situación en la Argentina . El problema es que el panorama acá es tan -cómo decirlo- singular, tan poco explicable y tan difícil de entender que los encargados de escribir esos reportes son acusados en sus cancillerías de haber perdido la cabeza. Algunos incluso ya han sido licenciados para que se tomen un descanso terapéutico. El caso más dramático fue el de un diplomático sacado de su despacho con camisa de fuerza después de haber informado que en octubre el precio de la lechuga había subido 75%. De nada le valió blandir, mientras era detenido, el recorte del diario que daba cuenta de ese aumento extraordinario de la más humilde de las plantitas comestibles.

¿Cómo explicar, por ejemplo, que el ARA San Juan estaba donde debía estar, muy cerca de donde había desaparecido, y no había sido arrastrado, como se especuló oficialmente, por corrientes marinas a los confines del mundo? ¿Cómo dar cuenta de que tras el hallazgo algunos se animaron a decir que el submarino había sido "plantado" allí por el Gobierno? Pablo Sirvén tuiteó: "De los creadores de 'plantaron el cuerpo de Maldonado ', llega 'plantaron el ARA San Juan'". ¿Cómo informar que la jueza del caso, Marta Yáñez, no está haciendo allanamientos a la Armada o al Ministerio de Defensa, sino amables visitas? No toma declaraciones, sino que charla. Hasta parece que contagiamos a los de la empresa Ocean Infinity, que un día se estaban yendo a Sudáfrica y al día siguiente tenían 67.000 fotos del San Juan.

Hay que ponerse en la piel de esos esforzados escribidores extranjeros que intentan reflejar la realidad argentina. Cuatro chicos "bien" -bien divertidos, bien puestos- quisieron terminar su noche de juerga metiéndose en la quinta de Macri, y unos policías amargados se los llevaron presos. Anarquistas atentaron contra la tumba de un señor que murió hace 110 años. Se suceden huelgas feroces de los gremios aeronáuticos, el personal con los mayores sueldos del país y las condiciones de trabajo más ventajosas. Angelici, presidente de Boca y empresario de bingos, satura la Bombonera de hinchas y le clausuran el estadio; ese señor, que puso en riesgo la seguridad de decenas de miles de personas, es el mismo que opera en nombre de Macri en los más altos niveles de la Justicia (también en los más bajos, en los subsuelos). El juez Carzoglio va a ser juzgado porque tenía que investigar a Pablo Moyano y en los hechos terminó siendo su abogado defensor, una disfunción de roles de origen psicológico, no venal. La misma patología del juez Ordoqui, del Tribunal de Casación bonaerense, que aparece protegiendo a una megabanda. El informe de una de las embajadas hablaba del temor de muchos ciudadanos de caer en manos no de ladrones o secuestradores, sino de ciertos jueces.

Un verdadero intríngulis fue, para los diplomáticos, descifrar las claves de las protestas de esta semana por la creación de la universidad porteña en la que se van a graduar los maestros. Docentes contra la jerarquización de la formación docente no es, claro, una ecuación que se lea fácil. Esa formación está hoy en manos de institutos terciarios y se la quiere llevar a nivel universitario, como hacen los países cuya educación más ha avanzado. Pero los gremios se oponen. Gremios de izquierda que se vuelven conservadores y reaccionarios es otra formulación complicada. Original, novedosa, incluso simpática, hasta que tenés que explicarla. ¿Docentes que se oponen a la creación de una universidad para ellos solitos, que toman escuelas, que se encapuchan y apelan a la violencia? ¿Docentes dispuestos a todo con tal de que no sesione un cuerpo de legisladores? El martes a la noche caminaba por Diagonal Norte cuando me sorprendió una larguísima marcha contra esta iniciativa. La acompañé algunas cuadras, porque estoy seguro de que la ley, aun siendo un gran paso en la dirección correcta, podía ser debatida y mejorada en algunos aspectos. Precisamente, eso se me ocurrió cantarle a Rodríguez Larreta mientras caminaba: "¡Horacio, compadre, la ley no es intocable!". Me salió mal. Maestros y maestras cambiaron el estribillo.

Por suerte, a las embajadas les resultó menos complicado informar sobre la movida opositora para arrebatarle un lugar al Gobierno en el Consejo de la Magistratura. Un reporte decía lo siguiente: está de fiesta el peronismo, que logró meter a cuatro de los suyos, dos diputados y dos senadores; está al borde del suicidio el radicalismo, que se vio sorprendido y perdió el lugar que iba a ocupar Mario Negri; y están públicamente heridos, pero internamente felices, en el Gobierno, porque, además de seguir teniendo la mayoría, dicen que les resulta mucho mejor negociar con peronistas como Pichetto o Graciela Camaño que con los radicales. El informe llevaba un título sugestivo: Alianza PJ-Gobierno, 5; UCR, 0. Y a pie de página consignaba que está prevista para después de la cumbre la llegada del huracán Lilita.

Bienvenidos al país, señores del G-20. Pásenla bien, y no se les ocurra tratar de entendernos.

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