Un área estratégica para la Nación

Por Dante Caputo Para La Nación
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29 de marzo de 2000  

EN buena hora parece instalarse un debate público acerca de la mejor manera de desarrollar nuestra ciencia y tecnología. Esto es positivo en el momento en que, por primera vez en décadas, el programa para desarrollo y financiamiento de la ciencia será considerado a fines de abril por el gabinete nacional. Como es una decisión central, se toma en el centro de las decisiones. Pero, como sucede a menudo, al debate racional se suman expresiones apasionadas, naturales cuando se discuten temas vitales, pero también confusiones, quizás equívocos, que conviene aclarar. Por lo tanto, comencemos por despejar las confusiones, para que el debate sea en torno a posiciones opuestas y no alrededor de equívocos.

No es correcta la afirmación según la cual la ciencia se queda sin presupuesto hasta el 2002. Estamos ejecutando el presupuesto 2000, presentado por el gobierno anterior, y empezamos un cuidadoso trabajo para ver cuánto y cómo se aumentan los recursos del sector.

También es incorrecta la idea de que se desjerarquizó el área en la estructura de la secretaría. Las tres áreas en que está organizada la secretaría a mi cargo -Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Información- tienen igual rango. Además, la propia secretaría ha sido elevada de rango con este gobierno.

Se afirmó, también, que parte del presupuesto de ciencia se traspasó a los programas de Internet. Sin embargo, el área Sociedad de la Información, que incluye Internet, no ha absorbido ningún recurso de los que se destinan a la investigación científica.

También se objetó nuestra política con el supuesto de que se promovería la investigación sobre áreas informáticas en detrimento de otras disciplinas. La informática será prioritaria, cierto, pero dentro del área tecnológica, que es donde está ubicada, no en el ámbito de la investigación científica. Conviene recordar que la Comisión Europea estima que dentro de diez años, uno de cada dos empleos en esa región estará vinculado a la sociedad de la información.

Finalmente, se ha dicho que nuestro enfoque pone en duda la calidad de los investigadores. Personalmente pongo en duda la calidad del sistema que organiza la actividad de los investigadores, no a sus miembros.

Aclaradas estas cinco cuestiones, creo útil hacer algunas precisiones sobre un tema central como es el vínculo entre producción y ciencia. Se objeta la idea de que la investigación sea juzgada por sus aportes a los requerimientos del desarrollo económico e industrial de la Argentina.

Veamos los ejemplos de los Estados Unidos y Francia, interesantes no sólo por la importancia de esos países sino también porque representan dos modos de organización del sistema de investigación totalmente distintos. En 1994 el Congreso norteamericano, preocupado por una presunta pérdida de competitividad de su economía, exigió que el 60 por ciento del presupuesto de la National Science Foundation fuera dirigido hacia proyectos "relevantes para las necesidades nacionales". En un sentido similar, el Centro Nacional de la Investigación Científica de Francia define como su primera misión "lograr el avance de la ciencia y el progreso económico y social de su país". Más cerca aún, Brasil: el Estado apoya la investigación en "cumplimiento de su responsabilidad de promover y estimular la producción de conocimientos necesarios para el desarrollo económico y social".

De manera que no parece exagerado pensar en términos similares para nuestro país. Aún más, pienso que no sólo la ciencia debe ser útil para nuestro desarrollo sino que nuestro desarrollo y bienestar necesitan ciencia y tecnología. En el siglo XXI, la riqueza de las naciones y, en gran medida, su supervivencia dependerán, como nunca antes, de su capacidad para incorporar el conocimiento a su desarrollo.

Como se dijo al comienzo, el gabinete nacional considerará a fines de abril el programa para el desarrollo y financiamiento de la ciencia. Este programa incluye cinco temas: financiamiento, organización, evaluación, prioridades del sistema científico y la relación con las universidades.

En el centro de las decisiones

Partimos del supuesto de que si no aumentamos la inversión en el área no tendremos el tamaño necesario para que nuestra creación científica impacte en el desarrollo de nuestra sociedad, creando más conocimiento y bienestar para sus habitantes. Si eso no sucede, si no alcanzamos la "masa crítica", la sociedad no percibirá ni demandará la ampliación de la actividad científica en la Argentina. Esa masa crítica es indispensable para que haya impacto social, y ese impacto generará una demanda social generalizada para que haya desarrollo sostenido de la ciencia. Si no planteamos este desafío, seguiremos en la penuria de demandar los retazos que nos faltan para cubrir los baches presupuestarios.

Pero esta condición no es suficiente. También es necesario que veamos si la manera en que se organiza el uso de los recursos que vendrán y los que ahora se utilizan es la más apropiada. El tema del financiamiento no debe separarse de la necesidad de mejorar nuestro sistema de investigación construyendo un modelo que combine la estabilidad, que debe ser custodiada, con los subsidios.

Esto nos lleva al tercer tema: la evaluación. Es necesario un sistema nacional de evaluación externa de organizaciones, proyectos e investigadores que mejore el sistema actual y asigne con criterios imparciales y transparentes los nuevos subsidios a la investigación. Sin esa condición, es imposible alcanzar los objetivos de excelencia y sin la legitimidad que da la calidad, la argumentación para dar un salto en el financiamiento de la ciencia se debilita.

A estos temas se agrega la cuestión de las prioridades. Debemos tener una parte de los recursos públicos de investigación orientados con criterios de prioridad, determinados por las ventajas comparativas en una determinada área científica, su impacto en el desarrollo tecnológico y, a su vez, el impacto de éste en la actividad productiva.

Sin embargo, como declaré reiteradamente, hay que evitar que sólo se promueva la investigación que tenga resultados aplicados. Es indispensable cuidar el desarrollo de los campos de investigación que aparentemente no tienen consecuencias productivas. ("La filosofía no sirve para nada excepto para cambiar el mundo".) Las prioridades serán elevadas al gabinete nacional y discutidas en un comité consultivo creado por decisión administrativa del jefe del gabinete, que incluirá ocho investigadores de las diversas disciplinas científicas. Allí iniciaremos una tarea compleja que excederá a ese grupo inicial, para generar en la comunidad científica un debate productivo sobre el destino prioritario de los nuevos recursos.

Por último, es indispensable diseñar los mecanismos para que la investigación y la Universidad estén profundamente vinculadas. Ésta es una condición para elevar el nivel de nuestras universidades utilizando en parte los recursos ya disponibles.

En torno a estos temas se expedirá el gabinete nacional. Allí habremos dado un paso central: asumir en la práctica la voluntad de transformar el sector en un área estratégica para la Argentina. Insisto en que lo hacemos ubicando en el centro de las decisiones una decisión central.

El autor es titular de la Secretaría para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva, dependiente de la Presidencia de la Nación.

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