Un capital que no puede descuidarse

Por Adriana Puiggrós Para LA NACION
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28 de agosto de 2001  

En medio de graves dificultades económicas y sociales, la Argentina debe replantear su rumbo, en momentos en que un exponente esencial de la crisis es justamente la dificultad para encontrar soluciones con una perspectiva sustentable. Ninguna propuesta para salir de la recesión es viable si solo se consideran los plazos del día siguiente y se desconoce una estrategia que permita hacer al país viable en los años venideros. Solo puede ser considerada como una solución aquella que active los dispositivos cruciales de la producción material y cultural.

Analizando los confines de la situación que atravesamos, un periodista nos ha dicho "no se puede destruirlo todo"; un eminente investigador alegó con desesperación "mantengan vivos los núcleos vitales del sistema científico tecnológico nacional"; un destacado científico social agregó que esos núcleos contienen gran parte del capital simbólico de nuestra sociedad. Perderlos sería equivalente a renunciar a la existencia de la Argentina.

El país comenzó a acumular capital científico tecnológico desde que Manuel Belgrano fundó la Escuela de Minería. En medio de casi dos siglos de historia turbulenta, dolorosa, la Argentina produjo tres Premios Nobel en Ciencia a la vez que, en los períodos de expansión productiva, vinculó investigación y desarrollo. Fundó, entre otras, industrias como la agroalimentaria, la metal mecánica, la energética, o la biotecnológica y produjo científicos sociales de primer nivel internacional. El corazón de ese capital sigue latiendo: este año la prestigiosa fundación John Simon Guggenheim, adjudicó a investigadores argentinos veinte de cuarenta y ocho becas (sobre un total de 516 postulantes) en su llamado anual para latinoamericanos. Pero la retención en el país y la reproducción de ese capital intelectual requiere de una inversión continuada y suficiente en educación básica y superior, y de actividad pública y privada en investigación y desarrollo. Por otra parte es muy importante comprender que el acervo científico tecnológico argentino no se compone sólo de cerebros, y que estos no pueden desarrollar su actividad sin el funcionamiento de instituciones destinadas a la investigación. El Sistema Científico Tecnológico del Estado Nacional, contiene la mayor parte de ese capital.

Actualmente, el sistema científico tecnológico y de innovación productiva (CTIP) constituye un aspecto estructural de todo Estado relativamente autónomo (aún en los ambiguos términos que el proceso de globalización impone a ese concepto). Nuestra sociedad, para llegar a ser realmente "emergente", necesita modernizar y mejorar la eficiencia de los organismos de investigación y desarrollo, deteniendo la continua pérdida de su masa crítica, aumentando los recursos y reorientándolos hacia áreas estratégicas, en lugar de disminuirlos con un simple criterio de caja. En el año 2001 la inversión del Gobierno en CTIP fue el 1,6 por ciento del presupuesto nacional, lo cual incluye al personal científico, tecnológico y de apoyo de todos los organismos del área, los gastos operativos y el incentivo a la investigación para los docentes de las universidades nacionales. La inversión pública nacional, en relación con el PBI, fue este año del 0,23 por ciento, la pública total (Nación y provincias), 0,34 por ciento y la inversión consolidada (pública + privada) cerca del 0,40 por ciento del PBI. El esfuerzo mayor lo está haciendo el gobierno nacional. Es necesario que lo multiplique para producir el efecto de propulsión necesario para generar suficiente esfuerzo provincial y privado.

Producción científica

Estamos pidiendo más fondos para investigación y desarrollo en el momento más difícil de la recesión que azota a nuestro país. Es porque estamos convencidos de que extraer fondos para pagar la deuda externa de una de las principales fuentes de recursos del país es un magro negocio, incluso para los más insensibles acreedores, en tanto invertir en producción de conocimiento es una fuente segura de nuevos y genuinos recursos en el corto término y una fuente de seguridad económica y social en tiempos mediatos.

Es necesario destacarlo: la Argentina cuenta con una capacidad de producción científico tecnológica buena y, en algunos rubros, de excelencia, que contiene toda la capacidad necesaria para agregar valor a los productos y activar fuertemente el comercio exterior. Los 22 organismos nacionales de Ciencia y Tecnología y los que pertenecen a las universidades ejercen la conexión (tantas veces reclamada) de los científicos con las empresas, el sistema de salud, los servicios de comunicaciones, y otros componentes básicos de la sociedad. Su deterioro lo es de la circulación del conocimiento en las arterias centrales de la producción material y cultural del país pero también de la región.

La importancia de contar con una estrategia prospectiva para los países del Mercosur, quedó demostrada en el reciente acuerdo firmado entre la Secretaría de Ciencia y Técnica del Ministerio de Educación de la Nación y el Ministerio de Ciencia y Técnica de Brasil. Se acordó trabajar en conjunto en bioseguridad, climatología, hidrología, química, tecnologías limpias, aftosa e investigación en problemas demográficos, de empleo y cuestiones lingüísticas, entre otras.

Brasil acaba de realizar una fuerte apuesta en investigación y desarrollo elevando al doble la inversión pública, mediante la aplicación de un impuesto a los entes reguladores de las empresas privatizadas y el establecimiento de 10 fondos estratégicos para investigación. En el caso de Argentina, la Secretaría de Tecnología, Ciencia e Innovación Productiva ha programado la inversión de fondos de recupero (de crédito fiscal y préstamos a Pyme) en cuatro programas estratégicos, mediante un concurso público para su adjudicación a distintas entidades públicas y privadas. Sostener y ampliar el acuerdo con Brasil, país que crecerá en CTIP en progresión geométrica, es vital para el desarrollo argentino. Para cumplirlo, así como para atender la sostenida demanda externa de investigaciones y desarrollos que se producen en la Argentina, es indispensable sostener y estimular nuestro sistema CTIP.

La autora es secretaria para la Tecnología, la Ciencia y la Innovación Productiva.

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