Un circuito de cultura off. Leer y pensar en común

Grupos de lectura, cine, filosofía y ciencia pueblan la ciudad de espacios donde el arte y las ideas se construyen entre todos
Joaquín Sánchez
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19 de julio de 2015  

Ilustración: Alejandro Agdamus
Ilustración: Alejandro Agdamus

"Para decirlo en pocas palabras, en Buenos Aires tenemos la tendencia al encuentro en un bar." Así empieza uno de los poemas más celebrados de Fernando Bogado (celebrado, claro, en el circuito off que celebra estas cosas). Dice que en su ciudad se ama tan desesperadamente que jugamos a la indiferencia para no salir heridos. Y cada vez que lo lee en público, en su ciclo de poesía (el Tercer Jueves) o en los variados eventos a los que lo invitan, los asistentes hacen una mueca de comprensión tierna.

También tenemos la tendencia a hablar con nostalgia del tiempo en que las personas se reunían en tertulias para discutir sobre cualquier cosa, y añoramos los bares antiguos, los mozos de uniforme y las peleas acaloradas sobre poesía. Lo curioso, en todo caso, es que extrañamos cosas que no hemos perdido. Y tal vez ahí radica el reaseguro por el cual los encuentros culturales siguen floreciendo. Pudo haberlo imaginado Italo Calvino en Las ciudades invisibles: una metrópolis en la que todas las noches los habitantes pueden concurrir a un evento artístico que cambia el paradigma de la cultura para siempre, hasta que al día siguiente asisten a otro que cambia el paradigma de la cultura para siempre, y así día tras día.

Esa ciudad bien podría ser Buenos Aires. Todos los días hay opciones culturales gratuitas y diversas. Juntas conforman algo que podríamos llamar el "circuito off de la cultura", si es que podemos distinguir entre on y off.

Digamos que por " on" entendemos el recorrido comercial, los eventos oficiales, las manifestaciones culturales que se publicitan tradicionalmente. Espectáculos, charlas o conciertos donde, al finalizar, el protagonista se va por un lado y el público por el otro. El off, en cambio, está atravesado por su opuesto: los límites entre el público y los protagonistas se corren hasta desaparecer. Un músico hace sonar su trompeta y, al terminar, baja un peldaño y recibe una respuesta inmediata. Así por ejemplo sucede todos los lunes a partir de las 23 en las Jam Sessions de La Biblioteca Café (Marcelo T. de Alvear 1155): llegan músicos que no se conocen, improvisan una banda y tocan; luego cambian los integrantes, se acoplan sobre la marcha y prueban nuevos sonidos. El público escucha, opina, propone combinaciones de músicos y cerca de las dos de la madrugada se va para su casa. Es el diálogo del jazz, donde escuchar nuevos sonidos es un modo de discusión.

En el cine por otro lado se puede aprovechar el ciclo "Te cuento mi película", organizado por el Fondo Nacional de las Artes en La Casa de la Cultura. Allí, dos jueves por mes, un invitado del mundo de la cultura elije su película favorita y la presenta. Luego se proyecta el film. Por ahí ya pasaron, entre otros, Edgardo Cozarinsky, Fabián Casas y Daniel Link, y se espera a Santiago Mitre, Sergio Chejfec, Marcelo Cohen, Alan Pauls y Vera Fogwill. Es una de las mejores maneras de ver cine: la discutida, la que no cae en el viejo precepto esnob: "Debe ser una gran película, porque no entendí nada".

La caverna compartida

Si del mundo de las ideas se trata, Buenos Aires también tiene encuentros de filosofía para ofrecer. Una de las opciones con mayor trayectoria y despliegue es "El seminario de los jueves". Mítico para muchos, es un encuentro semanal -los jueves, obviamente- donde se discuten autores y filósofos. Fue creado en 1984 por Tomás Abraham con la idea juntarse con distintos docentes a estudiar en conjunto no sólo los materiales de las cátedras, sino también temas que se eligen anualmente. "Desde ese día hasta hoy el seminario se compone de unas cuarenta personas de todos los oficios y profesiones -arquitectos, artistas plásticos, estudiantes, ingenieros, pilotos de aviación, empleados de videoclub, profesores de filosofía, psicoanalistas, novelistas- que aprendieron con nosotros a estudiar y escribir temas filosóficos. La forma seminario es la que se adoptó desde el inicio. Se trata de que cada uno ofrezca una conferencia de una hora y cuarto sobre el tema elegido, y que haya una discusión posterior de no más de media hora", cuenta Abraham.

"No hay antecedentes en ningún lugar del mundo de un grupo de aficionados a la filosofía heterogéneo, sin condicionamientos de ninguna especie, parainstitucional, paracultural y libertario, que lleve a cabo este tipo de actividades, que ya tiene 31 años de vida. Los temas han sido variados y cambiantes. Este año nos dedicamos a la obra de Franz Kafka, el año anterior a la de Shakespeare. Cada ciclo tiene unas treinta conferencias, en las que rodeando una mesa larga los seminaristas disfrutan de su bodega propia y voluntaria", agrega. En sus palabras, la filosofía es un pensamiento activo que exige compromiso, concentración, constancia y libertad; pero cree que toda construcción de ideas requiere, por momentos, retirarse del colectivo. "Se estudia en soledad, la relación con el texto es la de un lector con su autor. Luego compartimos nuestro pensamiento elaborado a partir del pensamiento de los otros, con colegas, amigos o confrontando con adversarios. No se puede obviar el trabajo de lectura personal, delegando el mismo en otros. La filosofía no se escucha ni se conversa; se estudia, se escribe, y se trasmite".

En literatura, el mundo de eventos es aún más amplio, algunos con trayectoria propia. Es el caso del legendario Grupo Alejandría (organizado por Clara Anich, Edgardo Scott, Yair Magrino, Nicolás Hochman y Paula Casal), que empezó en 2004 y nunca se detuvo. En él leyeron personalidades como Leónidas Lamborghini al lado de jóvenes escritores que bien pueden continuar en el anonimato. Hoy los encuentros son bimensuales y se llevan a cabo en la Fundación Tomás Eloy Martínez. Leen cuatro autores, sortean libros al final, y el clima es de un respeto inaudito. Mientras en los circuitos más jóvenes no se puede escapar al ruido, acá realmente parece que la gente va a escuchar.

El grupo Carne Argentina surgió un año después de Alejandría. Conformado por los escritores Selva Almada, Julián López y Alejandra Zina, es un espacio que también fue mutando con los años, pero la consigna es simple: invitar a escritores conocidos y desconocidos a leer. Desde sus inicios hasta hoy pasaron más de 250 invitados. Diana Bellessi, Gabriela Cabezón Cámara, Leonardo Oyola, Leo Maslíah, Sylvia Molloy o Ramón Ayala fueron algunos de los que leyeron. Julián López dice que la avidez por escuchar la voz de quien cuenta estuvo siempre. "A la gente le gusta que le lean. Le gusta ver a los escritores leyendo sus textos. No es sólo que vienen a conocerlos, eso también pasa, hay fans y todo, pero en general lo que la gente disfruta es de escuchar que le lean", explica. Según él, el circuito on tiene eventos de literatura, en general mesas en las que invitan al escritor a hacer de escritor. Los eventos como estos, en tribu, siempre apuntan a cierta gratuidad, en la entrada y en la motivación.

Miguel de Unamuno escribe en el prólogo de Niebla que hay dos posibilidades de ser generoso con otros escritores: o un autor reconocido prologa el libro de un autor nuevo, otorgándole así prestigio, o un autor desconocido prologa un texto de un autor conocido, y así se hace conocido él mismo. Ésa es un poco la premisa de los ciclos Carne Argentina y Alejandría: invitan a algunos autores de renombre y otros desconocidos, y los hacen compartir la mesa.

Otros ciclos más jóvenes en cambio apuestan a la novedad sin trucos. Rumiar, por ejemplo, organizado por Gaby Larralde y Caro Giollo desde hace dos años, que se reúne los jueves una vez por mes, tiene la intención de dar lugar a poetas nacidos del 80 para acá. Los autores, en general, toman esta instancia como una corrección más, una prueba antes de librarse del poema. "En el Rumiar, cuando se baja un o una poeta alguien siempre se acerca, le comenta algo que le gustó, algo que no entendió, algo que le remite a otra obra, poema, pintura, película, o a un vecino... Creemos que la literatura es un acto individual pero de construcción social, entonces entendemos el espacio como un lugar de construcción", explica Larralde ( www.facebook.com.ar/rumiarbuenosaires).

La ciencia también discute

Emiliano Chamorro es uno de los creadores del Instituto Baikal. Desde 2011, se junta con un grupo de especialistas en distintas disciplinas a conversar. Así se formó la dinámica del grupo. Hoy es una marca registrada de la ciencia de código abierto, por decirlo de algún modo, aquella que comparte a información sin recelo. En los encuentros del Baikal, sin regularidad fija, lo único que se requiere es conocimiento. Alexis Caporale, uno de sus integrantes, que se define como "bajo ningún punto de vista el más experto del grupo en nada", trata de explicar los encuentros: "La definición es un poco abstracta. «Celebrando las ideas de la humanidad» es una de ellas. No tiene una explicación que cierre. En este punto prefiero no encasillarlo en nada. Es como definir con palabras de la física clásica a los fenómenos de la física cuántica".

¿De qué se trata entonces? De gente que es capaz de decir esa frase y entenderla. Pero no sólo eso, también hay artistas, emprendedores, "gente a la que no le importa qué es un electron". Algunos de sus miembros son Diego Golombek, Melina Furman, Gerry Garbulsky, Santiago Bilinkis, Narda Lepes, el mismo Chamorro y muchos más. Hay cerca de 150 participantes aunque no siempre están todos en las reuniones. Sin embargo, siempre hay más de uno. Pareciera ser el único propósito de la cultura: generar códigos comunes, entender el mundo en un colectivo, pensar una vez más que, como decía Rimbaud, "yo es otro".

Podría decirlo así y jugar al poeta de las cosas simples: mientras la cultura oficial viaja en taxi, cada pasajero por su lado, la cultura emergente lo hace siempre en colectivo. Podría decirlo así, pero mejor pensarlo entre todos.

Cine

Te cuento mi película. Proyecciones de películas elegidas y presentadas por personalidades de la cultura. El próximo jueves, Santiago Mitre presenta Europa 51. Casa de la Cultura - FNA. Rufino de Elizalde 2831. Una vez por mes, los jueves a las 19.

Filosofía

El seminario de los jueves. Encuentros semanales abiertos para la discusión de autores y filósofos, coordinado por Tomás Abraham, con una temática elegida. Este año es la obra de Kafka. El Panal 361 (Jean Jaures 361). Todos los jueves a las 20.30.

Ciencia

Instituto Baikal. Charlas sobre ciencia, sin regularidad fija, para "celebrar las ideas de la humanidad", con público diverso, entre científicos, emprendedores y legos. En Palermo, de manera irregular, los martes a las 18.30 ( https://www.facebook.com/InstitutoBaikal)

Literatura

Carne argentina. Lecturas de poesía y narrativa, desde 2005, por las que ya pasaron unos 250 escritores.El último encuentro fue en Gascón 104, y todavía no tienen nueva sede. Los domingos, de manera bimensual ( https://facebook.com/ciclocarne.argentina)

Literatura

Grupo Alejandría. Lectura de narrativa, que funciona sin pausa desde 2004, con encuentros bimensuales donde participan escritores consagrados y principiantes. Fundación Tomás Eloy Martínez (Carlos Calvo 4319). Los martes cada dos meses ( http://elgrupoalejandria.blogspot.com.ar/)

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