Un Davos para la seguridad jurídica

Santiago Legarre Para LA NACION
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18 de diciembre de 2009  

VIENA.- Días atrás, 325 personas de 86 países distintos nos reunimos en la capital de Austria. El motivo: conversar acerca de cómo confeccionar un índice para medir el rule of law en todo el mundo. Esta expresión inglesa es harto difícil de traducir al castellano, acaso porque no tengamos siquiera el concepto en nuestras latitudes, y tampoco, por consiguiente, una palabra equivalente. "Estado de Derecho" captura algo del significado. "Seguridad jurídica" resuena con más familiaridad y precisión en nuestros oídos, y tal vez sirva mejor, dadas las finalidades del rule of law index .

La idea es simple y atractiva: si soy un inversor, digamos estadounidense, que quiere decidir si comenzar un negocio en Sierra Leona, Nepal, República Checa o la Argentina (por poner algunos ejemplos disímiles), me va a interesar saber cuál es el nivel de respeto de la ley, de cumplimiento de los contratos y de acatamiento de las sentencias en cada uno de esos países. Eso es lo que medirá el índice que se debatió en Viena, el cual pretende implícitamente emular otras mediciones ya existentes: de pobreza, corrupción o riesgo país.

La iniciativa, conocida como World Justice Project, surgió originalmente de la American Bar Association, una poderosa ONG con asiento en Chicago y Washington, que reúne a cuatrocientos mil abogados estadounidenses, a la vez que supervisa y acredita todas las facultades de derecho de ese país.

Pero a partir de este año, el ex presidente de la American Bar Association, William H. Neukom -principal impulsor del proyecto- orquestó la independización del World Justice Project, y lo constituyó con un presupuesto propio de dos millones de dólares para dos años, con apoyo de la Fundación Bill & Melinda Gates y de la empresa Walmart, entre otros significativos patrocinadores.

De esta manera, el World Justice Project busca liberar el naciente índice de seguridad jurídica de posibles sospechas de americanismo. Aunque, en verdad, las sospechas parecen absurdas: el primer interesado en que el índice sea fiel es el propio inversor, incluido el inversor norteamericano.

En Viena se confirmó el criterio de hacer girar el rule of law index sobre algunos pilares: respeto por los derechos fundamentales, leyes estables, acceso a la justicia, procesos eficientes y gobierno responsable (accountable government : otra expresión sin equivalente vernáculo, como apuntaba Alvaro Herrero, uno de los cuatro argentinos participantes del foro vienés).

Parte de la actividad era grupal, con divisiones por disciplina durante la mañana y por región durante la tarde. Se dieron cita diecisiete disciplinas distintas, desde la matemática hasta la medicina, pasando por la ingeniería mecánica y la ciencia política.

En cuanto a las reuniones por región, América latina tenía una representación pequeña pero variada.

Se comentaron las iniciativas más recientes llevadas a cabo en nuestros respectivos países para fortalecer el conocimiento de los principios del Estado de Derecho. Y se propusieron algunos proyectos con esa misma finalidad, con miras a su posible financiación por el World Justice Project.

En la sesión final, se hizo presente sorpresivamente (al menos así lo fue para los asistentes) el embajador de los Estados Unidos en Austria, quien pronunció unas palabras para la ocasión.

Me pareció una nota importante como para marcar la entidad del evento, como también la calidad y diversidad de los oradores principales: entre otros, el ex presidente de Rumania, Emil Constantinescu; la ex presidenta de la Corte Suprema de Brasil, Ellen Northfleet, y el ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Pedro Nikken, de Venezuela.

En suma, este nuevo Congreso de Viena sentó las bases para ofrecerle al mundo una herramienta adicional: un índice que pretende servir a inversores preocupados por la seguridad jurídica, pero también a gobernantes deseosos de hacer mejor los deberes y a ciudadanos deseosos de controlar mejor a quienes transitan por el poder.

Los escépticos tendrán una oportunidad para renovar sus críticas a este tipo de mediciones.

Los esperanzados y también los ignorantes tendremos una ocasión de encender otra ilusión con miras a un mundo donde el derecho brille por su presencia. © LA NACION

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