Un desafío: refundar el vínculo social

José Ignacio López
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31 de enero de 2000  

"El acontecimiento es la gran palabra que queremos decirle al pueblo argentino." Con esa comprometedora expresión, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor Estanislao Karlic, se refirió hace algunos días al Encuentro Eucarístico Nacional, que se realizará en Córdoba entre el 8 y el 10 de septiembre como celebración central en la Argentina del Gran Jubileo por los 2000 años del nacimiento de Jesús. La convocatoria a ese encuentro fue formulada por los obispos argentinos al término de su última deliberación de 1999, días antes de Navidad, en vísperas de lo que fue la apertura de la celebración jubilar: la multitudinaria misa celebrada en el Obelisco.

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La invitación fue dirigida a "todo el Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad" para manifestar en el encuentro de Córdoba "nuestra fe en Jesucristo Vivo y reconocerlo al partir el Pan", fórmula esta última que se ha convertido en el lema y subraya el carácter eucarístico del acontecimiento. "Los invitamos -dijeron los obispos- a vivir una experiencia de comunión gozosa con Dios, de fraternidad y reconciliación entre todos, con apertura ecuménica, como un modo de glorificar a la Santísima Trinidad y de dignificar al hombre en estos tiempos en los que se sigue anhelando la justicia tan largamente esperada, y contribuir así a restablecer el vínculo social y político nacional."

El desafío no es menor para una comunidad católica que no siempre encuentra con facilidad fórmulas y procedimientos para expresarse coordinada y armónicamente, para articular lo que se llama una adecuada pastoral de conjunto. Porque se trata, precisamente, de preparar un gran gesto pastoral, un acontecimiento que no sólo renueve la fe de los cristianos de este tiempo, sino que los comprometa con la interpelante realidad que los circunda cotidianamente.

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Se entiende así el planteo mediante el cual se busca explicar el porqué de la ambiciosa convocatoria episcopal: por la situación de crisis que vive nuestro país en el plano económico, político, social, moral y cultural; por el secularismo que afecta directamente a la fe; por la urgente necesidad de una justicia demasiado largamente esperada; porque se está buscando refundar el vínculo social y político nacional.

Consciente de haber asumido una tarea desbordante -no sólo por los aspectos logísticos que supondrá el encuentro-, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñañez, ha asumido plenamente la organización y prepara la recepción, las misas multitudinarias y los contenidos y desarrollo de lo que pretende que sea un acontecimiento jubilar cargado de sentido de conversión y reconciliación.

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