Reseña: El juego serio, de Hjalmar Söderberg

José María Brindisi
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4 de julio de 2020  • 00:00

Ya el título de esta novela de 1912, El juego serio, que recuerda un oxímoron, escenifica el núcleo, la tensión constante que abruma al protagonista, Arvid Stjärnblom, entre el deseo y la realidad, entre el instinto y la moral, entre lo que debe ser y lo que, a veces fatalmente, es. La obra es, junto a la previa y bastante más oscura Doctor Glas, la más notable del escritor sueco Hjalmar Söderberg (1869-1941).

El juego al que alude el título es el amoroso, con su carácter lúdico y su optimismo irracional, en contraposición a sus consecuencias, al modo en que una serie de actos determina una vida. Desde luego, no solo los actos que se realizan sino, muy en particular, los que se evitan. En ese sentido, aunque no pueda concebírsela estrictamente como un bildungsroman, la secuencia inicial es una asordinada piedra angular de la novela entera, el eslabón que contiene ya todo el conjunto: Arvid es un joven licenciado en filosofía y periodista incipiente que, de visita en la casa de un famoso aunque decadente paisajista, se enamora de su hija Lydia. Durante esas primeras páginas asistimos a sus escarceos, a sus promesas explícitas e implícitas, pero también (Arvid es demasiado pobre todavía y presa del temor a enclaustrarse por el resto de sus días) a la necesidad de esperar. Es esa espera, que en el contexto histórico-social aún resulta para Lydia -una mujer que empieza a alejarse de la veintena- la peligrosa latencia de un destino sombrío, la pieza que desencastra todo el resto.

Cuentista inconstante además de novelista, pero sobre todo autor teatral (de entre sus varias adaptaciones al cine, la más valiosa es la que Carl T. Dreyer hizo de su obra Gertrud), Söderberg utiliza el humor, al igual que sus contemporáneos Italo Svevo y sobre todo Robert Walser, como un elemento que le permite desembocar de manera gradual en el drama, sumergir al lector en él zigzagueando, como haciéndose el desentendido; la mayoría de los personajes secundarios son, en esos pasos de comedia, extraordinarios, como si lo dramático estuviese reservado a los protagonistas, es decir a los únicos que se conocerá en profundidad.

Cercada por algunos episodios medulares de fines del siglo XIX y comienzos del XX, El juego serio es una novela que cuestiona la moralidad -es decir, la hipocresía- todavía férrea de su época, pero lo hace con una gracia que, en su amargura residual, solo puede tomar desprevenido a quien la lee.

EL JUEGO SERIO

Hjalmar Söderberg

Nórdica

Trad.: Neila García Salgado

272 págs./ $1900

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