Un enemigo común

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
Ante la cuestión nuclear iraní, se ha conformado una extraña pareja, la de Israel y Arabia Saudita
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27 de noviembre de 2013  • 01:26

La buena noticia es que finalmente hay acuerdo entre la comunidad internacional e Irán respecto del preocupante programa nuclear de la teocracia. La empresa no era fácil. No obtante, se coronó, en Ginebra, con buen éxito. Por seis meses solamente, el programa nuclear iraní quedará esencialmente congelado. Incluyendo el reactor de Arak, capaz de producir plutonio para armas nucleares. Irán, por lo demás, no enriquecerá uranio por encima de los niveles del 5% y ha accedido a una progresiva neutralización de sus inventarios de uranio enriquecido al 20%. Para esto, entre otras cosas, desconectará los lazos entre sus distintas instalaciones de centrifugación. A cambio, un levantamiento progresivo de las sanciones y embargos a Irán y una inyección inmediata de 4,2 billones de dólares.

Para la paz y seguridad internacionales, un paso adelante de enorme importancia. No obstante, parece obvio que en torno a Irán y a sus conflictos queda mucho por hacer -durante el próximo semestre- antes de contar con un acuerdo final que genere tranquilidad.

Hay acuerdo entre la comunidad internacional e Irán respecto del preocupante programa nuclear de la teocracia. La empresa no era fácil

El martes de la semana pasada explotaron -casi simultáneamente- dos bombas ante la embajada de Irán en Beirut. El atentado ocurrió en el sector sur de esa ciudad. En el barrio de Bir Hassan, en la zona controlada por el movimiento Hezbollah. Uno de los explosivos fue transportado por un suicida "sunni" que intentó entrar -en motocicleta- al edificio de tres pisos de la embajada iraní. El otro, por un fatídico coche bomba, que voló por los aires.

Como consecuencia, 23 cadáveres. Entre ellos, el de un diplomático iraní que se desempeñaba como agregado cultural de la misión en Beirut. Además, unas 150 personas resultaron heridas. Casi en el acto, las llamadas "Brigadas Abdullah Azzam" (un grupo terrorista libanés afiliado a Al-Qaeda) asumieron públicamente la responsabilidad por haber cometido el atentado. No obstante, tanto Siria como Irán y Hezbollah, denunciaron -inmediatamente- que detrás del mismo estaban Israel y Arabia Saudita.

Como es habitual entre los rivales regionales, existe la posibilidad de una respuesta sangrienta. Esto es, de un atentado vengativo. No obstante, lo cierto es que el reciente acuerdo de Irán con la comunidad internacional puede, quizás, actuar de freno. Y evitar así una represalia.

Para Irán, lo sucedido en Beirut es parte del alto costo que debe pagar por mantener a flote al régimen de Bashar Assad, en Siria. El que -todavía impunemente- usara el pasado mes de agosto, armas químicas contra su propio pueblo.

La guerra civil en Siria se ha transformado en un conflicto sectario. Entre musulmanes. En Siria y también en el Líbano. Por esto ha quedado desdibujado el acercamiento entre Irán y el mundo árabe, en general, enhebrado por el ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad.

En cambio, se ha producido algo inesperado: la casi unificación del discurso respecto de Irán, entre Arabia Saudita e Israel. Dos países cuyas visiones respecto de la teocracia iraní -por extraño que ello parezca- lucen ahora compartidas, al menos en los temas centrales en materia de seguridad.

Sucede que ambos países desconfían profundamente de la sinceridad de Irán y no creen que sus autoridades renunciarán efectivamente a su objetivo estratégico: el de transformarse en una potencia militar regional dotada de armas nucleares.

Ambos países desconfían profundamente de la sinceridad de Irán y no creen que sus autoridades renunciarán efectivamente a su objetivo estratégico

También recelan, está claro, del nuevo diálogo diplomático entre los Estados Unidos e Irán, nacido después de 34 largos años de desconexión total entre ambos países. En buena medida, porque no son parte del mismo.

El acercamiento entre Israel y Arabia Saudita podría derivar hacia una cercanía operativa entre ambos países. Quizás en materia de asistencia financiera y provisión de armamentos y municiones a los insurgentes sirios. Pero más probablemente hacia compartir información de inteligencia sobre lo que efectivamente sucede en Irán, Siria y el Líbano.

Frente a la realidad del acuerdo interino alcanzado en Ginebra, esta nueva alianza -lejos de disolverse- podría profundizarse.

Además, desde que los militares egipcios que derribaron al gobierno de la Hermandad Musulmana y controlan férreamente a su país están financiados esencialmente por los países del Golfo, ellos también parecen candidatos a incorporarse al grupo anti iraní. Después de todo, estuvieron -por años- relativamente cerca de Israel, hasta que la frustrada primavera egipcia se afincara en su país por un corto rato.

Para Israel, un Irán con armas nucleares es ciertamente un desafío a su existencia. Un riesgo gravísimo, en consecuencia. Por esto Israel no ha renunciado a la posibilidad de un ataque aéreo unilateral para paralizar temporalmente la marcha del programa nuclear iraní. Con los riesgos que ello implica. Ataque que, sin embargo, luce ahora mucho menos probable ante el acuerdo interino alcanzado por la comunidad internacional e Irán sobre su programa nuclear.

Para Arabia Saudita, un Irán con armas nucleares sería también sumamente grave. Porque provocaría una alteración sustancial del equilibrio geopolítico -y religioso- regional. Razón por la cual, podría disparar una "carrera nuclear" en la región. Por esto, lo de Ginebra es clave para la paz.

Israel y Arabia Saudita están galvanizados por la necesidad de enfrentar a un enemigo común. Y por la desconfianza de ambos países respecto del esfuerzo de la comunidad internacional por alcanzar un acuerdo interino con Irán sobre su programa nuclear, en el que no creen. Tanto Israel como Arabia Saudita lo consideran inadecuado y entienden que está inevitablemente destinado a ser violado por Irán. Como ha sucedido hasta ahora, reiteradamente.

Por esto quizás no deba sorprender que Qatar haya vuelto a permitir que en su país opere nuevamente una oficina comercial del Estado de Israel. La misma que fuera cerrada luego de que, a fines de 2008, Israel atacara a la zona de Gaza. Ni que, pese a que los israelíes no puedan todavía usar sus pasaportes nacionales para entrar y circular por el mundo árabe, las conferencias y torneos deportivos con participación israelí hayan crecido mucho, en número, en los últimos meses.

Tanto para los israelíes, como para los sauditas, no es imposible que Irán tenga en marcha un nuevo proyecto secreto para producir armas nucleares. Subrepticio, como lo fueran en su momento el centro subterráneo de enriquecimiento de uranio en Fordow, cercano a Qom. Así como las instalaciones de enriquecimiento de la ciudad de Natanz. O el centro de investigación y desarrollo de Kalaye. Todos ellos, cabe recordar, fueron proyectos clandestinos que, no obstante, avanzaron en el mayor secreto. Hoy son realidades tangibles que, por su peligrosidad, deben ser controladas.

Hay rumores que sugieren que, bajo la mesa, habría un entramado de túneles construido en las entrañas de las montañas linderas con la ciudad de Mobarekeh, donde se estaría conformando otro centro iraní de enriquecimiento de uranio, aún no denunciado a la comunidad internacional. Irán niega -altiva y terminantemente- estas acusaciones. Como es su costumbre. El tiempo dirá dónde está la verdad.

A menos que el acuerdo final entre la comunidad internacional e Irán contenga amplias facultades de inspección, control y vigilancia -que deberían ser conferidas a la Agencia Internacional de Energía Atómica- el riesgo que se corre haciendo de pronto fe en Irán es -para quienes alimentan esas sospechas- significativo. Lo cierto es que esas facultades todavía no se han obtenido y que, más aún, parece dudoso que se obtengan en el futuro. Por esto, el capítulo del control, vigilancia y verificación del cumplimiento de lo acordado con Irán podría ser el Talón de Aquiles del arreglo interino.

Para un debilitado Barack Obama, un triunfo en el frente externo. Para Irán, la imperiosa necesidad de construir confianza en los próximos seis meses

Lo curioso es que -ante la cuestión nuclear iraní- se ha conformado una "extraña pareja", la de Israel y Arabia Saudita. Unidos. Por una profunda desconfianza compartida respecto de la sinceridad de Irán y por el desencanto con la política exterior de los Estados Unidos en Medio Oriente. Todo un cambio.

Para un debilitado Barack Obama, un triunfo en el frente externo. Para Irán, la imperiosa necesidad de construir confianza en los próximos seis meses. Para el presidente Hassan Rohani, una victoria política sobre los clérigos de "línea dura". Para Medio Oriente todo, una luz de esperanza. Para las partes, la necesidad de trabajar -codo a codo- de modo de edificar, con realismo, el acuerdo permanente que deberá, en seis meses, reemplazar al interino ya alcanzado y documentado en el "Plan de Acción Conjunta", de cuatro tensas páginas.

Los temas abiertos son de alta complejidad. Entre otros, ¿cómo evitar los desbordes en el programa iraní de enriquecimiento de uranio? ¿Qué hacer con el reactor de Arak, cuya construcción se ha paralizado provisoriamente? ¿Cómo desarmar progresivamente las sanciones aún vigentes contra Irán? Los obstáculos son, es cierto, de altísima complejidad. Pero los indispensables primeros pasos para superarlos han quedado atrás, con resultados positivos.

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