Un gobierno de guapos

Tato Young
Tato Young PARA LA NACION
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12 de mayo de 2020  • 11:32

Si los escuchara un extraterrestre recién llegado, pensaría que el mundo nos envidia. Los gringos, los sudamericanos, los europeos en general, los suecos en particular, y sobre todo aquellos enemigos invisibles que acechan por todos lados.

Desde que se terminó el consenso absoluto de la cuarentena, Alberto y Axel , Presidente y Gobernador, se calzaron el traje de guapos que tan bien suele calzarle al corazoncito argento . Puños cerrados, discursos de barricada, cara de enojados o de agrandados, según demande la prédica. No me van a correr, dicen casi en simultáneo. Y los supuestos enemigos deberían temblar.

Empezó Alberto, hace unas semanas, cuando criticó a los chilenos por su nivel de infectados, ignorando que Chile había comprado cientos de miles de test -de buena calidad- mucho antes que Argentina, y que ante la crisis inyectaron cinco o seis veces más de fondos públicos para rescatar a la economía. Alberto cuestionó también a Estados Unidos por las pérdidas de millones de empleos. Es cierto que nadie sensato se atrevería a defender las políticas de Donald Trump frente a la pandemia, pero todos sabemos que su país saldrá de todo esto con una velocidad, en comparación, inaudita para nuestras pampas.

Y ahora el colmo, los suecos. Para defender su cuarentena -que se discute solo en matices- Alberto se jactó de tener menos fallecidos que Suecia , país modelo que tuvo que lamentar hasta ahora poco más de 3000 muertos. Doble error no forzado. El primero: no parece apropiado compararse con los mejores, al menos cuando uno está tan lejos . Suecia es uno de los países con mejor calidad de vida del planeta, mientras que nosotros tenemos 45 por ciento de pobres. El segundo error es tal vez más peligroso, porque Argentina recién está ingresando en la pandemia y aún no podemos saber cómo vamos a terminar nuestro partido . No hace falta aclarárselo al Presidente, porque es futbolero, pero va igual: los goles recién se gritan cuando la pelota toca la red .

Se han sumado en estas horas los gestos de Axel. Con el mismo tono bravucón con el que encaró la negociación de la deuda provincial -por cierto fallida-, alimenta ahora el fantasma de generadores de climas adversos, de enemigos que le quieren hacer torcer el rumbo. Alberto lo acompaña en esta gesta invisible, aunque no lo lidera.

Hay que reconocer que ambos recorren el camino de una gran tradición nacional. Para no ir tan lejos, recordemos que Cristina les recomendó a los gringos, nada menos que en la sede de las Naciones Unidas, que no se comieran el cuento de los temibles asesinos del ISIS porque eran un truco publicitario.

Lo que hay, otra vez, es una afición por la riña. Que si tenemos más o menos muertos. Que si sufrimos menos que los demás. Que el éxito es de los argentinos o de nadie. Los guapos de hoy gritan y muestran sus armas afiladas . Creen que su poder está en la gestualidad de la parada. Que se reivindican frente al enemigo de turno. Que valen lo que el brillo de la luna en el filo del cuchillo.

Acaso convenga recordar que las viejas fórmulas no son las más convenientes para este nuevo mundo. Como enseña un conocido cuento, los guapos se terminaron cuando se inventó la pólvora.

Por: Tato Young
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