¿Un nuevo Estado de Patagonia?

Por Armando Alonso Piñeiro Para LA NACION
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4 de septiembre de 2002  

A fines de agosto la prensa argentina se hizo eco de una nota aparecida en The New York Times , que especulaba sobre la eventual independencia de la Patagonia. Esto dividiría nuestro país en dos naciones: la Argentina propiamente dicha y una fantasiosa República Patagónica.

La información afirma basarse en la preocupación de fuentes internas de nuestro país sobre este tema, pero destila un tufillo de origen extranjero, más precisamente de intereses económicos y geopolíticos del exterior, al insinuarse la posibilidad de establecer una base militar norteamericana en Tierra del Fuego y abandonar la reserva de derechos soberanos en la Antártida Argentina (de aquí a abjurar el dominio de otros territorios hay un solo paso), todo ello sobre el supuesto de aliviar considerablemente la deuda externa.

Como si fuera una consecuencia del estado general alarmante de nuestro país, no es la primera vez que se publican hipótesis como ésta. Ya en febrero de este año un importante periódico madrileño se hacía eco de la posibilidad de disolución nacional, si bien no con argumentos tan inquietantes como los desarrollados por el diario neoyorquino.

Desintegración imposible

Si se analiza el problema desde el punto de vista constitucional, es fácil advertir que varios artículos de la Carta Magna convierten en imposible la desintegración de la Argentina mediante la creación de dos Estados independientes. El artículo 13 dice textualmente: "Podrán admitirse nuevas provincias en la Nación, pero no podrá erigirse una provincia en el territorio de otra u otras, ni de varias formarse una sola, sin el consentimiento de la Legislatura de las provincias interesadas y del Congreso". Por cristalina analogía, si no se puede crear una provincia en el territorio de otra, menos podrá enarbolarse una escisión que conforme otra república.

En concordancia con esta disposición, el artículo 45 considera "distritos electorales de un solo Estado" a las provincias y la ciudad de Buenos Aires. De un solo Estado ya constituido, no de un Estado ya constituido y de otro en imaginaria fundación.

Todo intento de definir nuevos límites provinciales o de crear otras provincias -va de suyo que no de constituir otro Estado- le corresponde, de todos modos, al Congreso de la Nación, según el artículo 75, inciso 15. Las provincias, a mayor abundamiento, conservan sus poderes, pero no los concernientes al gobierno federal, de lo que da fe el artículo 121.

Ahora bien, el Preámbulo constitucional aclara perfectamente que "los representantes del pueblo [...] reunidos [...] con el objeto de constituir la unión nacional...". Aunque parezca una perogrullada, el solemne párrafo liminar postula la unión nacional, no la desunión o la escisión. El artículo 5, por su parte, obliga a las provincias a respetar "los principios, declaraciones y garantías de la Constitución Nacional", en otra vuelta de tuerca concordante con los postulados anteriores.

Derechos soberanos

Quienes desde adentro o desde el exterior de la República intenten subvertir las instituciones consolidadas sin la expresa y previa autorización del Congreso deberán enfrentarse con el artículo 22: "Toda fuerza armada o reunión de personas que se atribuya los derechos del pueblo y peticione a nombre de éste comete delito de sedición".

La Constitución es ley suprema de la Nación (artículo 31). Y por último, con respecto a la hipótesis ya apuntada de abandonar la reserva de derechos soberanos en la Antártida o cualquier otro territorio, la Disposición Transitoria Primera señala de manera incontestable: "LA NACION Argentina ratifica su legítima e imprescriptible soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos e insulares correspondientes, por ser parte integrante del territorio nacional".

En suma: nada de lo anunciado en estos días puede realizarse sin resoluciones específicas del Congreso de la Nación. ¿Y quién o quiénes se animarían a reformar la Constitución y aceptar tan extravagantes propuestas sin incurrir en otra letal condena constitucional, la de "infames traidores a la Patria" ?

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