Un pedido que sigue en pie

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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23 de abril de 2004  

El segundo capítulo de la serie de movilizaciones en demanda de seguridad y justicia arrancó anoche con otro éxito resonante. Pese al plan de seguridad anunciado con bombos y platillos por el gobierno nacional el lunes último, el reclamo ciudadano continúa en pie.

Algunos hombres del Gobierno no han ocultado cierto nerviosismo. Les cuesta entender que la reacción de la sociedad haya partido de un sector, como las clases medias urbanas, en el que Néstor Kirchner creía basar su estructura de poder.

Ese nerviosismo tal vez no sea del todo justificado a juicio de algunos analistas de opinión pública. Estos coinciden básicamente en que las recientes movilizaciones no han sido hechas en contra del presidente de la Nación; fueron en contra de un estado de cosas que la gente no identifica necesariamente con la figura de Kirchner, sino con otros aspectos: un Congreso que no trabaja lo suficiente, una Justicia que no funciona y una clase política que se ocupa más de sus mezquinos intereses que de los problemas del ciudadano común. Por supuesto que Kirchner no está indemne, pero esos analistas -como Enrique Zuleta Puceiro- entienden que la sociedad no ve al primer mandatario como la causa del problema, sino como una posible parte de las soluciones.

En contra de esta tesitura, podría citarse una reciente encuesta del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, efectuada entre 1021 porteños desde el 30 de marzo hasta el 17 del actual. Según ese trabajo, en el que se pidió a los encuestados que, a manera de boletín de calificaciones, pusieran un puntaje a Kirchner en distintas áreas, el Presidente obtuvo su peor aplazo en la materia inseguridad: sólo logró un promedio de 2,1 puntos sobre diez posibles. Sus otros aplazos fueron un 2,6 en "relación con los piqueteros"; un 3,4 en "sueldos" y un 3,8 en "desempleo". En el resto de las materias estuvo aprobado, con más de cuatro, al obtener su mejor calificación en "relación con las Fuerzas Armadas y política de derechos humanos": 6,6 puntos de promedio.

A pesar de su flojo desempeño en las áreas mencionadas, el apoyo de la opinión pública a Kirchner se mantiene en niveles elevados. El peligro para su gestión está dado por las demandas mucho más sofisticadas que encabezan los sectores medios.

Las movilizaciones motorizadas por Juan Carlos Blumberg marcaron un punto de inflexión para el Gobierno. Ya no es Kirchner quien impone la agenda; es la ciudadanía la que manda. Ante esta realidad, propia del fin del período de luna de miel -aunque no del matrimonio-, Kirchner por momentos parece resignarse a que se ha iniciado una nueva etapa; pero por momentos, como cuando se enoja con la prensa, expresa su resistencia a que otros le impongan la agenda.

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