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Ideas

Un PJ en ebullición. ¿Hacia dónde van los hijos de Perón?

Laura Serra
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2 de junio de 2019  

A poco más de 70 años de su aparición en la vida política argentina, el peronismo ha logrado mantener vigente su protagonismo y en alza sus banderas fundacionales, hecho que confirma el carácter excepcional de este movimiento: son contados los casos en el mundo en los que un partido de origen carismático ha logrado sobrevivir a la desaparición de su líder. La politóloga y profesora Ana María Mustapic, en su trabajo "Del Partido Peronista al Partido Justicialista: las transformaciones de un partido carismático", ofrece una explicación a este fenómeno peculiar: a su juicio, la clave de la supervivencia del peronismo obedece a la capacidad que tuvieron sus dirigentes de darle organicidad y de dotarlo de un orden sucesorio propio.

Es así como, a lo largo de siete décadas, el peronismo sobrevivió a las proscripciones y a las crisis recurrentes del país al saber adaptarse, de manera camaleónica, a las distintas circunstancias de la coyuntura argentina y entronizarse siempre como una opción real de poder. Las urnas, sin embargo, lo condenaron en 2015 a ejercer el papel de oposición y, desde entonces, no pudo superar la crisis de liderazgo al que lo sumió aquella derrota. Hoy esa crisis le impide coincidir en un candidato único capaz de retomar las riendas del poder bajo el lema "todos unidos triunfaremos".

Así, el peronismo aparece dividido entre quienes reivindican la épica populista del kirchnerismo y los que, por el contrario, proponen sentar al partido sobre carriles democráticos y republicanos. De la mano del gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, el senador Miguel Pichetto y el gobernador de Salta, Juan Urtubey, este "peronismo republicano" busca instalarse en medio de la crispada polarización entre Cambiemos y el kirchnerismo. ¿Qué alcances tiene este "peronismo republicano"? ¿Es un oxímoron, como critican algunos? ¿Es una muestra de la evolución del peronismo? ¿O terminará rendido a los pies del kichnerismo, cediendo al mandato natural de alcanzar el poder como sea?

Tres intelectuales, Graciela Fernández Meijide, exintegrante de la Conadep y referente de los derechos humanos; Luis Tonelli, profesor y analista político; y José "Pepe" Nun, politólogo y exsecretario de Cultura del kirchnerismo -del que se despidió en 2009-, mantuvieron una interesante charla en torno a estos interrogantes en una mesa redonda organizada por la nacion.

-¿Qué es el "peronismo republicano"? ¿Es una etapa más en la metamorfosis de este partido?

Luis Tonelli: En un trabajo, Ernesto Calvo habla de una continuidad del peronismo a partir de la persistencia del voto por parte de los sectores populares. Y Manolo Mora [por Manuel Mora y Araujo] decía, ya en los años 70, que la coalición peronista era una coalición bifronte, como Jano: por un lado estaba el proletariado y su líder carismático, y por el otro estaban esas clases bajas no estructuradas en las provincias y sus caudillos. Con sus diferencias: una cosa son los líderes del Norte que, si bien tienen verdaderos sultanatos a su cargo, integran el peronismo federal que es ahora etiquetado como peronismo republicano. Es algo fantástico. Otra cosa es la coalición conurbana típica, que aglutina un tercio del electorado argentino. Vemos entonces que el peronismo fue virando hacia un movimiento más flexible y plástico. Hay una frase de Bartolomé Mitre que pronunció cuando José de Urquiza dictó la Constitución Nacional en 1853. Mitre se rebeló y sostuvo que esa Constitución es "de hecho", mientras que él proponía una Constitución "de derecho". Hecho y derecho es, de alguna manera, el yin y el yang de la política argentina, el dilema al que se enfrenta ahora este llamado nuevo peronismo.

Graciela Fernández Meijide: Peronismo fue tanto Perón como Menem, Duhalde, Cristina, Schiaretti... pero entre ellos hay matices. Un hecho muy relevante que ocurrió hace pocos días exhibió esos matices: el intento de Alberto Fernández de que la Corte Suprema suspendiera el juicio oral contra Cristina [por la causa de sobreprecios en la obra pública]. Esa maniobra fue frustrada por la sociedad, que reaccionó. Y la Corte retrocedió. El mensaje de la sociedad fue claro. Es la misma sociedad que salió a la calle contra el fallo de la Corte sobre el dos por uno, la que se movilizó tras la muerte del fiscal Nisman, y ahora de nuevo, ante la amenaza de que se suspendiera el juicio contra Cristina. Es una sociedad activa que cada tanto sale a la calle a poner límites. No hay partido político que realmente aspire al poder que no deba tomar esto en cuenta. Sobre todo el peronismo, un peronismo que implosionó y que ya no tiene más sujeto social. Antes era el proletariado. ¿Adonde está hoy el proletariado? ¿Adónde está el proletario [Hugo] Moyano? Porque los sindicalistas fuertes son todos empresarios.

-¿Existe, entonces, un mandato social para que el peronismo se reformule hacia un cauce republicano? Hoy se exhibe como un logro que Mauricio Macri sea el primer presidente no peronista que finaliza su mandato después de Marcelo T. de Alvear.

José Nun: Las tradiciones democráticas en la Argentina son muy débiles. Es un absurdo decir que la democracia fue recuperada en 1983: para que algo regrese tuvo que haber estado antes. No hubo democracia en la Argentina durante la república oligárquica. En 1930 ocurre el primero de los seis golpes militares, que se llevaron 35 años; a ellos se suman otros 19 años de proscripción del peronismo. Graciela mencionó el retroceso de la Corte Suprema en una causa contra Cristina; fue muy saludable que la gente saliera a la calle. Pero fue un retroceso táctico, porque quienes pidieron el expediente son jueces con una clara identificación partidaria. Hay que recordar que, al inaugurar el presente año judicial, el presidente de la Corte, Carlos Rosenkrantz, advirtió que hay una crisis de legitimidad feroz en la Justicia; esto se debe, en gran parte, a la crisis de confianza y a la sospecha de la sociedad acerca de que los jueces responden a intereses distintos de los del derecho. Es un problema muy grave. Hago hincapié en la Justicia, como hizo Graciela, porque me parece crucial. La Argentina necesita liderazgos creativos, hábiles, decididos y audaces. El momento actual del país exige eso: líderes con amplio apoyo popular que estén en condiciones de tomar medidas cruciales para el país.

LT: Que un presidente no peronista pueda finalizar su mandato es un logro. También va a ser inédito si gana el peronismo en estas elecciones, porque volvería sin crisis. Cada vez que volvió al poder lo hizo después de una crisis: 1989 y 2001. Esta metamorfosis que estamos viendo en el peronismo, aunque sea una táctica, aunque sea maquillaje, un caballo de Troya, de una manera está rindiendo homenaje a esas reservas mínimas de republicanismo. Más que peronismo republicano, es un peronismo que acepta las reglas de juego de la democracia liberal después de la llegada de la democracia en 1983. Porque no es nuevo el peronismo republicano: estuvo presente en el peronismo de Ángel Federico Robledo, de Ítalo Luder, en la renovación de Antonio Cafiero, donde participaba incluso Carlos Menem. Ahora bien, este consenso democrático de 1983 se pone en duda con el kirchnerismo, sobre todo en su fase de radicalización del populismo.

GFM: Se puso en duda en los últimos actos del 24 de marzo del kirchnerismo, cuando reivindicó la violencia como una forma legítima de hacer política.

JN: El problema es que la perspectiva, en lo que concierne a nuestro país, no es alentadora para el republicanismo. No es alentadora porque en el mundo está en crisis el liberalismo y en ascenso el nacionalismo populista. Esto tiene historia. El liberalismo es heredero del iluminismo; es el racionalismo aplicado a la política. Cuando surge en el siglo XIX, inmediatamente emergió un movimiento opositor, que es el romanticismo, que hace centro en los valores nacionales. Como ocurrió entonces, ahora se prefiere el elemento nacional al estado republicano y liberal.

GFM: Yo creo que en estas elecciones el voto en la Argentina va a ir una vez más hacia el centro. Cualquier extremismo de un lado y del otro no tendrá cabida. El discurso de Alberto Fernández va a apuntar hacia ese centro si en serio quiere ganar. Es muy pronto todavía para aventurar quién puede ganar, porque no están todas las candidaturas. Macri todavía no definió su juego.

JN: Puede que no sea Macri el candidato...

GFM: Hasta ahora creo que no ocurrirá. Y te digo una cosa desde mi experiencia: yo pertenecí a un partido chico con poca institucionalización, como es el caso de PRO. Yo te puedo decir qué te pasa si tu líder político se retira... desaparecés.

De izq. a der.: Luis Tonelli, Graciela Fernández Meijide y José Nun
De izq. a der.: Luis Tonelli, Graciela Fernández Meijide y José Nun Crédito: Ignacio Sanchez

-Lo cierto es que el peronismo carece de un liderazgo único, de un candidato que aglutine a todos los sectores.

LT: Hay un líder fuerte que se llama Cristina Kirchner.

-¿El kirchnerismo es peronismo?

LT: Absolutamente. El peronismo muestra caras de todo tipo. El peronismo se fragmentó cuando el kirchnerismo empezó a entrar en declive. El peronismo renovador de Sergio Massa le ganó al kirchnerismo. Coincido con Graciela en que la situación de hoy es de total incertidumbre. El Gobierno no se caracteriza por tener una muñeca afinada y florentina para la política, y se nota. Está este peronismo republicano en el medio, muy tironeado, y como dicen Graciela y Pepe, todas las democracias en el mundo están amenazadas hoy. En nuestro país ocurre lo que dice Graciela, se está virando hacia el centro. Eso explica la candidatura de Alberto Fernández. Hay un giro hacia la moderación, pero vamos a ver qué pasa.

-¿Es una contradicción hablar de peronismo republicano?

GFM: No, en absoluto. Yo creo que la gente aprende y no tengo por qué creer que solo aprende un sector que es simpático a mis ideas, cuando yo admiro y respeto a muchos de los peronistas que hoy se están jugando. Por ejemplo, Juan Schiaretti.

JN: Urtubey fue más lejos. Adivirtió que si gana la fórmula Fernández-Fernández avanzamos hacia el totalitarismo.

GFM: Es un discurso de oposición, está bien.

JN: El único que no tuvo ese discurso fue Massa.

GFM: Este espacio de peronistas republicanos no se debe desvalorizar y hay que estimularlo desde donde sea.

JN: El peronismo abarca desde la izquierda hasta la derecha. Coincido en que hay que apoyarlo, porque es más apegado a la Constitución frente a las barbaridades que agita el sector ultrakirchnerista. Por ejemplo, que hay que reformar la Constitución para liquidar el Poder Judicial y la división de poderes. Eso es lo que más me perturba.

LT: El peronismo es una tradición que se construye antitéticamente a la democracia liberal. Forma parte de su génesis. Pero es una tradición en la cual encontramos políticos que indudablemente abrazan la democracia liberal. Un ejemplo es Antonio Cafiero.

-¿Schiaretti y Pichetto son el reflejo actual del peronismo renovador de Cafiero?

LT: Sí, cada uno en su estilo. El senador Pichetto es un político que se atiene a reglas. Y lo demostró cuando condujo el bloque kirchnerista en su momento: cuando alguien cruzaba la raya lo llamaba al orden inmediatamente.

JN: Es una evidencia, entonces, de la evolución del sector. La mitad de su carrera política no fue eso, estuvo en el menemismo, en el kirchnerismo...

LT: Absolutamente, Pepe. Yo estoy hablando de las reglas internas del Senado: él como senador y como jefe de la bancada se atuvo siempre a las reglas. El punto interesante es que el Gobierno está descubriendo recién ahora este peronismo republicano, cuando ya existía de antes. Y habiendo sido minoría desde el comienzo de su gestión, este gobierno no detectó a tiempo la posibilidad de realizar acuerdos estructurales con ese sector para evitar depender, como ahora, del cheque de Trump. No pretendo el Pacto de la Moncloa, pero son imperiosas reformas concretas y estructurales, tanto en materia tributaria, laboral y previsional.

JN: Es así. En esta coyuntura electoral, en la que estamos tan enfocados en los candidatos, en las personas, habría que hablar más de ideas, como sugiere por ejemplo Roberto Lavagna. Y yo señalo una: el impuesto a las ganancias, impuesto progresivo si los hay. En Estados Unidos, este impuesto representa el 14% del PBI. En Europa está entre el 14 y el 15%, excluyendo los países nórdicos, donde es mucho más alto. Acá nunca superó el 6%. Si nosotros tuviéramos una recaudación al menos del 10%, no tendríamos este déficit que hoy cubrimos con el FMI. De estas cosas no se habla.

-¿Sería entonces indispensable articular un futuro gobierno de coalición con un sector del peronismo, si Cambiemos gana estas elecciones?

GFM: No es necesario llegar a un gobierno de coalición. Se necesitaría votar las leyes, nada más. La política es negociación. Por eso me engancho en lo que dijo Luis: si algo aprendió el macrismo, siendo minoría, es a negociar con Pichetto y con el gringo Schiaretti. Y apoyarse en Monzó y en Frigerio, de tradición peronista. Claro que le costó aprender rápido todo lo que no sabe. Lo cual no quiere decir que haya aprendido demasiado de política. Aprendió lo necesario para la negociación.

-Entonces podríamos concluir en que no basta que el PJ se calce el ropaje de republicano, sino también que el Gobierno, o quien gane las elecciones, muestresuficiente apertura para realizar las reformas pendientes.

GFM: Sería bueno, lo cual no quiere decir indispensable, que haya cuatro o cinco puntos a los que se compromentan las distintas fuerzas políticas, sobre todo para el exterior. Pero no hay que confundir. Una cosa es hacer una coalición previa a las elecciones y otra es hacer una coalición posterior a las elecciones, que puede ser semiparlamentaria si querés. O se puede, como hasta ahora, alcanzar acuerdos puntuales en el Congreso.

LT: Hasta ahora hemos visto acuerdos chiquitos, de corto alcance. El Presidente tuvo efectividad con esos acuerdos, pero fueron muy caros, al punto de que todas las provincias tienen superávit. Necesitamos compromisos de mayor alcance.

JN: Yo creo que lo importante es que el gobierno actual tenga la mirada puesta en 2020, sea quien sea quien gane las elecciones. Lo mismo que le reprocha al gobierno anterior, la catástrofe que heredó, que no lo repita.

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