Un plan para declarar la bancarrota

El FMI quiere evitar de aquí en más los rescates financieros a los países en problemas y busca alternativas heterodoxas
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30 de diciembre de 2001  

WASHINGTON

El caótico desplome político y financiero de la Argentina ha ocasionado que se impulse con fuerza un plan del Fondo Monetario Internacional para permitir que los países se declaren en bancarrota y busquen protección legal en contra de sus acreedores, en mucho como lo hacen los individuos y las empresas, dijeron funcionarios del FMI y expertos particulares.

El consejo de dirección del FMI ha dado su consentimiento preliminar al plan, el que fue presentado el mes último por Anne Krueger, la funcionaria número dos. Se espera que el Fondo prepare una propuesta formal a tiempo para la reunión financiera cumbre en la primavera, dijeron funcionarios el lunes.

El plan llenaría lo que Krueger denominó como "agujero enorme" en el sistema financiero internacional. Se establecería un proceso formal de bancarrota para los países que enfrentan severas dificultades financieras, permitiéndoles dejar de pagar la deuda en tanto negocian con banqueros y tenedores de bonos.

"En la actualidad, demasiados países con problemas de deuda insalvables los dejan durante demasiado tiempo, con lo que imponen pesados costos económicos innecesarios tanto a sí mismos como a la comunidad internacional, que tiene que recoger los pedazos", dijo Krueger.

La propuesta se ha ganado el apoyo inicial del gobierno de Bush, así como el de líderes financieros de Gran Bretaña y Canadá. Sin embargo, probablemente requeriría la aprobación de los congresos y legislaturas de los 183 países miembros del FMI porque tendrían que otorgar amnistía legal a los países que llenen los requisitos del Fondo para declararse en bancarrota.

El plan se enfrenta a la férrea oposición de Wall Street, donde los banqueros y agencias de corredores de bolsa advierten que los inversionistas sacarán su dinero de los países en desarrollo, en lugar de arriesgarse a que los fondos sean incautados durante un procedimiento internacional de bancarrota.

"Esta es una solución tipo bomba nuclear que podría salir realmente mal", dijo Charles H. Dallara, director administrativo del Instituto de Finanzas Internacionales que representa a muchos bancos que han prestado dinero a economías emergentes.

Algunos países en desarrollo también han expresado su inquietud respecto a que podrían ser obligados a declararse en bancarrota en lugar de que se les otorgue asistencia para ayudarlos a sobrellevar las tormentas financieras.

Aun cuando el plan fue mencionado antes de que la Argentina anunciara el domingo que dejaría de hacer los pagos correspondientes a su deuda de 132 mil millones de dólares, los problemas allá subrayaron la urgencia de encontrar un proceso más ordenado para resolver las disputas financieras.

Algunos expertos creen que la Argentina es un estudio de caso sobre cómo no manejar una crisis de deuda. Se buscó recortar drásticamente el gasto gubernamental, congelar las cuentas bancarias y sacar dinero para el pago de la deuda de los fondos estatales de pensiones durante una recesión profunda, antes de que cayera el gobierno de Fernando de la Rúa a causa de los disturbios de la semana última. Con la propuesta del FMI, Buenos Aires hubiera podido declarar un receso, deteniendo el pago de la deuda u otras salidas de capital mientras buscaba reconstruir su credibilidad financiera.

Históricamente, el FMI ha hecho mucho para ayudar a los países a seguir siendo solventes, con frecuencia proporcionando grandes préstamos que pueden usar para no atrasarse en el pago de sus deudas o para apuntalar la moneda. Tales préstamos -incluidos los multimillonarios paquetes en dólares recientemente otorgados a México, Tailandia, Indonesia, Corea del Sur, Rusia, Brasil, Turquía y la Argentina- han generado críticas porque son vistos como formas caras de rescatar a países que han tomado malas decisiones políticas, así como formas de proteger a inversionistas que compran acciones y bonos riesgosos.

Alguna vez, los más importantes bancos japoneses y europeos representaron la mayor parte del dinero invertido en países en desarrollo y, con frecuencia, llegaban a acuerdos informales sobre los términos para arreglar las disputas cuando los países se metían en problemas. Hoy en día, hay más variedad entre los inversionistas en bonos y muchos han sido renuentes a aceptar nada que no sea el pago total.

La propuesta del FMI ha sido diseñada sobre la base de las leyes de bancarrota británicas. Un país podría solicitarle al Fondo el derecho a declararse en bancarrota. Si es concedido, ese país podría negociar un arreglo con sus acreedores y una mayoría de ellos podría decidir los términos para el conjunto. El Fondo también le permitiría a los países imponer controles temporales al cambio de divisas extranjeras para prevenir una fuga inmediata de fondos privados.

Washington apoya

Funcionarios del gobierno de Bush han dado señales de apoyar un cambio hacia el proceso de bancarrota, alejado de los rescates. El secretario del Tesoro, Paul O´Neill, no ha comentado públicamente la propuesta. sin embargo, en una reunión del consejo ejecutivo del Fondo, los Estados Unidos aprobaron el desarrollo del plan.

La propuesta también fue vista con beneplácito por algunos expertos en economía internacional, incluido Jeffrey D. Sachs, de Harvard, que propuso una idea simmilar hace más de una década.

Sin embargo, los críticos como Dallara dijeron que el plan tiene fallas profundas porque el FMI quiere autoasignarse el papel de juez, aun cuando frecuentemente es el mayor acreedor y busca proteger su propia cartera de préstamos. Los intereses de los inversionistas privados no están clasificados como alto rango, dijo.

"¿Cómo puede ser el FMI neutral cuando con frecuencia es el acreedor más grande? -preguntó-. Eso saldría a la luz en cualquier corte."

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