Un príncipe en favor de la democracia

Miembro prominente de la familia real cree que en su país debe haber elecciones libres
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2 de diciembre de 2001  

RIAD, Arabia Saudita

Un miembro prominente de la familia real de Arabia Saudita exhortó esta semana a una transformación que pueda desembocar en elecciones, "mientras más rápido, mejor", para un reino del desierto cuya única concesión a la democracia ha sido el establecimiento de un consejo consultivo.

El príncipe Walid ben Talal, un inversionista multimillonario, en una entrevista aquí dijo que se estaba enfocando un tema políticamente tabú con el fin de incrementar lo que él calificó de debate intensivo dentro de la familia real acerca de lo que Arabia Saudita debe hacer para enfrentar el descontento interno, particularmente a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre, en el que 15 de los 19 secuestradores eran ciudadanos sauditas.

"Si la gente habla más libremente y se involucra más en el proceso político, realmente se podrá contenerlos y hacerlos parte del proceso", dijo el príncipe Walid.

Sus comentarios fueron inusualmente abiertos y francos en un reino que casi siempre mantiene un rostro público oculto, particularmente en lo referente a asuntos de decisiones internas y a los de cualquier tipo de liberalización política.

Al mismo tiempo, sus palabras fueron un eco de insistentes, pero privadas, exhortaciones de liberales sauditas, quienes han empezado a especular con que la extensa participación saudita en los ataques terroristas del 11 de septiembre fue cuando menos una consecuencia, al menos en gran parte, del cerrado sistema político que deja escaso margen para cualquier expresión política.

Una oferta de 10 millones

Durante la mayor parte de su carrera, Walid, de 47 años, había evitado asumir cualquier papel político, abocándose a una carrera en el campo de las inversiones, que lo ha hecho uno de los empresarios más ricos del mundo. Pero el mes pasado se introdujo de lleno en la controversia política, cuando ofreció 10 millones de dólares a las víctimas del desastre de World Trade Center en Nueva York, pero también emitió un comunicado de prensa en el que decía que la política estadounidense en el Oriente Medio había contribuido a alimentar el extremismo.

La sugerencia de que la política de Estados Unidos quizás haya sido parcialmente culpable de haber generado el ataque indignó a algunos estadounidenses, entre ellos al alcalde Rudolph W. Giuliani, que rechazó rotundamente el donativo del príncipe Walid.

En la entrevista, Walid defendió a la monarquía de Arabia Saudita, a la que calificó como popular, flexible y resistente, y dijo que él discretamente había estado en favor de un cierto desplazamiento hacia alguna forma de democracia desde mucho antes de los ataques del 11 de septiembre. También dejó en claro, sin embargo, su punto de vista de que el terrorismo y sus raíces siguen siendo un asunto que genera profunda inquietud en la familia gobernante saudita.

"Lo que estoy diciendo podría ser demasiado para Arabia Saudita", dijo, "pero estoy expresando lo que pienso".

Tal como fue establecido por el rey Fahd y sus predecesores, la dinastía oficial saudita ha rechazado desde siempre la democracia como una imposición no bien recibida. No fue sino hasta 1992 cuando el rey Fahd formó el consejo consultivo, cuyos miembros son designados mediante un mecanismo que su presidente, el jeque Muhammad al-Jubeir, defendió durante una entrevista esta semana, diciendo que es marcadamente superior a las elecciones populares.

Al hacer un llamado para el cambio, Walid dejó en claro que lo que tiene en mente es algo limitado. Dijo que el consejo consultivo de 120 miembros debería ser elegido en comicios que estarían abiertos, al menos en un principio, sólo a hombres. Este enfoque sería similar al que está en vigencia actualmente en Kuwait, que cuenta con un Parlamento elegido desde 1961.

Dos de los vecinos de Arabia Saudita, Bahrein y Qatar, también han prometido celebrar elecciones a fines del año entrante. Es una señal de una creciente tendencia a experimentar con la democracia en la región del Golfo Pérsico, en la que casi todo el poder sigue estando en manos de reyes, emires, jeques y sultanes.

Pero los comentarios del príncipe Walid fueron extraordinariamente audaces dentro de los estándares prevalecientes en Arabia Saudita, donde cualquier tipo de crítica a la familia real está prohibido, y donde algunos funcionarios han seguido descartando como no probada la teoría de la involucración saudita en los ataques del 11 de septiembre, por los que Estados Unidos hace responsable al disidente saudita Osama ben Laden.

"No debemos dar como un hecho este asunto", dijo Walid. "Las gentes son muy leales como sauditas, extremadamente leales. Sin la menor duda, no desean que Ben Laden y tipos como los talibanes gobiernen aquí, porque han visto lo retrasados que están en Afganistán.

"Pero realmente deberíamos dejarlos hablar más libertad. No tendríamos que preocuparnos en absoluto por eso".

Los proponentes de una mayor apertura política han argumentado que tal medida obligaría a Arabia Saudita a enfrentar más rápidamente sus problemas internos, que incluyen un alto índice de desempleo, al tiempo que permitiría a los moderados ahogar las voces de los extremistas, como las de Ben Laden, que, según ellos, son gente que tiende a surgir y prosperar en una sociedad cerrada.

Walid ofrece su donativo

Walid defendió sus declaraciones en un comunicado de prensa que acompañó su oferta de un donativo a la ciudad de Nueva York, al tiempo que acusaba a Estados Unidos de falta de equidad en sus esfuerzos de paz en el Oriente Medio. Rechazado por el alcalde Giuliani, dijo que había dividido los 10 millones de dólares en donativos en partes iguales para los refugiados afganos y "para la causa palestina".

Al mismo tiempo, dijo que sus llamados para el cambio en Arabia Saudita eran un segundo paso en cuanto a tratar de llamar la atención a lo que ambos países pueden hacer mejor.

Sobrino del rey Fahd, y también del príncipe heredero Abdullah –que es el gobernante que se encarga de los asuntos cotidianos del gobierno–, Walid es uno de las veintenas de nietos del fundador de Arbia Saudita, el rey Abdel Aziz. Su propio padre, el príncipe Talal, que es considerado uno de los miembros más liberales de la familia real, ha sido virtualmente excluido desde hace tiempo de cualquier papel en el gobierno, pero ha declarado que Walid no debería ser excluido de la línea de la sucesión real.

En la entrevista, Walid hizo sonar otra nota populista al declarar que es partidario de poner fin al sistema de subsidios reales, los cuales proporcionan, incluso a un príncipe recién nacido, una renta de miles de dólares al mes. Dijo que él dona la aportación relativamente modesta que recibe su familia –180.000 dólares al año– para obras de caridad.

Insistió en que la idea de desplazar a su país hacia una democracia limitada es un tema que "está siendo discutido abiertamente" en el seno de la familia real, aun cuando casi nunca es mencionado en los diarios y televisión sauditas, los cuales son de propiedad estatal o están minuciosamente monitoreados por el gobierno.

"Todavía estamos en el proceso de decir sí o no", dijo. No detalló cuáles eran las posiciones adoptadas por otros miembros de la familia real.

El punto de vista ortodoxo fue expresado esta semana por el jeque Jubeir, presidente del Consejo Consultivo, en una entrevista separada. "En nuestra opinión, la gente que elegiría a los miembros no elegiría a la gente correcta", dijo. "En consecuencia, nosotros preferimos ser quienes designamos y elegimos, pero dentro de ciertas especificaciones y reglas".

En una conversación, otro nieto del rey Abdel Aziz también se refirió a intensas discusiones acerca de cuáles cambios –si es que los hubiere– dentro de la familia real de Arabia Saudita deben considerarse necesarios a raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre.

"Los sorprenderían bastante los temas que están siendo discutidos", dijo el príncipe Bandar ben Khalid, de 36 años, cuya profesión es gerente de inversiones. "Y obviamente los debates se incrementan en tiempos de crisis, como sucede ahora y durante la Guerra del Golfo".

Pero Bandar comentó a un visitante en su hogar, una noche reciente: "El liderazgo es algo que nosotros debemos discutir, y que la sociedad puede discutir, pero no es algo que las personas ajenas a nosotros nos puedan imponer, o que nos puedan decir lo que debemos pensar".

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