Una comedia con palestinos, israelíes... e italianos

Por Néstor Tirri Para LA NACION
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26 de mayo de 2003  

El año pasado, en el Festival de Cannes, se presentó una película palestina que causó revuelo: Intervención divina , del realizador Elia Suleiman. En octubre de ese mismo año se estrenó comercialmente en París y su índole irreverente le reportó, otra vez, inmediata repercusión, escandalete mediante: admirada por críticos y medios, el film irritó a la colectividad judía de Francia y a los israelíes. El mes último, por fin, se conoció en Buenos Aires, cuando se exhibió en el Festival de Cine Independiente.

En medio del conflicto secular que enfrenta a las dos comunidades y de las penosas tratativas por arribar finalmente a un tratado pacífico de la situación, la película de Suleiman mueve a algunas reflexiones.

Intervención divina es una especie de comedia del absurdo, con tintes de sátira y de ironía. La intérprete principal, la bella palestina Manal Khader, nació en Jerusalén en 1968 y trabajó en Israel y en Palestina para la TV alemana; ahora fue convertida en actriz por Suleiman, que en el film también encarna un personaje junto a ella. Hay una sucesión de gags que caricaturizan, primero, a los habitantes de la ciudad palestina de Ramallah, quienes con mentalidad provinciana se pelean por nimiedades propias de vecinos transgresores de las reglas de convivencia.

Después, la sátira se desplaza a los puestos de control militar israelíes, que imponen su rigor de dominadores del terreno. Ahí aparece la espléndida Manal con la traza de una suerte de James Bond femenino que desconcierta (y descoloca) a la rígida soldadesca adversaria con raptos de Mujer Maravilla: en una divertida secuencia final se convierte en una ninja prodigiosa que vuela por los aires y apabulla a los soldados, en una franca parodia del género de acción oriental.

Nada es serio en el film, pero la realidad sí lo es, y algunas voces admonitorias se han empeñado en reprochar al realizador que un conflicto que ha dejado tanta sangre y lágrimas sea tomado en solfa. No son pocos los que no han logrado digerir esa operación de Suleiman que da otro significado a la guerra a través del humor, un código que reconoce modelos canónicos. En tiempos de la commedia all´italiana , Mario Monicelli plasmó su inolvidable La Gran Guerra , con el doloroso fondo de la contienda de 1914-1918 y años más tarde Robert Altman apeló con aparente ligereza a la guerra de Corea en M.A.S.H . Los de la Academia de Hollywood estigmatizaron severamente a Intervención divina , este año, cuando la rechazaron como candidata al Oscar extranjero con el argumento de que su ingreso en la competencia habría implicado reconocer la existencia de Palestina como nación.

La propia protagonista del film, Manal Khader, como periodista no ignora las muy serias alternativas históricas de la situación; en París, en ocasión del estreno del film, desgranó reflexiones a propósito de sus experiencias durante el año de su permanencia en Jerusalén, donde colaboró humanitariamente en la asistencia de víctimas judías de los atentados cometidos por sus propios compatriotas.

Con sentido crítico, declaró al matutino Le Monde en una entrevista con Jacques Mandelbaum: "Encuentro que se está a punto de perder demasiado tiempo en encontrar la solución de ese conflicto, que en el fondo es simple: es necesario que la ocupación cese de inmediato y que los dos estados coexistan, uno al lado del otro, aun cuando personalmente la noción de Estado me vuelve claustrofóbica".

Paradojas de lo real

En estos días, cuando la guerra de Irak ha dejado de ocupar los titulares, el conflicto palestino-israelí recupera un primer plano de la atención mundial, ahora por la búsqueda de una solución pacífica, sin que los enfrentamientos esporádicos se hayan disipado. Y así es como la realidad, en medio de su dureza, deja entrever episodios risueños, que parecen salidos de una comedia de equivocaciones. En varios de ellos, íntimamente relacionados, entran en escena los italianos.

El primero ocurrió el 7 de mayo, víspera del aniversario de la independencia de Israel y, además, fecha en la que los ciudadanos de esa nación honraban a sus muertos en todas las guerras. Ese día, cuando un avión de Alitalia que había partido de Roma aterrizó en el aeropuerto de Tel Aviv, el piloto deslizó un mensaje desconcertante: "Bienvenidos a Palestina; feliz fiesta de la independencia en Palestina". Los pasajeros, casi todos israelíes, quedaron estupefactos.

¿Lapsus o provocación? Sobrevino la protesta del embajador de ese país en Roma, Ehud Gol, y siguieron las excusas del caso, que el diplomático agraviado no aceptó.

Pero la cosa se complicó porque el presidente del Senado de Italia, Marcello Pera, invitó al polémico historiador alemán Ernst Nolte a dar una clase magistral en el recinto, y allí el catedrático se despachó con una comparación entre el Tercer Reich y el actual Israel: "El único elemento de diferencia entre Israel y Hitler podría ser Auschwitz", sentenció el temerario historiador.

Nuevas protestas, nuevo escándalo.

Las disculpas decidió formalizarlas el propio Pera, al día siguiente, en la fiesta a la que convocó el embajador israelí en el hotel Excelsior, en la elegante Via Veneto romana, con motivo de los cincuenta y cinco años de la instauración del Estado de Israel. Era un día de mucho calor en Roma, en un verano anticipado que movió a los trescientos asistentes a concurrir vestidos con ropas claras, estivales. El único que asistió de riguroso traje oscuro fue el disertante, el presidente del Senado, que debía pronunciar su esperada alocución.

Pero se acercó demasiado a la mesa central del salón, donde descansaba una enorme torta de crema ornada con la estrella de David. Y he ahí que Pera, en medio de su solemne discurso, mete el ruedo de su saco negro en la nívea torta. Inocultables risitas circularon por el salón, mientras el funcionario intentaba limpiar la crema del saco. Nuevas disculpas, ahora por haber estropeado la torta de la estrella de David.

Parece una sucesión de gags pergeñada por un guionista de cine de humor. A la luz de la realidad, las chanzas de la película de Suleiman no deberían generar tanta irritación.

De hecho, y mientras en Hollywood hubo un rechazo airado, un distribuidor israelí se atrevió a comprar los derechos de explotación de Intervención divina , lo que evidencia que allá el tradicional sentido del humor judío se mantiene tan vigente como en tiempos de Groucho Marx, un maestro del género.

Cabe pensar que las gaffes y las paradojas de los pueblos dejan al descubierto las aristas cómicas del drama de la guerra, y que el humor podría coadyuvar, en estos tiempos, a allanar el espinoso camino hacia la paz.

Vamos, viejo Monicelli, a ver si se anima a resucitar la commedia all´italiana con los renovados argumentos y situaciones que, sin proponérselo, aportan palestinos, israelíes... y políticos italianos.

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