srcset

América Latina

Desencantados con la democracia. Una esperanza en crisis

Lorena Oliva
(0)
18 de noviembre de 2018  

A lo largo de esta década, el nivel de apoyo ciudadano a la democracia en América Latina no ha hecho más que descender. Comenzó, en 2010, con un nada despreciable aval de 61%, según la encuesta de Latinobarómetro. Este año, esa variable se ubica en el 48%, mientras que un 71% de la población encuestada se manifestó insatisfecha con el sistema democrático. Al mismo tiempo, lo que viene aumentando en la región es la indiferencia: según el mismo relevamiento, al 28% de los consultados les da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático. A comienzos de la década, el porcentaje de indiferentes representaba el 16%.

Las conclusiones del estudio están en sintonía con otras mediciones internacionales que también señalan que no son buenos tiempos para la democracia. Así, según Freedom House, una organización no gubernamental con sede en Washington, 2018 es el doceavo año consecutivo en el que hubo un declive de los derechos políticos y libertades civiles en el mundo. Por otra parte, un relevamiento realizado por el Pew Research Center en 14 países –entre ellos, la Argentina– revela también un escaso compromiso ciudadano con la democracia en todas las naciones estudiadas.

Las cifras son tan elocuentes que, de pronto, uno comprende que el triunfo de líderes carismáticos, autoritarios y antisistema como Donald Trump o Jair Bolsonaro no se explica únicamente por el impacto de las fake news o las fallas en el funcionamiento de las instituciones. Se ve contextualizado, también, por el desencanto de una ciudadanía que siente que con la democracia ni se come, ni se cura, ni se educa.

En líneas generales, hoy el sistema democrático no solo se percibe ineficaz a la hora de dar respuesta frente a reclamos fundamentales como la desigualdad o la inseguridad. A esta evidencia se suma la incertidumbre de un horizonte cargado de desafíos, como el cambio climático o los efectos colaterales sobre el empleo de la avanzada tecnológica, por citar apenas unos ejemplos. El contexto, por otra parte, aporta lo suyo: hace veinte o treinta años se creía que el avance de Internet iba a propiciar un mundo más democrático, con mayor acceso a la información. Sin embargo, hoy tenemos sociedades hiperconectadas y desinformadas que, en ocasiones, les dan la espalda a los partidos políticos tradicionales y se inclinan por el candidato que dice justamente lo que quieren escuchar, aunque esos dichos no tengan sustento en la realidad.

En la Argentina

A casi 35 años del retorno de la democracia en nuestro país, el balance local tampoco es alentador. Según el informe de Latinobarómetro, solo el 27% de los argentinos está satisfecho con la democracia, mientras que a un 22% le da lo mismo un régimen democrático que uno no democrático. El 82% cree que se gobierna para unos pocos poderosos y en su beneficio, en tanto que solo el 9% considera que la distribución de la riqueza es justa (el promedio latinoamericano de esta variable es del 16%). El nivel de apoyo, es decir, la idea de que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, es, actualmente, del 59%. En los últimos 23 años, dicha variable disminuyó 17 puntos.

"Si se analizan los datos de Latinobarómetro de 1995 a la fecha, se puede observar que la satisfacción con la democracia en la Argentina ha tenido importantes oscilaciones que parecen estar correlacionadas con la satisfacción con la economía. Después de la crisis de fines de 2001, por ejemplo, se presenta la mayor caída, con apenas un 8% de la población argentina que se encontraba satisfecha con este sistema de gobierno. Luego comienza a crecer, con algunos retrocesos. En 2017 cae del 57% al 38% y en 2018 disminuye otros once puntos porcentuales", explica Ana Inés Basco, especialista en integración del Intal-BID, institución aliada de Latinobarómetro.

El panorama actual ha llevado a que no pocos especialistas alertaran sobre una crisis del sistema democrático. No solo aquí sino en el mundo. Sin embargo, para el politólogo Martín D’Alessandro, la democracia no está en crisis: está en riesgo.

Crisis de representación

"Casi en ninguna democracia del globo los representados sienten que sus representantes estén promoviendo la voluntad popular, que es la base de todo el sistema. Además, los partidos políticos están perdiendo desde hace tiempo la capacidad de articular y combinar las preferencias de los ciudadanos, que cada vez participan menos. Por otro lado, la democracia no está dando los resultados esperados sobre una cantidad importante de temas como las guerras, el terrorismo, el deterioro ambiental, las migraciones, una redistribución de la riqueza aceptable o la corrupción. A lo que se suma, en los países más pobres, un desarrollo económico y social insuficiente como para pretender sociedades integradas y seguras", analiza el especialista. "Desde hace décadas, los politólogos venimos advirtiendo estos problemas –agrega–. Por eso no nos sorprende el éxito de líderes autoritarios como Putin o Chávez, o con tendencias autoritarias como Bolsonaro o Trump".

D’Alessandro recuerda que, antes de 1983, el compromiso con la democracia fue muy limitado y fragmentado: no todos los ciudadanos ni los actores políticos creían en la superioridad del sistema. "Durante la mayor parte de la vida nacional, la política fue un ámbito que podía ser democrático o no, y eso es parte de la dinámica del sistema político. Esa indiferencia histórica con la democracia, que es la verdadera pesada herencia de la Argentina, se revirtió fuertemente en los años 80. Pero luego la administración Menem privilegió los resultados sobre las formas, y después las administraciones de los Kirchner desplegaron además un relato que incluía erosiones de las instituciones representativas, de los organismos de control, de los contrincantes y del valor de la tolerancia. Es cierto que se dinamizó el compromiso político en muchos sectores. Pero el compromiso político es algo distinto del compromiso democrático, y ciertamente no siempre van de la mano", agrega el experto, presidente de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), asociación que nuclea a los politólogos a nivel nacional.

En una democracia, la división de poderes es esencial: en febrero de 2015, la marcha en homenaje al fiscal Alberto Nisman fue también un reclamo a la Justicia para que investigara su muerte, ocurrida un mes antes, tras su denuncia contra Cristina Kirchner; hoy la causa está caratulada como homicidio
En una democracia, la división de poderes es esencial: en febrero de 2015, la marcha en homenaje al fiscal Alberto Nisman fue también un reclamo a la Justicia para que investigara su muerte, ocurrida un mes antes, tras su denuncia contra Cristina Kirchner; hoy la causa está caratulada como homicidio Fuente: LA NACION - Crédito: Ricardo Pristupluk

La cuestión económica

Pero, ¿cuán democráticos son los ciudadanos? ¿Puede existir plena democracia si los ciudadanos no son del todo democráticos? ¿De qué depende que algunos ciudadanos sean más democráticos que otros? ¿Existen condiciones contextuales que inciden sobre estas diferencias?

Hace algunos años, el investigador del Conicet Oscar Oszlak intentó dar respuesta a estas preguntas tomando como base los datos de una serie de encuestas que, en el marco del Programa de Auditoría Ciudadana, se realizó en 47 municipios entre 2003 y 2009. "A medida que entre esos años mejoraba la situación económica, también mejoraba la percepción de la calidad de las prácticas democráticas. La hipótesis es que la satisfacción con la democracia crece con la mejora de las condiciones económicas. Además, las respuestas de los encuestados sobre su preferencia por la democracia mostraron que la calidad democrática de la ciudadanía aumentaba con el nivel socioeconómico y la educación", explica el especialista.

El relevamiento también mostró que una inmensa mayoría de los encuestados se mostró favorable a la participación ciudadana, pero solo una tercera parte participaba en algún tipo de organización. De ese universo, la mitad lo hacía yendo a la iglesia, otro porcentaje menor en las escuelas y apenas un 3% había participado alguna vez, o lo hacía al momento de la encuesta, en un partido político.

"La cuestión de la democracia gira hoy en torno a cómo garantizar no solo su legitimidad de origen sino también su legitimidad de ejercicio: en cómo transitar desde una democracia representativa a una democracia deliberativa; en cómo lograr una relación más estratégica entre Mercado y Estado; en cómo conciliar democracia con desarrollo económico y sostenibilidad ecológica para alcanzar una sociedad menos desigual y menos pobre", reflexiona Oszlak, quien está trabajando en un libro sobre la calidad democrática de la ciudadanía argentina que, estima, saldría a finales del año próximo.

El mes pasado, el prestigioso centro de investigaciones norteamericano Pew Research Center difundió un estudio realizado en Túnez, Sudáfrica, Polonia, Filipinas, Nigeria, México, Kenia, Italia, Israel, Indonesia, Hungría, Grecia, Brasil y la Argentina. A pesar de la heterogeneidad del universo encuestado, en todos los casos quedó en evidencia la escasa disposición a ejercer activamente el rol cívico, más allá del sufragio. En este sentido, la cuestión etaria es determinante: los jóvenes son menos propensos al voto que sus mayores. En cambio, los roles se invierten si se analiza la disposición a publicar opiniones o puntos de vista en la Web. En general, tópicos como la salud, la pobreza o la educación suelen ser los que más impulsan a tomar algún tipo de acción política. La libertad de expresión es un tema movilizador, sobre todo, entre los habitantes que gozan de mayores niveles de educación. La pobreza es el único de los tópicos consultados que no registra variaciones según nivel educativo: interpela a todos.

La operación Lava Jato destapó un gigantesco esquema de corrupción en Brasil que provocó protestas multitudinarias; la acción de la Justicia alcanzó incluso al ex presidente Lula, hoy en prisión; la furia de la gente contra los corruptos fue capitalizada por Jair Bolsonaro, presidente electo que asu
La operación Lava Jato destapó un gigantesco esquema de corrupción en Brasil que provocó protestas multitudinarias; la acción de la Justicia alcanzó incluso al ex presidente Lula, hoy en prisión; la furia de la gente contra los corruptos fue capitalizada por Jair Bolsonaro, presidente electo que asu Fuente: LA NACION

Compromiso limitado

En el país, el 93% de los argentinos en edad de votar lo hizo alguna vez y apenas el 3% manifiesta no haber votado nunca ni tener intenciones de hacerlo. Sin embargo, solo el 26% afirma haber asistido alguna vez a algún evento ligado a una campaña política; el 58% no lo hizo ni lo haría nunca. El 14% participó alguna vez en una manifestación, pero el 64% no lo hizo ni lo haría nunca; en tanto que el 25% asegura haber participado alguna vez en una organización política, religiosa o de caridad, mientras que el 51% no lo hizo y dice que no lo haría nunca.

"Una ciudadanía comprometida es un signo de una democracia saludable –explica a la nacion Richard Wike, director del área que investiga las actitudes globales en el Pew Research Center–. Una cosa que muestra nuestra encuesta es que quizás haya un potencial no realizado con respecto a ciertas formas de compromiso político. En muchos países, las personas tienen niveles relativamente bajos de lo que los politólogos llaman eficacia política; es decir, sienten que no tienen la capacidad de influir realmente en el gobierno. Sin embargo, muchas personas podrían estar motivadas a involucrarse para solucionar ciertos problemas, especialmente en temas de salud, pobreza y educación".

Para Ana Basco es importante diferenciar entre el apoyo al sistema democrático y la satisfacción con los resultados de la democracia. Mientras que el apoyo a la democracia en América latina, explica, está muy relacionado con aspectos característicos y culturales de cada persona, la satisfacción con la democracia es una cuestión más coyuntural.

El relevamiento de Latinobarómetro también indaga sobre cuestiones que hacen a las preocupaciones y a la situación socioeconómica del universo consultado. Para el caso argentino, las cifras son elocuentes. Por ejemplo, el 30% está preocupado por quedar desempleado; el 44% afirma que el dinero no le alcanza, un 19% teme ser víctima de un delito, en tanto que un 58% de la población se considera de clase baja, un 36% de clase media, y un 4% de clase alta.

"Es esperable que una mejora de la situación económica y social en los países de la región aumente los niveles de satisfacción con la democracia, pero esto puede no traducirse en forma automática en un aumento del apoyo al sistema democrático", considera Basco.

La pregunta crucial, entonces, es una sola: ¿cuánto puede soportar la democracia sin prosperidad económica? De esa respuesta, más que de ninguna otra cosa, parece depender su futuro.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.