Una estructura estatal desbordada

Una ley porteña recientemente sancionada debería permitir más controles
Lorena Oliva
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9 de diciembre de 2001  

Aunque la educación obligatoria comienza a los 5 años, cada vez es mayor el número de madres que deben dejar a sus hijos pequeños en jardines maternales y de infantes para realizar actividades fuera del hogar.

Un estudio del Instituto para el Desarrollo de la Calidad Educativa (Idece), dependiente del Ministerio de Educación, reveló que el año último casi 1.250.000 niños de entre 3 y 5 años concurrían a escuelas públicas y privadas en nuestro país.

Pero, según ese estudio, el número de niños de entre 45 días y dos años asciende a 20.909. Sin embargo, es posible suponer que este número está por debajo de la realidad.

En la ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, existen casi mil instituciones privadas no incorporadas a la enseñanza oficial que se dedican al cuidado y la atención de los niños.

Sobre ellas, hasta hoy, ninguna instancia educativa superior ejerce controles de algún tipo, ni se llevan registros de su funcionamiento o de la cantidad de alumnos, etc. La razón es simple: como no están incorporadas a la enseñanza oficial, no pertenecen a ninguna dependencia de la Secretaría de Educación.

Panorama incierto

En las provincias, dado que la estructuración del nivel inicial es potestad de cada una de ellas, la situación es bastante diferente.

En total existen 589 jardines maternales privados oficiales, pero 287 se hallan instalados en la provincia de Buenos Aires y 143 en nuestra ciudad. De los 191 establecimientos estatales, 30 se hallan en la provincia y 35 en nuestra ciudad. Con este panorama, los 35 jardines maternales en nuestra ciudad pueden parecer mucho y poco a la vez. Pero lo cierto es que la fuerza inusual con la que creció la demanda de jardines maternales en los últimos tiempos no encuentra respuesta en la estructura estatal.

Siempre según el estudio de Idece, en nuestra ciudad existen también 143 jardines maternales privados oficiales (muchos de ellos, con oferta parcial, pues no todos arrancan desde los 45 días). Pero la Dirección de Habilitaciones tiene registradas otras mil instituciones no oficiales que instrumentan sus servicios para niños de entre 45 días y 4 años.

Hasta hoy, una madre que envía a su hijo a un establecimiento no oficial debe confiar en la buena intención de su dueño cuando le asegura que allí se respetan todas las normas necesarias para un óptimo funcionamiento.

El gran interrogante que estas instituciones suponen para los funcionarios podría acabarse con la ley 621, recientemente sancionada por la Legislatura porteña.

La mencionada ley establece normas regulatorias para las instituciones que albergan a niños de entre 45 días y 4 años. Para aquellas que cuenten con salas para niños de 5 años determina que deberán realizar los trámites correspondientes para incorporarse a la enseñanza oficial.

Cuando la ley sea reglamentada, la Secretaría de Educación deberá crear un registro de establecimientos no incorporados a la enseñanza oficial. Esa dependencia deberá contar con información actualizada de los mismos y será la encargada de supervisarlos.

Hace algunos años, un conflicto en un jardín de Palermo dejó expuesta la problemática de este sector que, al carecer de regulación y control, coloca a los padres en una situación de desamparo ante cualquier tipo de inconveniente.

En 1997, se pretendió resolver el problema obligando a que todas las instituciones se incorporasen a la enseñanza oficial. La medida no prosperó.

"La ley quedó clara en su intención. Este fue un tema muy complejo de regular. Teníamos que ser cuidadosos con las exigencias: que cubrieran las necesidades y, a la vez, hacerlos sustentables. La mayoría de estos jardines ya están instalados en la comunidad, y plantarse con una ley rigurosa podría ocasionar el cierre de muchos de ellos, con lo que muchos niños quedarían desamparados. Las instituciones estatales están completas y tampoco es posible para el Gobierno otorgar algún tipo de subsidio", sostiene Juliana Marino, impulsora de la nueva ley.

Marino sostiene que uno de los hallazgos de la misma es el cambio de denominación en dichos establecimientos. "Nuestra intención era cortar con la palabra guardería. Estas instituciones tienen un carácter asistencial, pero sobre todo, educativo. Existen múltiples estudios que dan cuenta de la importancia de la estimulación y la implementación de acciones educativas en los primeros años de vida."

Beneficios y riesgos

Esta creciente demanda de jardines maternales da como resultado niños más estimulados y con mayores capacidades a edades cada vez más tempranas. Pero otra de las características de estos pequeños es que están mucho más expuestos a enfermedades en relación con aquellos niños que permanecen en sus casas.

Charlotte Russ pertenece a la Comisión de Infectología de la Sociedad Argentina de Pediatría. "Numerosos estudios comprueban la relación entre la asistencia a jardines maternales y un mayor riesgo de contraer enfermedades como bronquiolitis, otitis media y gastroenteritis. Se calcula que un niño de entre un mes y 2 años que concurre a estas instituciones permanece enfermo unos sesenta días por año. Esto provoca ausentismo de los padres a sus trabajos y también un notable aumento de la resistencia bacteriana por el uso exagerado de antibióticos, ya que los padres están ansiosos y quieren que el chico se cure para poder reingresarlo en la escuela".

Para la especialista, el problema es casi inevitable, pero puede controlarse extremando ciertas medidas. "Los padres deberían, además, vacunar a sus hijos contra varicela, hepatitis A y B. Debe estimularse la lactancia materna con espacios para que las madres puedan alimentar a sus hijos cómodamente. Los jardines deben establecer normas de prevención en el personal: llevar un registro de enfermedades y controlar las vacunas. También es un error que las normas de exclusión en una sala las maneje la propia maestra, cuando sus estudios no incluyen materias como la de control de infecciones. Y un punto importante es el cuidado del área física. La manipulación de alimentos debe realizarse lo más lejos posible del área de cambiado de pañales, que debe realizarse con manoplas, y hay que fomentar el lavado de manos, entre otras cosas".

Daniel Filmus es secretario de Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Asegura que el problema de los jardines maternales es una de las prioridades de su gestión. Prueba de ello podrían ser los tres jardines próximos a inaugurarse y las obras proyectadas para otros seis.

Sin embargo, uno de los signos salientes del servicio en la ciudad es su carácter asistencialista, no porque no sea educativo, sino porque la mayoría de los establecimientos se encuentra en zonas de emergencia o en barrios postergados.

"No queremos que las escuelas se conviertan en comedores escolares. Pero, dados los múltiples beneficios de la temprana escolarización, queremos acercarles esta oportunidad a las familias que menos tienen.

– ¿En qué situación quedan las familias de clase media?

–Los sectores medios pueden concurrir a establecimientos privados. Los sectores pobres, no.

Difícilmente la problemática de los jardines maternales pueda resolverse en el corto plazo. La lógica indica que para avanzar sobre la escolarización no obligatoria, primero se debe ir por la obligatoria.

Según Filmus, "en nuestro distrito, un 98 por ciento de los niños de 5 años están escolarizados. Pero eso no ocurre en el resto del país. Por eso, en muchas otras jurisdicciones, el número de jardines maternales debe de ser cero".

Hasta el año último, provincias tales como Catamarca, Formosa, Neuquén, San Juan o Tierra del Fuego carecían de instituciones registradas.

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