Una ignorancia peligrosa

Gustavo Santos
Gustavo Santos PARA LA NACION
Mar del Plata
Mar del Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro Rizzi
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21 de agosto de 2020  • 00:33

En el marco de la crisis más grande en la historia del turismo, no hay nada peor para nuestro sector que la incertidumbre, el miedo y la ignorancia. Hoy debemos ser capaces de gestionar su renacimiento y reestructuración a partir de la confianza y la proyección. Y tenemos que empezar por lo básico: sin viaje, no hay turismo. De la misma manera, tampoco debemos olvidar el enorme aporte que hace el sector a nuestra economía, impulsando el desarrollo y el empleo a lo largo y ancho del territorio nacional. En este momento de quiebre, abandonar el potencial del turismo es abandonar el potencial del país.

El alza del turismo durante la última década ha sido notable, superando incluso al del PBI mundial. En 2019, por noveno año consecutivo, su crecimiento se ubicó 40% arriba del promedio de la economía global. En Argentina, según el WTTC, el crecimiento del PBI turístico ha duplicado al crecimiento de la economía del país, gracias a un enorme trabajo de conectividad aérea e iniciativas de promoción digital y el reembolso del IVA a los turistas extranjeros, entre otras piezas clave para nuestro desarrollo. Esto no sólo convirtió al turismo en el cuarto complejo exportador de la Argentina sino que lo hizo responsable de generar 1,2 millones de puestos de trabajo para los argentinos.

El crecimiento del PBI turístico ha duplicado al crecimiento de la economía del país, gracias a un enorme trabajo de conectividad aérea e iniciativas de promoción digital y el reembolso del IVA a los turistas extranjeros

Desde hace más de 150 días, el sector turístico está siendo destrozado por la pandemia por la falta de propuestas y acciones concretas al respecto. Ninguno de los múltiples nichos de esta valiosa actividad es capaz de sobrellevar esta colosal crisis: fronteras cerradas, aviones en tierra, hoteles y restaurantes cerrados y, obviamente, quienes eran intermediarios en la comercialización de esos servicios, con actividad nula. La industria sigue registrando estrepitosas caídas en sus ingresos y, como agravante, carece de reservas financieras para seguir a flote en este contexto de tanta incertidumbre y falta de planificación. La situación es verdaderamente crítica.

Más que nunca, el Estado debe darle esperanzas al sector, con herramientas concretas y a medida de sus necesidades. Declaraciones como la del Ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, que considera que "sin vacuna, es inimaginable" una temporada de verano en la costa atlántica, no hacen más que sumar incertidumbre al sector y temor innecesario a la población. Localidades como Mar del Plata y Pinamar vienen de alcanzar récords históricos de turistas durante la anterior gestión, generando empleo para todo el ecosistema. ¿Qué certezas o lineamientos tienen hoy regiones turísticas como esta y otras, tal vez menos afortunadas, para su supervivencia?

Por la enorme importancia que tiene la industria en la economía nacional y su incidencia en millones de puestos de trabajo, es claro que la Ley de Emergencia Turística se tendría que haber tratado con mayor prioridad y urgencia. Esta gran indefinición y falta de planificación es muy perjudicial, sobre todo para destinos que dependen mayoritariamente de momentos puntuales, como las vacaciones de invierno o verano, para sobrevivir. Más que nunca, es indispensable la generación de un protocolo de tránsito por la república, contemplando y cumpliendo todas las medidas sanitarias necesarias, pero que nos permita ejercer el derecho constitucional de movernos libremente por nuestro país.

Queda claro que, en este contexto tan sensible, la Ley de Emergencia Turística es un tema tan urgente como fundamental para el presente y futuro del país, así como para las economías provinciales. Pero también es una oportunidad única para demostrar que es posible trabajar de forma unida, sin sesgos partidarios o políticos, escuchando todas las voces y tomando en cuenta las mejores iniciativas. En ese sentido, propuestas planteadas por el Ministerio como el Fondo de Auxilio y Capacitación, el Fondo de Auxilio para Prestadores Turísticos o el Plan 50 Destinos son positivas, pero resultan insuficientes para lograr contener las necesidades que apremian a las provincias.

Creo que no hay una actividad más global que el turismo, responsable de fomentar un intercambio cultural constante que, además de sus beneficios económicos, a nivel humano nos vuelve más comprensivos, tolerantes y respetuosos. Sin embargo, pareciera que la pandemia del Covid-19 ha sacado a relucir más conductas del "sálvese quien pueda" que de verdadera cooperación. Frente a esto, no me canso de repetir que no hay forma de salir que no sea juntos, con más integración económica, científica, cultural y política. El aislamiento, el encierro y el partidismo ciego no debe tapar las voces de la experiencia que vienen desarrollando el sector de la mejor manera desde hace años.

Debemos trabajar en planes y propuestas concretas para la reactivación del turismo. El éxito es juntos y el momento es ahora.

Exministro de Turismo

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