Una inesperada hoguera de vanidades

Ernesto Martelli
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27 de enero de 2019  

Las supermodelos de hoy (Gigi y Bella Hadid, Kendall Jenner) quedaron expuestas por su actividad habitual: promocionar productos en redes sociales (Instagram) a través de su imagen y su reputación de manera displicente. O negligente.

La cuestión tiene estatus legal y atractivo en la industria del entretenimiento: esta semana se estrenaron dos documentales en los que se las ve bajar de yates, bailar en bikini, beber con extraños, para dar a conocer un festival que se convirtió en una estafa con condena legal. La presentación en streaming de La mejor fiesta que nunca existió (Netflix) y El fraude Fyre (Hulu) pone el foco en el villano (el empresario de startups Billy Mc Farland), pero también en las víctimas de la época: los que compraron tickets para un evento que prometía un fin de semana de lujo, placeres y experiencias atractivas en las Bahamas. Todo se desvaneció cuando un asistente con muy pocos seguidores mostró en su cuenta de Twitter que la paradisíaca fiesta en la isla de las fantasías se reducía a un sándwich triste y carpas inundadas.

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