Una mujer desnuda

Rolando Hanglin
Rolando Hanglin PARA LA NACION
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29 de diciembre de 2009  • 00:55

- Hola, Beatriz. ¿Dónde vas a pasar la Navidad?

- En casa de mis suegros. Bah... Mis ex-suegros. Yo los sigo llamando así porque son los abuelos de mis hijos. Son mi familia.

- ¿Y tu ex -marido?

- ¿Qué tiene?

- ¿Va también a la fiesta?

- ¡Noooo! El no.

- Ah. Pero... ¿Tus hijos ven al padre?

- ¡No, hace once años que no lo ven!

- Qué pena. ¿Y vos no pudiste hacer nada?

- ¿Para qué?

- Para que los chicos vieran a su padre, aunque sea en Navidad, o en los cumpleaños...

- Ah no. Yo no hice nada para favorecer eso. ¡Lo único que faltaba! Yo soy buena, pero no tan, tan buena...

- Tal vez sería saludable para tus hijos.

- ¿Y qué querés que le haga, si el tipo los agarró un día y les dijo que se iba a vivir con otra mujer, y que la otra estaba por tener un hijo y que de acá en adelante no contaran con él? Ni para la plata ni para nada...

- ¿Hizo eso?

- ¡Claro!

- ¿Y para qué hizo eso? ¿Qué necesidad tenía?

- No sé, preguntale a él. Los chicos tenían tres, cuatro y cinco añitos. Ahora, por suerte, ya son grandes, pero no lo volvieron a ver.

- ¡Qué barbaridad! ¿Y la casa de quién era?

- ¿Qué casa?

- La casa donde vos vivías. Cuando estaban todos juntos...

- Ah, era una casita que le había regalado su papá. Así que cuando se enloqueció con esa chiquilina, no tuvo más alternativa que irse. ¡Era la casa de sus tres hijos!

- Y la casa suya, también. ¿Ustedes estaban casados?

- No. Juntados, nomás.

- Ah!, entonces te regaló su casa. Bueno, le dejó la casa, que era su única propiedad, a sus tres hijos y a la madre de sus hijos. Por eso...

- ¿Por eso qué?

- Por eso les habló así. Les habrá dicho: chicos, yo tengo otra mujer, que está embarazada, y les dejo esta casa para que vivan con su madre. De ahora en adelante voy a tener que alquilar un lugar para vivir y no voy a contar con plata, para nada. Por eso no les voy a poder dar dinero. Ustedes cuentan con su mamá y con esta casa que les dejo...

- ¡Lo hacés parecer un santo!

- No, tanto no. Pero se portó muy bien con vos y con los hijos.

- ¡A nosotros nos abandonó porque estaba encaprichado con una adolescente... y para colmo la embarazó!

- ¿Qué edad tenía la adolescente?

- Diecinueve.

- ¿Y tu marido?

- Veintisiete.

- ¡Entonces eran más o menos de la misma edad! ¿Y ahora siguen juntos?

- Sí, por ahora le dura. No creo que llegue lejos. Tienen dos hijos.

- ¡Ah, son una familia constituida!

- ¡Familia era la que tenía con nosotros! Esto que tiene ahora, aunque esté casado por la ley, es un arreglo... qué se yo... precario. No va a durar, porque él bebe mucho y cuando está borracho le da por pegar...

- ¿Cuánto tiempo lleva con esta mujer?

- ¿No te dije? Once años. Cuando ella vea lo que es este monstruo, lo va a dejar. Además, sigue alquilando un departamentito de mala muerte. Sigue trabajando en un taller mecánico. Un desastre.

- Y para colmo vos le arrebataste la casa, los hijos y los padres.

- ¡Ay, no hables así! Me vas a hacer llorar.

- Es que fijate... él ya vivió con esa adolescente, que es mamá de dos hijos, más años que vos. Porque vos...

- Nosotros estuvimos juntos sólo cinco años. Yo fui madre muy joven.

- ¿Y formaste otra pareja?

- ¡No! Yo soy mujer de un solo hombre.

- Pero ese hombre es borracho, infiel y golpeador. Digamos que sos mujer de... ningún hombre. ¿No es cierto, Beatriz?

- Ahora sí, lo lograste, me hiciste llorar. ¡Machista!

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