Una oportunidad para el Brasil de Bolsonaro

Alberto Benegas Lynch (h)
Alberto Benegas Lynch (h) PARA LA NACION
Si la sensatez prima sobre la incivilidad, el nuevo gobierno brasileño podría ser un ejemplo para el mundo
Fuente: LA NACION
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10 de enero de 2019  

Acaba de asumir la presidencia de nuestro vecino y socio más grande un personaje que concita la atención de todos los analistas. Con anterioridad ha formulado algunas declaraciones que han alarmado y enojado sobremanera por resultar del todo inaceptables para cualquier mente civilizada. Pero los políticos suelen desviarse y retractarse de lo dicho antes del ejercicio en el poder, lo cual para nada significa que haya que olvidar tamañas afirmaciones solo dignas de un desaforado, contrarias a todo vestigio de las normas elementales del derecho. De todos modos, es menester tomar nota de su primer paso concreto en el poder al efecto de elaborar un juicio ponderado de lo que realmente comienza a hacer el flamante mandatario.

Jair Bolsonaro responde a un hartazgo en varios frentes, está por verse si en los hechos estará a la altura de los acontecimientos. Asume con dos laderos de envergadura en su gabinete, quienes cuentan con una trayectoria muy destacada en defensa de la sociedad libre: el ministro de Justicia y el ministro de Hacienda. De su discurso inaugural cabe subrayar unos pocos tramos centrales. Comenzó dando gracias a Dios por haber sobrevivido al ataque del que fue objeto, subrayó el rol de la familia y señaló su disconformidad con la denominada ideología de género.

En segundo lugar, abogó por el abandono de pesadas burocracias y reglamentaciones que, con diversos matices y etiquetas, estuvo presente sin solución de continuidad en Brasil desde sus orígenes. Eso lo tradujo en la promesa de mercados abiertos y competitivos, que son inseparables de marcos institucionales conducentes al respeto recíproco sin distinción de ninguna naturaleza. Asimismo, es de interés destacar que en este contexto durante su campaña marcó su decidido rechazo al Foro de San Pablo, que concentra el estatismo vernáculo más recalcitrante y retrógrado del continente.

Un tercer capítulo lo refirió a la importancia de dotar a las fuerzas de seguridad de las garantías para que cumplan su deber de proteger derechos de todos sin discriminaciones, y en esta línea argumental sostuvo la necesidad de preservar el legítimo derecho a la defensa propia. Por último, pero no por ello menos importante, intercaló con énfasis en su discurso la trascendencia de combatir la corrupción al efecto de salir de la crisis moral que viene arrastrando su país en diversas esferas.

Es sumamente relevante detenerse a considerar el clima en el que asume el nuevo presidente, para lo cual es menester hacer referencia a los ejes centrales de la historia de Brasil. En este sentido, entre valiosos documentos en la misma línea narrativa, nada mejor que recurrir a la pluma de David Fleischer -profesor en la Universidad de Brasilia-, quien en un largo y bien respaldado ensayo explica este contexto clave para entender la genealogía de la situación actual.

El análisis de Jorge Liotti: La nueva dinámica en la región

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Alude a la larga serie de estrepitosas corrupciones gubernamentales en Brasil, desde épocas de la colonia hasta el presente, lo cual no incluye a todos los mandatarios y sus colaboradores, pero sí a buena parte de ellos. El trabajo comienza señalando que Portugal otorgaba privilegios a sus agentes del continente americano y cerraba los puertos al comercio extranjero, hasta que la corona debió aceptar la ayuda inglesa para trasladarse de Lisboa a Río de Janeiro, en 1808, ante la amenaza napoleónica, lo cual obligó a una apertura relativa que se revirtió con la independencia, en 1822, a partir de la cual se fueron fortaleciendo monopolios legales y otros privilegios durante todo el período imperial hasta su fin, en 1889.

A partir de entonces, nos sigue relatando Fleischer, desde el fin del imperio hasta los años 30, todos los sectores más importantes de la economía brasileña operaron sobre la base de concesiones gubernamentales, como la administración de puertos, la electricidad, la telefonía, los ferrocarriles, la minería, el transporte urbano y el petróleo.

Desde la revolución de Getulio Vargas las concesiones se estatizaron, lo cual incluyó el establecimiento de bancos estatales, con lo que la corrupción se incrementó respecto del ya fallido sistema de las concesiones como gracias otorgadas por el poder de turno. Como una nota al pie, recordamos que el dictador Vargas pretendió que Stefan Zweig escribiera su biografía, a lo cual el escritor se negó. En su lugar escribió una suculenta descripción de Brasil, donde residía en aquel momento, en la que el autor sugiere que esa excolonia portuguesa podría convertirse en "el país del futuro" si modificara "esa avidez y ese afán de poder sin freno alguno".

En los noventa se decidió privatizar empresas en Brasil, pero traspasando los monopolios gubernamentales a monopolios privados, con lo que se dejó de lado la competencia y se abrió el camino a todo tipo de abusos. Que ya habían sido cometidos antes por los aparatos estatales, pero en esta ocasión la mancha se extendió al sector privado, degradando la idea de la privatización.

También escribe Fleischer que, básicamente, con algún interregno no muy significativo, hasta el momento se mantienen los privilegios de las llamadas reservas de mercado, exenciones fiscales, permisos para importar, tipos de cambio preferenciales, subsidios a través de tasas de interés, privilegios en licitaciones públicas, inmunidades políticas, nepotismo, jubilaciones especiales, protecciones arancelarias, uso de activos gubernamentales para beneficios privados y otras prebendas.

Se ha dicho que el Partido de los Trabajadores -dejando de lado sus corrupciones denunciadas y sancionadas en los estrados judiciales- sacó a gente de la pobreza. Pero lo que no se dice es que esto es engañoso y aparente, ya que arrancó recursos a los sectores más eficientes para atender espejismos populistas, con lo que la abrupta caída en la productividad colocó una bomba de tiempo en el sistema.

La situación general de Brasil, en lo esencial, no difiere de otras experiencias en nuestra región. El gasto público elefantiásico, empresas estatales ruinosas, regulaciones asfixiantes, impuestos astronómicos, pesadas deudas gubernamentales, alianzas hediondas entre el poder político y empresarios prebendarios, corrupciones colosales y nacionalismos y consecuentes xenofobias, signos de barbarie que hoy parecen dominar buena parte del llamado mundo libre, todo en el contexto de una alarmante inseguridad. Esto último a veces ha confundido las necesarias garantías de los derechos individuales, como el debido proceso, con una colosal ausencia de resguardo y protección a los ciudadanos pacíficos que quedan en manos de delincuentes que no son debidamente recusados.

Como ha consignado lord Acton: "El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente". Es de desear que la parte sensata del nuevo gobierno en Brasil pueda operar sin claudicaciones en dirección a una sociedad abierta y abandone prácticas estatistas que han perjudicado muy especialmente a los más necesitados, y hacemos votos para que no vuelvan a aparecer manifestaciones horripilantes como las formuladas en el pasado por el actual gobernante. De ser así, sería un magnífico ejemplo para el resto del mundo.

Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso

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