Una política exterior diversificada y dinámica

Patricio Carmody
Patricio Carmody PARA LA NACION
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12 de septiembre de 2020  • 00:00

En un escenario global oscilante y con desplazamientos del poder relativo hacia Oriente, la Argentina debe diseñar e implementar una estrategia de diversificación dinámica. Es decir, el enfoque de horizontes diversos -mantener relaciones positivas y simultáneas con las potencias establecidas, los nuevos centros de poder y el exterior próximo- no puede ser estático en un contexto cambiante. Así, es necesario analizar las variaciones relativas de poder y reaccionar consecuentemente para maximizar en cada etapa el bienestar general de los argentinos.

En la implementación de esta diversificación dinámica, la misión mas delicada será la de optimizar a la vez las relaciones con Estados Unidos y China. La Argentina no es el único país que enfrenta este dilema. Incluso potencias establecidas y medias deben actuar con destreza para maximizar sus intereses de corto y largo plazo ante esta rivalidad.

Japón, en la primera línea de un potencial conflicto militar entre Estados Unidos y China, juega un rol crítico como contrapeso a la creciente influencia china. Su política exterior combina posiciones tradicionales con otras que reflejan los vientos cambiantes. Estados Unidos es su aliado militar y diplomático más importante, al ser Japón un factor clave para la estrategia norteamericana de mantener la paz en la región. Pero China es su primer mercado exportador, lo que alienta a Japón a mejorar sus lazos económicos con su poderoso vecino. Sin embargo, Japón tiene la suficiente autoconfianza tecnológica y militar como para señalar que las acciones unilaterales chinas en el mar del Este chino, donde mantienen disputas territoriales, son inaceptables

En plena intersección de los intereses de Estados Unidos y China, los países del Sudeste asiático, que prosperaron bajo la Pax Americana, deben ahora maniobrar ante una China más firme y activa en la región. Si bien Estados Unidos es la principal economía mundial, importante para sus exportaciones, China es su principal socio económico, y actúa como un importante integrador de las cadenas productivas del Asia-Pacífico. Estas naciones se encuentran además en una zona crítica para el comercio marítimo chino. Por eso apoyan y alientan el activismo internacional de Japón, que en lo comercial se ha traducido en el acuerdo comercial transpacífico, y en lo militar se enfoca en construir una coalición con potencias medias para balancear la presencia china.

Australia, aunque más alejado, también se encuentra en un potencial primer frente de esta contienda. Por un lado ha reorientado sus exportaciones hacia Asia, y en particular hacia China, especialmente las de su eficiente sector minero. Por otro lado, ha peleado todas las guerras en los últimos cien años junto a Estados Unidos. Y recientemente ha elevado su presupuesto militar para actuar en el Indo-Pacífico, junto a Japón e India, ante una potencial amenaza china.

Europa, ubicada en un potencial segundo frente de este conflicto, encuentra obstáculos tanto para implementar su estrategia transatlántica -crítica para su seguridad-, como para avanzar en una estrategia euroasiática (Trump ha alienado a sus aliados europeos mediante su antimultilateralismo). A su vez, su "edad de la inocencia" con respecto a China ha terminado. Por un lado buscará una mayor reciprocidad comercial, y por el otro tratará de depender menos de China en términos de suministros estratégicos. Aunque comparte valores con Estados Unidos, Europa procurará demorar el tomar partido por una de las dos potencias.

Al estar la Argentina más alejada de estos dos contrincantes, es útil escuchar el punto de vista del ex-presidente Fernando Henrique Cardoso. Cree que Brasil -y esto aplica también a la Argentina- tiene un compromiso con respecto a defender los valores de la libertad, la democracia representativa y los derechos humanos, que comparte con los Estados Unidos. Pero cree que es demasiado temprano como para alinearse automáticamente. Considera que la conducta de Brasil debe depender de cada tema en cuestión; acuerda con el profesor de Harvard Joseph Nye, en que si Washington actuara en forma absurda, Brasil no está obligado a seguirlo. Cardoso cree que se debe "jugar con ambas potencias", maniobrando con cuidado.

Con estos ejemplos en mente, los integrantes de la "cuadriga" exterior argentina -diplomáticos, políticos, académicos, empresarios- deben diseñar una política que asegure la diversificación dinámica de nuestras relaciones exteriores. El Gobierno no debe despreciar las discusiones con otros miembros de la "cuadriga". Subestimar el peligro de implementar una política exterior equivocada puede aumentar los riesgos para el país. Todo canciller debería tener en cuenta lo expresado por el exsecretario de Estado Dean Acheson: "Su puesto depende del éxito de su partido, pero el éxito en su puesto depende del apoyo bipartidario".

Especialista en relaciones internacionales; miembro consultor de CARI y de Cippec

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