Una "valla" diferente de otras

Michael B. ChristidesPara LA NACION
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1 de febrero de 2011  

Considero importante aclarar desde el principio: estoy en contra de todos los muros y "muros" que obstaculizan el libre desplazamiento de las personas y la circulación sin barreras de las ideas. Los únicos muros que podría aceptar son aquellos sobre los cuales los jóvenes inquietos registran y pintan sus sueños por un mañana mejor, más justo.

Sin embargo, más allá del mundo de los sueños de los jóvenes, existe la llana, muchas veces dura, realidad. Recientemente en la prensa internacional tomó dimensiones la intención del gobierno de Grecia de construir una valla, de aproximadamente 12,5 kilómetros, en la extensa frontera (terrestre y marítima) entre Grecia y Turquía, con el propósito de obstaculizar la entrada de inmigrantes ilegales en el territorio nacional. Pocos de los columnistas difundieron o comentaron la noticia en su verdadero contexto y, como consecuencia de ello, esa deficiente información condujo a conclusiones erróneas.

La verdad es que Grecia es el país europeo más afectado por el inadmisible fenómeno de la actual trata de personas, donde redes criminales organizadas explotan las expectativas, los sueños y, principalmente, los ahorros obtenidos con el duro esfuerzo de miles, si no de millones, de habitantes pobres y perseguidos de diferentes países. De acuerdo con datos oficiales, en 2010 Grecia debió enfrentar la entrada de 128.000 inmigrantes ilegales, hecho que, esencialmente, significa que cada día se agregó a su población un pueblo de 350 habitantes de diferente origen, idioma y religión, a los cuales debió asistir para que tengan un alojamiento digno, alimentos, atención médica para los enfermos y débiles, y mucho más.

Es característico que más del 90% de los arrestos de inmigrantes ilegales en las fronteras exteriores de la UE se realizaron en la frontera griega. Sólo desde Turquía, los primeros once meses de 2010 llegaron a Grecia 50.000 inmigrantes ilegales, número acrecentado en un 45,5% en relación con el período correspondiente del año 2009. Especialmente, durante el mismo período, el número de inmigrantes arrestados cruzando la frontera greco-turca por tierra ascendió en un 430,9% (!) en relación con el mismo período de 2009.

Para hacer frente a este problema sin precedente, que tiende a tomar dimensiones de crisis, el gobierno griego elaboró un plan de acción integral tanto para la reforma del sistema nacional de asilo como para la gestión de los flujos migratorios, un plan que se presentó y fue recibido positivamente por los socios de la UE y de la Comisión Europea. Para la mejor protección y vigilancia de sus fronteras, y también para reforzar la eficacia de la capacidad de disuasión frente a las presiones de inmigración clandestina por la frontera terrestre greco-turca, el ministerio griego a cargo decidió la construcción de un obstáculo artificial (valla), que, se espera, funcionará como un mensaje claro para las redes organizadas de tráfico y para los inmigrantes clandestinos de que esta región concreta, esta frontera exterior de la UE, no se ofrece como una puerta de tránsito libre para la entrada ilegal en Europa. Este es el único objetivo de este "muro", que, todos sabemos, en sí no es una "panacea" para la mitigación y la solución del problema mundial de la trata de personas y de la inmigración clandestina, temas cuyo tratamiento es, por supuesto, responsabilidad y obligación de todos los países, principalmente de los más desarrollados.

Más allá del cumplimiento de sus obligaciones internacionales y europeas, Grecia debe proteger los derechos de los ciudadanos griegos y europeos que residen legalmente en su territorio y en el espacio europeo, responsabilidad y obligación que, por otra parte, todos esperan que siga cargando sobre sus hombros con éxito y eficacia.

Estoy seguro de que la aproximación al tema de la "valla griega" desde este punto de vista hace más clara y comprensible la necesidad de su construcción.

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