Unicef enfrenta la violencia contra la mujer

Por Barbara Crossette The New York Times
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27 de marzo de 2000  

NACIONES UNIDAS

UNICEF ha lanzado una campaña contra los actos de violencia homicida de que son víctimas las mujeres de determinadas culturas, desamparadas por la ley y la sociedad. "Es una violencia casi autorizada", señala su directora ejecutiva, Carol Bellamy. Es el tema central de la asamblea que, durante dos semanas, convocó en Nueva York a representantes de diversas organizaciones, a fin de evaluar los progresos alcanzados a cinco años del congreso de Pekín.

La campaña de Unicef se centrará en los asesinatos "en defensa del honor" o por la dote, el infanticidio de niñas, los ataques con ácidos y otros actos similares. En algunos países, aun habiéndose derogado las leyes que defendían el derecho masculino a ejercer la violencia contra las mujeres, la cultura que las implantó sigue influyendo enormemente en la conducta de la población. Las peores situaciones se dan en una franja que abarca desde el Mediterráneo hasta el límite de Asia Sudoriental, en especial Paquistán, India y Bangladesh. "En todas partes hay violencia y discriminación, pero en el sur de Asia... Cuando enviamos gente allí, a los seis meses vuelven convertidos en feministas rabiosos", comenta Bellamy.

Agencias de la ONU y miles de organizaciones locales de decenas de países han descubierto que el camino hacia una vida mejor para las mujeres oprimidas se topa, inevitablemente, con leyes que favorecen a los varones. Según afirman, eso explicaría por qué algunos países nunca se desarrollan plenamente. Si bien casi todos los ataques violentos contra mujeres son técnicamente ilícitos, ciertos datos recopilados por Unicef con ayuda de organizaciones de base indican su persistencia.

En Bangladesh, los casos denunciados de desfiguración alevosa con ácidos (a menudo, cometidos por hombres rechazados por las víctimas) aumentaron de 47, en 1996, a más de 200, en 1998. En la India, sólo en 1997, se denunciaron más de 6000 casos de "novias quemadas vivas" y otras formas de asesinato por cuestiones dotales. Unas murieron por no haber aportado una dote suficiente, a juicio de sus parientes políticos; otras, porque, habiendo sido elegidas por la familia del novio, no resultaron del agrado de éste. También en 1997, en una sola provincia de Paquistán, se denunciaron unos 300 asesinatos de mujeres cometidos por parientes para salvar la honra de la familia.

La cultura como excusa

En la versión india del "crimen por honor", la violencia se descarga, a veces, contra los casamientos entre jóvenes de distintas castas hindúes, o entre hindúes de casta y parias. En su último informe anual sobre derechos humanos, publicado en febrero, el Departamento de Estado norteamericano menciona igualmente unos 10.000 infanticidios anuales contra niñas cometidos en la India, además de una cantidad desconocida de abortos para no darlas a luz.

En opinión de Adrienne Germain, presidenta de la Coalición Internacional por la Salud de la Mujer y ex representante de la Fundación Ford en Bangladesh, muchas sociedades se amparan en su cultura y religión para eludir el problema del abuso del poder masculino irrestricto. "De un par de años a esta parte, el público tomó conciencia de la mutilación genital femenina y se horrorizó _dice_. Este año, el tema sería los crímenes por honor y la tendencia a achacarlos a una religión en particular: el islam. Pero no es un fenómeno religioso, sino algo relacionado con la dominación masculina, el patriarcado y el poder."

Pinar Ilkkaracan, fundadora de la organización turca Mujeres por los Derechos de la Mujer, acota que, en ocasiones, Occidente es demasiado simplista al responsabilizar a la religión por los problemas femeninos en los países islámicos. Para muchas musulmanas, culpar a la religión por crímenes como el "asesinato por cuestión de honor" a la larga resulta contraproducente. En Jordania, Líbano, algunas partes de Palestina y Turquía oriental, estas muertes se condonan mayoritariamente por razones culturales; acusar al islam incita a una reacción violenta. Ilkkaracan, que investigó y combatió la frecuencia de estas muertes en sociedades tribales rurales de Turquía oriental, confiesa que debió moderar su campaña porque los observadores externos la presentaban como un problema islámico.

Para ella, la violencia contra la mujer culturalmente autorizada es, en realidad, un fenómeno propio del Mediterráneo. Aun en España y Portugal se perdonaba extraoficialmente, hasta que ambos países se incorporaron a la Unión Europea. El machismo latinoamericano, concluye, se enraíza en la Península Ibérica.

"Unicef se ocupa de los niños _advierte Bellamy_, pero es imposible hacerlo sin tener en cuenta a los progenitores y, en particular, a la madre. La supervivencia del niño ya se ve comprometida, ante todo, por la desnutrición de la madre. De niña, recibe menos cuidados que un varón. Deja la escuela a edad temprana, para casarse. Con harta frecuencia, abusan físicamente de ella, sobre todo en el ámbito familiar. No recibe la adecuada atención prenatal, ni cuenta con un servicio de obstetricia para casos de urgencia. ¡Y nos preguntamos por qué existe el problema de la supervivencia infantil!"

© La Nación

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

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