¡Vamos!

Hugo Caligaris
Hugo Caligaris LA NACION
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18 de mayo de 2003  

"¡Vamos, Menem!"

(Texto completo del último aviso del ex presidente, emitido cuando ya se daba por segura su renuncia a participar en el ballottage.)

La publicidad es un arte que se perfecciona día tras día. Al doctor De la Rúa las ideas de los creativos lo ayudaron a llegar, pero no le sirvieron cuando tuvo que irse, en helicóptero y sin eslogan que valiera. En cambio, "°Vamos, Menem!" daba, da y dará para cualquier variante. Ligeros cambios en el énfasis y en la intención con que se pronuncie la frase muestran lo bien que se adapta a circunstancias disímiles. Ahora, por ejemplo, cuando definitivamente ha llegado la hora de que el ex candidato consagre su tiempo a los placeres del hogar y la familia y, tal vez, a la confección de un libro de memorias en dialecto nativo, debe entonarse a modo de invitación, como entre suaves signos interrogatorios: "¿Vamos, Menem?"

Otra aplicación: el ex mandatario acaba de violar las únicas dos leyes con las que todavía no se había metido, la del ballottage y la de la gravedad, puesto que Newton no imaginó que fuera posible eyección tan espontánea no generada por cataclismos naturales o artificiales. Pero para justificar su precipitado viaje al espacio dijo que la renuncia se debía a que se habían incumplido disposiciones legales referidas a los comicios internos de los partidos políticos y que él no estaba dispuesto a soportar semejante atropello. En este caso, a la memorable sentencia publicitaria con la que Menem coronó sus años proselitistas habría que agregarle algunas vocales, con el fin de expresar incredulidad: "Vaaamos, Menem..."

Lamentablemente, se diría que ya no resulta útil en su versión original, con signos admirativos, porque el interesado no tiene mucho para festejar. Pero tal vez ande necesitando un empujoncito. Se lo ha visto desconectado después de dimitir, como si lengua y razonamiento no trabajaran al unísono. Quienes hayan atravesado por algo semejante lo comprenderán: es como estar viviendo en un sueño. La lógica se pierde, el sentido común se dilata. Hace falta entonces que a uno lo despierten, que a uno le griten. Y en ese sentido la obra cumbre de la publicidad política da otra vez prueba de su maestría: ¡¡¡Vamos, Menem!!!

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