Vargas Llosa y Borges

Carlos M. Reymundo Roberts
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30 de abril de 2018  

Vargas Llosa anduvo a los saltos durante su visita al país, siempre en olor de multitud: Buenos Aires, Rosario, Mendoza, la Feria del Libro, la cena por los 30 años de la Fundación Libertad... También tuvo encuentros más reservados. Anteanoche fue agasajado con una comida por el ministro de la Producción, Francisco Cabrera, y su mujer, Gloria Fiorito. Allí, ante no más de 12 personas, contó que lleva seis meses trabajando en su próxima novela (no quiso adelantar de qué se trata), que mantiene su costumbre de escribir por las mañanas y que reserva al menos dos horas por día para leer. Por supuesto, se habló de Borges, sobre cuya obra, reveló, nunca deja de volver. "Era brillante no solo por lo que escribía, sino por su inteligencia, su velocidad mental, su memoria, su humor".

Contó que una vez lo invitó a comer a su casa en Lima. En un momento, Borges, que ya no veía, le pidió que lo acompañara hasta el baño. "Tendrás que hacer de navegante", le dijo. Tomándolo del brazo, Vargas Llosa lo llevó a un toilette. Mientras lo esperaba, Borges, borgianamente, interrumpió el silencio con una pregunta inesperada. Inesperada por el tenor y por las circunstancias: "Dime, Mario, ¿tú crees que esto de los católicos va en serio?".

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