Viaje sin fin

Violeta Gorodischer
Violeta Gorodischer PARA LA NACION
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13 de mayo de 2020  

Edición fotográfica Dante Cosenza
Edición fotográfica Dante Cosenza Fuente: Reuters - Crédito: Ali Hashisho

Sidon, Líbano.- A comienzos del siglo XX, allá por 1914, el pintor griego Giorgio De Chirico pintaba por primera vez un maniquí envuelto en una túnica blanca en medio de esculturas en ruinas. El cuadro se titula Viaje sin fin y, para muchos, representa la imagen del hombre redimido, erguido de pie en medio del desastre ocasionado por las guerras. No es casual la referencia, ni el punto de inflexión en la obra del artista: desde hace siglos nos resulta inquietante el maniquí como doble deformado, imagen distópica de un mundo no humano donde nuestro eco continúa, de todos modos, presente. Hoy, en medio de una pandemia apocalíptica que tiende a recluirnos y deshumanizarnos, la foto de este negocio del Líbano donde tantos cuerpos inertes rodean a un sujeto desprotegido (no es él quien lleva barbijo) resulta igualmente perturbadora. ¿Quién se levantará, erguido, de esta guerra?

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