Víctimas olvidadas

Por Peter Nonnemacher Frankfurter Rundschau
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22 de agosto de 2001  

LICHFIELD, Staffordshire

EN esta ciudad inglesa, un muchacho espera su ejecución con los ojos vendados bajo un mechón rebelde y las manos atadas por detrás de la espalda. Es de piedra y no se divisa ningún pelotón de fusilamiento en el soleado Parque Nacional Alrewas.

La frustración que expresa su rostro, captada por la piedra muda, ya ha conmovido a muchos británicos. Apenas inaugurada, su fotografía motivó en forma directa nuevos llamamientos al gobierno para que otorgue una amnistía general a los desertores de la Primera Guerra Mundial. Un tema tabú en el Reino Unido, dolorosamente reabierto por los descendientes de los fusilados.

Por cierto, entre los soldados ejecutados por sus propios jefes entre 1914 y 1918, hubo más británicos que alemanes o franceses, para citar dos ejemplos. Según los archivos británicos, sumaron 306. El nuevo monumento en Alrewas, erigido por iniciativa de sus familias, les está dedicado. Fueron las víctimas de una época y una cultura militar mucho más inflexibles que las actuales.

La estatua representa al cabo de lanceros Herbert Burden. Se alistó a los 16 años, falseando su edad para no ser rechazado en el centro de reclutamiento. Traumatizado por la matanza de 1914 en Ypres (la llamada "masacre de los inocentes"), perdió el coraje. Lo arrestaron, lo condenaron a muerte por desertor y lo fusilaron. Tenía 17 años. Detrás del monumento, 305 postes de madera, dispuestos en semicírculo, recuerdan a quienes tuvieron el mismo fin. Llevan sendas placas con sus nombres, edades, grados y fechas de ejecución.

Durante el acto inaugural, Gracie Harris, de 87 años, habló en nombre de muchos de los allí presentes. Expresó su "orgullo y profunda gratitud" al ver que, por fin, hay un lugar público donde honrar "a quienes jamás se debería haber fusilado". Gracie tenía apenas 3 años cuando una corte marcial juzgó a su padre, Harry Farr, de 25 años.

Luego de un operativo en Francia, lo habían encontrado en un estado de perturbación total. Estuvo varios meses en tratamiento por neurosis de guerra, pero durante la ofensiva en el Somme lo enviaron de vuelta al frente. Una vez allí, desanimado, se negó a seguir avanzando.

Años de vergüenza

Gracie Harris contó que su madre se sintió tan afectada y avergonzada por la suerte corrida por su marido, que esperó 37 años para decirle a su hija cómo había muerto realmente su padre. Por entonces, el gobierno británico no daba pensiones a las viudas de desertores fusilados. Todavía hoy, ocho décadas después, sus familias tienen que luchar por un reconocimiento de su situación.

En 1997, el flamante gobierno laborista declaró su intención de otorgar una amnistía póstuma. Sin embargo, al año siguiente retiró el plan debido a las fuertes protestas de altos jefes militares.

El laborista Andrew Mackinley, que abogó ante sus colegas del Parlamento por la rehabilitación de los desertores, ha expresado su decepción por la negativa del gobierno. Espera que el monumento en Alrewas dé nuevo impulso a su campaña, aunque señala que los "desertores" ya han sido rehabilitados por el máximo tribunal del país: la opinión pública.

(Traducción de Zoraida J. Valcárcel)

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