Victoria Murillo. "El Frente de Todos todavía no tiene una identidad "

María Victoria Murillo
María Victoria Murillo Crédito: Santiago Cichero/AFV
La politóloga, que este año publicará un libro en coautoría con Steven Levitsky, dice que en la coalición gobernante hay "dos polos que intentan construir poder" en un contexto de menor paciencia ciudadana
Astrid Pikielny
(0)
25 de enero de 2020  

Esta vez, sus reflexiones se escuchan al otro lado de la línea telefónica. Aunque vuelve con regularidad a su país, la politóloga argentina María Victoria Murillo vive desde hace muchos años en Estados Unidos, el lugar donde desarrolló una intensa vida académica que incluye un doctorado en Harvard, docencia en la Universidad de Yale y, desde 2003, un cargo como profesora en el departamento de Ciencia Política y Asuntos Internacionales en la Universidad de Columbia.

A poco más de un mes de la asunción del nuevo gobierno, Murillo analiza los desafíos internos y externos del Presidente, las tensiones hacia dentro de una coalición heterogénea y el papel de Cristina Kirchner. "El Frente de Todos todavía no tiene una identidad, son muchas personalidades diferentes tratando de caminar juntas. Y, a diferencia del gobierno anterior, vemos cómo se intenta consolidar el liderazgo de un presidente que llegó ahí por decisión de la vicepresidenta", dice. Para la politóloga, Alberto Fernández "tiene más vocación de persuadir que de imponer y tiene necesidad de explicar, explicarle a la propia coalición, de explicarle a la oposición, de explicarle al votante medio. No es el 'síganme' de Menem, en donde no había explicación".

Egresada de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires, Murillo vivió en la Argentina, México y Venezuela, escribe sobre la región y vuelve a la Argentina con frecuencia. Ha publicado extensamente sobre reformas de mercado, políticas laborales y fortaleza institucional en América Latina. Es autora de Sindicatos, coaliciones partidarias y reformas de mercado en América Latina (Siglo XXI) y a mediados de año publicará La debilidad de las instituciones en América Latina (Siglo XXI), coescrito con Steven Levitsky y Daniel Brinks.

Si tuviera que hacer un identikit del Frente de Todos, un espacio en el que conviven sectores tan distintos del peronismo y del kirchnerismo, ¿qué características tendría?

Si uno mira la realidad argentina desde el 83 hasta ahora, pasamos de un modelo bipartidista a un modelo de coaliciones. Los primeros gobiernos giraron entre el peronismo y el radicalismo en un bipartidismo que acumulaba la mayoría de los votos, y en esta última elección, ese electorado se polarizó y se movió a dos coaliciones que representan más o menos lo mismo que aquellos dos partidos de la transición democrática. Pero tanto Cambiemos como el Frente de Todos son mucho más heterogéneos en su funcionamiento que lo que eran los partidos originales. Además, la composición de ambos frentes se hizo poco tiempo antes de la elección: Cambiemos se formó poco antes de la elección de 2015 y el Frente de Todos se inició cuando Cristina Fernández de Kirchner anunció que el candidato iba a ser Alberto Fernández y que ella iba a ser la candidata a vicepresidenta. Recuerdo que después de ese anuncio, más que a hacer campaña Alberto Fernández se dedicó a conformar el Frente de Todos. Es una coalición que tiene muy poco tiempo y no tiene ningún patrón de funcionamiento institucionalizado.

A diferencia de lo que sucede en otros países con experiencia en coaliciones.

Sí, porque si uno compara, por ejemplo, con la experiencia chilena, son coaliciones mucho más aceitadas con cuotas en la formación de gobierno. Acá tenemos un frente armado hace relativamente poco, hecho en gran parte por la capacidad del Presidente como operador político, y que se organiza con dificultad, tratando de mantener cierto equilibrio entre las partes. Esto demuestra que el Frente de Todos todavía no tiene una identidad, sino que son muchas personalidades tratando de caminar juntas. Alguien me dio el ejemplo de los frutos del bosque: está la frutilla, el arándano, la frambuesa, todos son frutos del bosque, pero cada uno es distinto. A diferencia del gobierno anterior, vemos cómo, en un país muy presidencialista, se intenta consolidar el liderazgo de un presidente que llegó ahí por decisión de la vicepresidenta.

¿Cómo cree que se van a tramitar las tensiones?

Creo que eso va a demandar más tiempo del Presidente que en otras ocasiones, y se ve en los nombramientos y en el proceso de toma de decisiones en el Estado. Él, como operador político, tiene un valor insoslayable en la coalición y su liderazgo va a ser muy importante en resolver cualquier tensión. La metodología anterior de los presidentes argentinos ha sido más bien de imponer en lugar de tratar de conversar y dialogar y, hasta ahora, se ha visto al Presidente con más vocación de persuadir que de imponer, incluso al interior de su coalición.

El contexto exige negociaciones hacia adentro y hacia afuera, en medio de la crisis económica. ¿Hay tiempo?

Es un momento complicado y hay razones domésticas e internacionales que le acortan el tiempo y meten presión por decisiones de mayor velocidad. Desde el lado doméstico, está el hecho de que desde agosto del año pasado se sabía que él iba a ser presidente, entonces la luna de miel comenzó antes en la mentalidad de la gente. Me da la impresión de que hay menos paciencia. La otra pata es la crisis económica. Esto se vio ahora con el tema de la tarjeta alimentaria y la discusión sobre la implementación inmediata. Respecto del componente internacional, está el tema de la deuda heredada y qué señales va a dar el gobierno para su reestructuración. Además, estamos viendo una región que, ante la desaceleración económica, muestra menos paciencia con el sistema político. La Argentina y Uruguay han sido una excepción al dar solución al descontento con un voto castigo y una alternativa electoral, a diferencia de los casos de Chile, Colombia, Ecuador, incluso Perú, que terminó en una crisis institucional, aunque no hubo tanta movilización popular.

El Gobierno instaló una narrativa de emergencia: el país es "tierra arrasada" que exige "solidaridad" para "poner a la Argentina de pie". ¿Qué observa de diferente en esta narrativa de crisis respecto de otras?

El "heredé la crisis", diría, es la narrativa habitual de todos los gobiernos, al menos desde Alfonsín para acá. La idea de "tierra arrasada", creo yo, tiene más que ver con "ténganme paciencia". Macri tardó más en usar la crisis porque le pareció que ese recurso asustaba y quería la famosa lluvia de inversiones que no llegó. Pero ahora este recurso es clave para pedir paciencia interna y externa. De todos modos, no veo tanto del discurso refundacional que usaron tanto Alfonsín como Menem o Kirchner. "Poner a la Argentina de pie" está bien, pero no es tan claro hacia dónde vamos y es un poco menos jugado que "vamos a volver a vincular a la Argentina con el mundo" o las "relaciones carnales".

La crisis exige tomar medidas que quizá no sean populares. ¿Coincide con Guillermo Calvo cuando dice que el peronismo puede hacer ajuste con apoyo popular? Un ejemplo, el Presidente pidió a los gremios moderación en las negociaciones paritarias. Si eso lo hubiera pedido un presidente no peronista, probablemente tendría la calle tomada.

Mi primer libro trata sobre eso y hay un artículo muy interesante de Mariano Tommasi y Alex Cukierman cuyo argumento es el siguiente: Nixon es el que volvió a tener relaciones con la China comunista en Estados Unidos, y la razón por la cual Nixon podía hacer eso y no Kennedy es porque nadie dudaba del anticomunismo de Nixon. Ese argumento fue aplicado muchas veces para tratar de entender por qué partidos de base sindical tenían más credibilidad con el sindicalismo; y uno de los argumentos que hay en la teoría argentina y de otros países del mundo es que el sector sindical o el campesinado tienen confianza de que eso que se les pide en el corto plazo será devuelto después. El peronismo tiene crédito, esa capacidad de generar la confianza de actores que creen que se les va a pagar más adelante.

¿Esa confianza se mantiene incluso a pesar de la versión neoliberal del menemismo?

Correcto. Fue lo que ocurrió durante el gobierno de Menem. Uno recuerda la cantidad de paros generales por políticas de ajuste durante el gobierno de Alfonsín; Menem, en cambio, tuvo una gran luna de miel con el sindicalismo.

El Presidente creó el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad. ¿Cree que es suficiente la cantidad de mujeres en lugares ejecutivos?

No quiero ser el "feminómetro". Voy a dar una respuesta desde la ciencia política y una más personal. Desde el punto de vista analítico, estas políticas públicas son clave para el gobierno en un momento de vacas flacas. No hay mucho para distribuir, entonces políticas públicas que son relativamente baratas y no tienen un costo fiscal inmediato -como la despenalización del aborto y la creación del ministerio- son muy importantes para dar señales. Con respecto al ministerio y los nombramientos, voy a darte una respuesta más personal. Veo una tensión entre esfuerzos de cambio y prácticas que siguen siendo las mismas. Entiendo que es difícil hacer cambios en el corto plazo, pero para mí no debieran ser todas mujeres en el ministerio nuevo. Cuando se habla de géneros se habla de hombres, mujeres, trans. ¿Por qué encasillarlo? Y veamos prácticas, como los partidos de fútbol del gabinete, donde estoy segura de que no hay ninguna ministra mujer. Las crónicas reportan que Béliz es malo jugando y Guzmán es bueno, pero no escucho que haya ninguna mujer. Hay mucho escrito sobre cómo en realidad son los mecanismos informales los que importan en la toma de decisiones. En eso no veo grandes cambios. Hay cambios de prácticas que requieren más que algo que puede tener un valor simbólico.

¿Por ejemplo?

Si uno recuerda que Alfonsín y Menem tuvieron que juntarse con sus mujeres y el peso de la tradición era enorme, me parece más significativo que el Presidente no esté casado con su pareja. No sé quién es ella, no la conozco, pero simbólicamente tiene un peso. Espero que todas las mujeres que están en el Gobierno traten de cambiar las prácticas de los ministerios, de sus colegas. El feminismo no tiene que ser un tema solo de mujeres. La realidad es que todos tenemos que cambiar, y hay mujeres que tienen actitudes machistas, y hay hombres que no. Entonces, me parece muy bueno que se haya incorporado la temática de género en la discusión política pública y creo que habría que empujar más esa conversación. Yo preferiría más mujeres en todos los ámbitos (públicos y privados), pero está bueno que hayan empezado a nombrar más mujeres en el Gobierno y que hayan tomado el tema de género como relevante, en respuesta a la movilización social de #NiUnaMenos y del aborto. El peronismo tiene una tradición de reconocer la movilización social y tratar de contenerla, como ocurrió con los piqueteros y con el movimiento por la diversidad sexual durante el kirchnerismo. No es que fueran temas de larga data, sino que se prestó atención a los nuevos grupos de una forma pragmática.

¿Qué observa en la relación entre el Presidente y el gobernador de la provincia de Buenos Aires?

Visto desde afuera, tanto Alberto Fernández como Axel Kicillof les deben su lugar a los votos de Cristina Fernández. Ambos comparten eso. Vos me preguntabas sobre el feminismo: el papel de Cristina Fernández ha sido clave en pensar la política y en hacer esa jugada.

Pero uno podría analizar esa jugada como líder política, no como política feminista en tanto nunca asumió una agenda feminista.

Es verdad, pero la realidad es que no hay tantas políticas mujeres que tengan esa capacidad; en términos de pensar la igualdad, es algo interesante. Ella no tiene una agenda feminista y no apoyó el aborto cuando estuvo en el Gobierno, pero creo que hay un impacto en términos del imaginario. Tuvo la capacidad de ver que para ganar tenía que poner a otro que no era ella. Eso también es bastante poco común en la política. Entonces, ambos le deben a Cristina el lugar en el que están, ambos tienen una relación con ella que es muy importante para su futuro político, pero ambos tienen sus propios jugadores y están tratando de conformar espacios propios.

Usted hablaba de la capacidad que tuvo Cristina para reconocer que debía poner a otro candidato para ganar la elección presidencial. ¿Eso se cobra políticamente o es altruismo?

La política nunca es altruismo. Mirá Evo Morales, Lula, Macri. Es muy difícil para los líderes dejar el lugar y poner a otro. No sé cuál fue la razón que la llevó a tomar esa decisión, pero en términos estratégicos, fue exitosa. ¿Qué va a hacer ella con eso? Entramos en el terreno de la futurología o de la psicología. Mi impresión es que ella tiene una agenda de ciertos temas que le interesan, que entendió que la Argentina tenía que vivir un proceso de ajuste económico y le pareció que Alberto Fernández iba a tener más capacidad para hacerlo. No podemos definir cuáles son sus prioridades en este momento, pero no me parece que se vaya a retirar a sus aposentos: en las cosas que a ella le parezcan importantes va a hacer escuchar su voz.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.