Vidal, ante una decisión que puede definir los comicios presidenciales

Daniel Bilotta
El desdoblamiento en la provincia podría beneficiar a Cambiemos, pero a la vez ser usado por la oposición contra Macri
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7 de enero de 2019  

María Eugenia Vidal debe tomar una decisión que podría definir quién será el próximo Presidente. Esa es la trascendencia del eventual desdoblamiento de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. Una probabilidad que inquieta por igual a todas las variantes del peronismo y también al denominado círculo rojo. En una coincidencia que no es la primera, a todos ellos les interesaría que la última palabra sobre este asunto la tuviese solo la gobernadora y sin consulta con la mesa chica de Pro.

Allí algunos están convencidos de que estos actores trabajan asociados para transformar en realidad ese deseo. O, más precisamente, en una profecía autocumplida. Parte de ella consistiría en presentar un anuncio de Vidal en ese sentido como un encapsulamiento de Mauricio Macri dentro de su propio partido. Aun cuando es imposible que sea así: la gobernadora no lo hará sin el consenso previo con el Presidente.

Pese a que muchas veces se expresó reacio a que el marketing político incida en las decisiones de gobierno, ese es el recurso en el que confía este afinity group para influir en la percepción de la ciudadanía. Una curiosa reivindicación del lugar atribuido en la administración de Cambiemos a Jaime Durán Barba. Aunque la diferencia entre la estrategia de comunicación del consultor ecuatoriano y el relato que proponen instalar es bastante más que sutil.

Con el foco puesto en los desencantados de este gobierno y el anterior, supone persuadir al resto de los electores de que si la Argentina está en el peor de los mundos es por exclusiva obra y gracia de los tres años de gestión de Macri. La omisión a su antecedente inmediato tiene cierta lógica. Pese al papel vital en los comicios de 2013 para frenar el intento de reelección de Cristina, Sergio Massa está ligado de modo inescindible a los 12 años del kirchnerismo.

Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat

Lo mismo que Miguel Ángel Pichetto. A los dos les urge romper el vínculo de necesidad recíproca entre la expresidenta y los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires. Hasta ahora se revelaron ineficaces para postular un liderazgo alternativo al de Cristina, sustentado en los votos que mantiene en la primera y en la tercera secciones electorales. Y especialmente, en los cordones segundo y tercero del Conurbano. Es decir, en la provincia donde coexisten el nivel más alto de pobreza y el mayor aporte efectuado al PBI.

Con esa ecuación consolidada en 27 años ininterrumpidos de administraciones del PJ, el relato pierde consistencia e ingresa en el campo de lo fantástico. No es una novedad para el peronismo. Su peculiar visión del mito del eterno retorno le permitió mantenerse cohesionado durante la proscripción impuesta por las dictaduras entre 1955 y 1973.

Con plena vigencia de las instituciones, lo novedoso es la aparente sustitución de ese universo por otro distópico. En las promesas de cambio con crecimiento de la ruta elegida por la coalición gobernante, está latente el riesgo de la destrucción del empleo y el aparato productivo en el futuro. Ese mensaje entusiasmaría hasta la simbiosis al peronismo no K y a un sector empresarial que añoraría el consumo interno alentado por la energía y el transporte subsidiado y la circulación de papel moneda sin respaldo de reservas del Tesoro. Halagos a la expresidenta: el kirchnerismo sin Cristina remite al peronismo sin Perón.

Pero se trata de un déjà vu que no despierta interés fuera de ese microclima, según el sondeo de Isonomía realizado en diciembre. Pese a evaluar la gestión de Cristina (51%) de modo menos negativa que la de Macri (62 %), el Presidente se impondría a su antecesora por casi 7 puntos en las elecciones. La diferencia se estira a 11, cuando la intención de voto es medida por frente electoral. Allí Cambiemos se impone por 34 % contra 23% de Unidad Ciudadana.

La ventaja oficialista sería todavía mayor si Vidal fuese la candidata nacional contra Cristina: 40% a 26%. Las posibilidades del peronismo están atadas a lo que parece improbable. Que Massa llegue al ballottage en lugar de Cristina: se impondría a Macri por 43% a 39%. Trasladar del plano hipotético al terrenal este escenario es lo que desvela a Massa pero también a Pichetto, sobre la base de la supuesta animadversión del círculo rojo contra Macri.

Y eso es lo que vuelve trascendente el desdoblamiento electoral en la provincia. Privaría a los intendentes de la figura de Cristina y estos deberían confrontar con Vidal, que en su reelección se impondría por entre 12 y 15 puntos a cualquier otro candidato. Lo que le permitiría a Cambiemos incrementar en un 50 por ciento los 65 municipios que gobierna. Una porción que incluiría a varios de los nueve ligados a Massa: si esto fuese así, volvería inviable su candidatura a presidente.

Pero pondría también en riesgo a Unidad Ciudadana. Sin la participación de la expresidenta en la boleta, Walter Festa vería reducidas del 40 al 10% las posibilidades de ser elegido otra vez intendente de Moreno. No sería el único obstáculo en campaña. Mediante el Fondo Educativo que distribuye el gobierno bonaerense, los 195 establecimientos educativos del distrito están en obras para evitar que se dilate el inicio del ciclo lectivo. Probablemente, esos trabajos sean el corazón del proselitismo de Festa. ¿Este le agradecerá a Vidal? ¿O a Verónica Magario?

La Matanza recibió 871 millones. Concentra el 12% de la matrícula de alumnos. Sin embargo, los intendentes del PJ resistieron que el presupuesto reflejara ese criterio para el reparto de recursos: acordaron aplicarlo al 60% de los fondos y el Código Único de Distribución (CUD) al 40% restante. El CUD se usa para repartir la coparticipación impositiva sobre la base de camas disponibles para internación en cada municipio.

Aquellos interrogantes derivan a otro: ¿el peronismo hubiese tenido la misma conducta con Cambiemos en esa situación? El ahogo financiero que Cristina impuso al gobierno de Daniel Scioli durante ocho años es una respuesta probable. El resultado es un déficit de infraestructura hídrica, vial y sanitaria que no resolvería Vidal aun si la economía creciese otra vez a las tasas chinas de comienzo de siglo.

Pero hay una incógnita a despejar, todavía más compleja: la recuperación de Macri en la opinión pública, con un gobierno que lleva adelante un ajuste del gasto público de proporciones inusuales. Existe coincidencia entre los analistas en que el comportamiento del mercado cambiario del dólar expresa el humor social imperante en la ciudadanía con el Presidente. Probablemente estén en lo cierto y la relativa calma alcanzada explique este momento.

Felipe Solá aporta otra mirada. "Nadie vota para atrás", suele asegurar con subjetividad. Aspira a que Cristina lo elija candidato presidencial. Aunque es probable que esa afirmación tenga un sentido más profundo. Aludiría a la voluntad de sacrificio que percibiría el exgobernador en la sociedad con una expectativa de mejora. Una capacidad de espera que incluiría disculpar los gruesos errores de cálculo cometidos por el oficialismo en el manejo de la economía, punto donde el empeño por calificar a Cambiemos de catástrofe tiene contacto con la realidad. Sin embargo, esa crítica no parece suficiente para dar lugar a una propuesta superadora, que es quizás lo que la sociedad espera. Cualquier especulación sobre el asunto es prematura todavía. Mientras tanto, la distopía peronista plantea un reto para Vidal.

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