¡Volvé, Fidel!

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14 de noviembre de 2020  • 17:58

"Asumimos el desafío de garantizar la expansión del rol que tiene que tener el Estado para generar una verdadera igualdad de oportunidades, que sabemos que es muy difícil".

(De Nicolás Trotta.)

Cuando muchos de los políticos van dejando de lado la prosa alambicada, nuestro principal funcionario de Educación, el ministro Nicolás Trotta, viene de contramano, a 160 por hora y con las gomas del troncomóvil lisas como pelo keratinado.

Hay mucha gente que todavía descree de los estudios que aconsejan a los dirigentes manejar un lenguaje claro, apuntar a la fibra emotiva de los ciudadanos, reservando para las tesis doctorales la racionalidad, las perífrasis y los eufemismos. Es decir, ir al grano. Al pan, pan y al vino, vino.

Precisamente, Trotta es uno de los que reniegan de esa economía del lenguaje. Hace poco, declaró: "Asumimos el desafío de garantizar la expansión del rol que tiene que tener el Estado para generar una verdadera igualdad de oportunidades, que sabemos que es muy difícil". "¿Qué dijo, vieja?", suele parafrasear el colega Luis Cortina delante de sus alumnos cuando se van en palabras para no decir nada.

Ciertamente, Trottas hay en todos lados. Por ejemplo, Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat de Cataluña, quien ya decía por 1995: "La financiación de los partidos es un misterio, pero un misterio de aquellos que no son misterio, porque están muy claros, pero que siguen siendo un misterio". Todavía están tratando de decodificarlo.

Convengamos que no todos consiguen pegarla como Chauncey Gardiner, el jardinero protagonista del libro de Jerzy Kosinski, que solo conocía de plantas y cuyas elucubraciones sobre bulbos, raíces y pistilos servían de inesperado argumento a políticos afectos a los discursos "juntapalabras". Querido Jerzy: pasaron 50 años de tu obra y no hemos evolucionado mucho.

En la otra vereda están los oradores consagrados, como Churchill, Roosevelt y, mucho más cerca, Raúl Alfonsín. Cristina tiene lo suyo, ojo. Y Alberto enhebra ahora una prosa menos dramática que cuando decía que Cristina era instigadora de delitos, encubridora y lamentable.

De todos modos, hay pocos saraseros como nuestro querido Fidel. ¿Castro, el cubano? No, Fidel Pintos. (¡Millennials, id a Google!)

Ya lo dijo Axel Kicillof , el que más rápido comprendió los efectos de la emocionalidad y del lenguaje ahorrativo. Cuando le preguntaron por la vuelta a las escuelas tras la pandemia, sentenció: "Operativamente, es un despelote".

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