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Votar sabiendo a quién se vota

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31 de enero de 2000  

SE acercan cada vez más las elecciones gubernativas y parlamentarias locales, previstas para el 7 de mayo próximo, y la ciudad autónoma todavía carece de ley electoral porque sigue pendiente el tratamiento parlamentario de los respectivos proyectos. Se trata de un requisito cuyo cumplimiento serviría para consolidar la confianza que la ciudadanía porteña necesariamente debe tener acerca del adecuado y correcto funcionamiento de las instituciones locales.

El sistema mediante el cual se procederá a renovar el Poder Ejecutivo de la ciudad está expresamente dispuesto en la constitución local y no deja lugar a dudas. El jefe y el vicejefe del gobierno, expresa el artículo 96, "son elegidos en forma directa y conjunta por fórmula completa y mayoría absoluta. A tal efecto se toma a la Ciudad como distrito único. Si en la primera elección ninguna fórmula obtuviera mayoría absoluta de los votos emitidos, con exclusión de los votos en blanco y nulos, se convoca al comicio definitivo del que participarán las dos fórmulas más votadas, que se realiza dentro de los treinta días de efectuada la primera elección".

No ocurre lo mismo con los legisladores, que por esta única vez serán renovados en su totalidad. La ley fundamental porteña determina, en su artículo 69, que son elegidos "por el voto directo o acumulativo conforme al sistema proporcional" y que "una ley sancionada con mayoría de dos tercios de los miembros de la Legislatura debe establecer el régimen electoral".

Esa ley es, precisamente, la que todavía está en debate. Se ha anunciado que se quiere eliminar las listas sábana _o listas completas_, que obligaron a la ciudadanía, hasta ahora, a votar por extensas nóminas de candidatos, de los cuales apenas eran conocidos, cuando mucho, quienes ocupaban los dos o tres primeros puestos de cada boleta, y el resto provenía del hermético crisol de las internas partidarias. Lo que se ha propuesto es reemplazar ese método ya anacrónico de votación por un sistema que, supuestamente, aseguraría la representatividad de todos los candidatos.

La probable nueva metodología, en caso de que prospere el proyecto presentado por la Alianza, consistiría en dividir a la ciudad en cuatro secciones, de las cuales saldrían 40 legisladores _9 y 9 de dos de ellas y 11 y 11 de las restantes_, mientras que otros 20 serían elegidos por lista completa y considerando a la metrópoli como distrito único.

Los objetores de esa iniciativa, infieren _con razón_ que en ese proyecto, en realidad, la sábana sólo aparece fraccionada en cuatro retazos _o sabanitas _, dejando intacta la raíz del cuestionamiento de base. Los electores seguirán ignorando las virtudes y los defectos de la mayor parte de los candidatos, que no serán barriales sino los productos de una división en secciones que, por ejemplo, junta arbitrariamente Recoleta con Barracas y Villa Lugano con Villa Devoto. A su turno, algunos de ellos proponen mantener el sistema de lista completa, mas con la posibilidad de efectuar tachas, preferencias y sustituciones, y que las candidaturas no sean monopolizadas por los partidos políticos sino que sean abiertas a toda la ciudadanía independiente.

Es indudable que la mayor parte de los porteños, por sus características primordiales, preferiría ser representada por convecinos sensibles a los problemas y las aspiraciones barriales. Solamente se lograría esa clase de representación mediante el voto uninominal y por circunscripción, que, curiosamente, genera el rechazo casi unánime de los políticos locales y que, por otra parte, podría llegar a chocar con la disposición constitucional relativa a la elección de los legisladores.

Habría más de una opción, entonces, para elaborar el instrumento legal que perfeccionaría la representación del pueblo de la ciudad. Conciliarlas requerirá, probablemente, una discusión franca, imaginativa y desinteresada, llevada a cabo sin subordinarse a minúsculos intereses de partido y con la exclusiva intención de servir los rectos intereses de la ciudad y de todos sus habitantes. La Legislatura tiene la palabra: su labor será compleja, es cierto, pero si lograra llegar a buen puerto no sólo satisfaría una lícita aspiración de la ciudadanía porteña sino que, asimismo, podría sentar ejemplo de democrático y plural entendimiento.

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