Reseña: Campo del cielo, de Mariano Quirós

Zona literaria con voz propia
Carolina Esses
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3 de marzo de 2019  

En su última colección de cuentos, Mariano Quirós (Resistencia, 1979) vuelve a elegir la geografía chaqueña no solo como escenario, sino como condición de su literatura. Se trata, aquí, de Campo de cielo, el pueblo pobre del título, abandonado de la mano de Dios –o de las políticas públicas de los hombres– con una única riqueza: hace millones de años cayeron sobre él una cantidad insólita de meteoritos. Es una zona literaria, pero, sobre todo, un estado mental, una forma de la percepción que se manifiesta en los arrebatos sensoriales que tienen sus personajes. Como el boxeador que cree ver a un extraterrestre por cada golpe bien dado que recibe, o la mujer que se pierde en el bosque y, dicen, es violada por el chupacabras. El autor logra, en la mejor tradición de Hebe Uhart, hacer hablar a los personajes, sin juzgarlos ni caer en lo políticamente correcto.

Una buena manera de describir el efecto del libro es recurrir al argumento de "Tisibai". Héctor recibe el llamado de un indio –un tal Sánchez– que le dice que su madre está muy enferma, que vaya a buscarla. Mientras viaja al pueblo, cree que viaja hacia alguna forma de lo conocido, pero se encuentra con una realidad perturbadora que no termina de entender pero que, finalmente, acepta, incluso con fascinación. Esta es la gran apuesta de Campo del cielo: una literatura que sea como recorrer un país desconocido, sin brújula, teniendo por único guía a un indio al que le entendemos apenas la mitad de lo que dice. Quirós ofrece la novedad de no aspirar al cuento perfecto, redondo sino de construir una voz propia que no le teme a la incomodidad ni al desborde.

Campo del cielo

Por Mariano Quirós

Tusquets. 198 páginas, $ 469

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