Zoom bombing en el infierno

Hugo Beccacece
Hugo Beccacece PARA LA NACION
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31 de agosto de 2020  • 00:05

Un percance en el mundo de los condenados. Hace once días, en las primeras horas de la tarde porteña, Dante Alighieri y Virgilio, su maestro y su guía en el Infierno de la Divina Comedia, estaban por descender del séptimo al octavo círculo. El séptimo es el círculo de los violentos contra Dios (blasfemos), contra la naturaleza (los sodomitas) y contra el trabajo (los usureros). El octavo es el círculo de los fraudulentos, conocido con el nombre de Malevolge, y su guardián es un monstruo, emblema del engaño, que vive en un extremo del séptimo círculo y que muestra el camino hacia el octavo, al que pertenece. Con su silueta espantosa vuela entre las llamas.

Por Zoom, la profesora Claudia Fernández, del Instituto Italiano de Cultura leía en italiano medieval la Commedia, de Dante Alighieri y la comentaba a sus seguidores. El auditorio la veía y la escuchaba en sus casas por medio de las pantallas y los micrófonos de sus computadoras y celulares. El gigante Gerión había aparecido en los tercetos rítmicos de Dante con su engañosa cara de hombre bueno y justo, la cola de escorpión; el tronco de serpiente o de dragón; patas peludas de león; el dorso, el pecho y las costillas pintadas con arabescos sobrepuestos, de un colorido que podría haber opacado el de las telas y los tapetes de los tártaros y los turcos. Virgilio previno a Dante del peligro que representaba esa bestia. Y, justo en ese momento, irrumpió en las pantallas una música estruendosa y vulgar, acompañada de gritos y la imagen de un hombre corpulento, semidesnudo, una especie de luchador de sumo, grotesco, como los que podría haber imaginado Dante Alighieri para algunos de sus habitantes del Infierno.

La pantalla estaba invadida por un horror de baja estofa. El monstruo virtual empezó a proferir todo tipo de insultos, groserías, obscenidades. Ese engendro, curiosamente, anticipaba de un modo brutal, caricaturesco, el realismo de los versos de Dante en el octavo círculo en los que utiliza rimas ásperas, de sonidos desagradables y malas palabras. Después de los bellísimos y nobles versos de, por ejemplo, el Canto V, Dante emplea el lenguaje vulgar de los rufianes, proxenetas y seductores del Canto XVIII; hace nadar a sus personajes en mierda; usa la palabra "mierda" y también "puttana", para referirse a la cortesana Thays (Taïd'e). Esas escenas son de un realismo literario asombroso e imprevisto. Pero los oyentes sólo pudimos apreciar esas audacias formales y de estilo en la lectura del siguiente jueves, es decir hace cuatro días, porque la realidad virtual, la del luchador de sumo, impidió que pudiéramos llegar al momento en que Dante y Virgilio, montados en Gerión, se echan a volar en la oscuridad del Infierno.

Vaya a saber quién o quiénes resolvieron someter la Divina Comedia al zoom bombing, a la intrusión de hackers. ¿Alumnos adolescentes? ¿Bromistas o simplemente vándalos? El infierno actual irrumpió en la imponente construcción literaria del Infierno para destruirla, como si se tratara de un episodio bélico en la guerra contra la cultura.

Este año, la excepcional especialista Claudia Fernández emprendió por tercera vez, pero por Zoom, la formidable tarea de leer y comentar completa la Commedia en el Instituto Italiano de Cultura. Es una tarea que exige tenacidad y vocación. A un canto por semana, descontados los meses de vacaciones, se requieren más de dos años, quizá tres, para llegar al Canto XXXIII del Paraíso. El universo virtual permitió en esta ocasión que tuviéramos un atisbo del infierno que invade las aulas, los hogares y las calles.

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