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A Washington no le interesa la dolarización

Joaquín Morales Solá
Para los EE.UU., un acuerdo monetario es casi imposible
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22 de agosto de 2000  

Los Estados Unidos no están interesados en un proceso de dolarización de la economía argentina, aseguró una alta fuente del gobierno de Washington. El ex presidente Carlos Menem lanzó nuevamente hace pocos días la idea de dolarizar la economía, pero esta vez advirtió que ésa sería la única manera de evitar una devaluación del peso.

La fuente norteamericana aceptó que la política interna de ese país atraviesa por un momento en el que un acuerdo monetario con la Argentina es prácticamente imposible. El presidente Bill Clinton está a sólo cinco meses de abandonar el gobierno, y su sucesión está siendo disputada por George W. Bush y por Al Gore.

Sin embargo, en Washington se aclaró que aun cuando no existieran esos condicionamientos internos, la dolarización argentina tampoco entraría en el interés de su gobierno. Se descarta, desde ya, que los Estados Unidos tienen una opinión que dar cuando se habla de usar su moneda como valor oficial de otros países.

Funcionarios de Washington y de Buenos Aires coincidieron en que no son ciertos los riesgos de devaluación planteados por Menem.

Eludir interpretaciones

En los Estados Unidos se eludió cualquier interpretación de las declaraciones de Menem, pero los funcionarios argentinos dijeron, en cambio, que se trata de una dura campaña para desgastar a su sucesor, Fernando de la Rúa.

La aseveración sobre que no existen riesgos de devaluación tiene en cuenta estos elementos: el país cuenta con reservas suficientes para respaldar el peso, el nivel de depósitos bancarios creció considerablemente en los últimos tiempos (lo que es buena novedad monetaria, pero una mala noticia para la reactivación del mercado interno), y la administración logró poner bajo control, con sus más y sus menos, el déficit fiscal.

Las mismas fuentes señalaron que los Estados Unidos le darán un nuevo impulso al ALCA (el proyecto de integración de toda América) después de que asuma la nueva administración, en enero próximo.

Incluso, el canciller Adalberto Rodríguez Giavarini le formuló una pregunta directa sobre el ALCA a la secretaria de Estado, Madeleine Albrigth, durante su reciente visita a Buenos Aires. Albrigth le respondió que ese proyecto será profundizado por cualquier administración que suceda a Clinton y que sólo variará en matices según el partido que acceda al poder.

Diplomáticos del Departamento de Estado han señalado, por su parte, que lo único difícil será cumplir con los plazos acordados, ya que fijan el año 2005 como el de la integración total de América. "Tal vez será en 2010, pero será", han dicho.

Con todo, esos mismos diplomáticos consideran que la negociación para la incorporación al ALCA podría ser más rápida con bloques comerciales, como el del Mercosur, en lugar de hacerlo país por país.

"Hubo al principio cierto resquemor con el Mercosur, pero eso se disipó: ahora hay sólo apoyo a ese esfuerzo", respondieron en Washington a una pregunta sobre la opinión acerca del Mercosur.

La cancillería argentina, a su vez, está deslumbrada con los acercamientos a México, después de reconocer que Brasil será siempre su principal socio en las relaciones exteriores y comerciales. Pero México es otro gigante de la región, con un producto bruto interno apenas por debajo del brasileño.

Los matices cautivan a la diplomacia. La cancillería argentina dice tener una visión "latinoamericana" de la región, lo que incluye, desde ya, a México. Los diplomáticos argentinos le endilgan a Brasil, en cambio, una visión "sudamericana", que excluiría a México.

"Brasil es sudamericano, latinoamericano y americano", han replicado, con cierta ironía, diplomáticos de Brasilia.

Aventar versiones

Una de las principales preocupaciones del gobierno de De la Rúa, en las últimas horas, ha sido la de aventar las versiones que indicaban que sus funcionarios decidieron comenzar una negociación con Washington para obtener una ayuda excepcional de US$ 30.000 millones.

Según el rumor en boga, un grupo muy reducido de la administración habría considerado que ésa sería la única manera de abandonar la política de muy dura austeridad del gobierno aliancista, porque llevaría tranquilidad a los inversores sobre la capacidad de pago de la Argentina de su abultada deuda externa.

Los grandes y perentorios compromisos externos del país son los datos que más influyen en la fragilidad de la economía nacional.

Rodríguez Giavarini fue el primero en desaconsejar aquella vía de negociación, porque sostuvo que no hay instancia de diálogo con Washington, inmerso en un proceso de transición interna, y porque, además, el planteo no contenía ningún punto de seducción para los intereses de los Estados Unidos.

El ministro de Economía, José Luis Machinea, no demoró en suscribir también los puntos de vista del canciller.

Para Machinea, los ejemplos anteriores de ayuda excepcional de los Estados Unidos no fortalecerían la confianza de los inversores en la Argentina. Washington acudió en ayuda presurosa, concediendo o gestionando voluminosos créditos, cuando devaluaron México y Brasil. El argumento más fuerte es el primero de todos: un solo hombre puede conceder un favor de esa magnitud y es el presidente de los Estados Unidos, el mismo que actuó en persona durante las crisis de México y de Brasil. Pero ya no está virtualmente.

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