Aconsejan a Duhalde seguir el modelo de México y de Brasil

Es el plan de los presidentes de esos países y de Chile
Jorge Elías
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24 de enero de 2002  

SANTIAGO.- Poca gracia pareció causarle a George W. Bush que Eduardo Duhalde dejara entrever que los Estados Unidos contribuyeron, en cierto modo, al derrumbe de la economía argentina. Tan poca gracia, o ninguna, que en la primera ocasión que tuvo, en la Organización de Estados Americanos (OEA), lanzó una advertencia: "La Argentina y todos los ciudadanos del hemisferio deben fortalecer nuestro compromiso con una reforma basada en el mercado -dijo-. Cualquier atajo sólo puede generar más problemas".

En el ínterin, sin embargo, hubo gestiones de todo tipo. En especial, de los presidentes de los otros colosos de la región: Chile, Brasil y México. De boca de Bush, según confió a LA NACION una fuente de La Moneda, Ricardo Lagos recibió el OK para emprender algo así como un operativo rescate del cual participarían sus pares Fernando Henrique Cardoso y Vicente Fox, así como el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Enrique Iglesias.

¿De qué se trata? En principio, de convencer a Duhalde de que siga los modelos de México y de Brasil después de las crisis que padecieron en los 80 y en los 90, de modo de romper con la situación de virtual cortocircuito entre la Argentina y el Fondo Monetario Internacional (FMI). "Hay que aprovechar esas experiencias para salir adelante", resumió la fuente.

En ese eje convino Lagos, por teléfono, con Cardoso y con Fox después de hablar con Bush. Y, al parecer, el operativo ya está en marcha: Rodrigo Valdez, funcionario del Ministerio de Hacienda de Chile; Miguel Mancera, ex presidente del Banco Central de México; Augusto De la Torre, ecuatoriano, vinculado con los organismos de crédito de Washington, y un brasileño, economista también, cuyo nombre no trascendió, arribarán el miércoles a Buenos Aires.

Bush sugiere

La movida, liderada por Lagos, cuenta con el aval de Bush. Al punto que, según la fuente del gobierno chileno, Duhalde habría recibido de él, durante el diálogo telefónico que mantuvieron hace unos días, la recomendación de que prestara atención a sus consejos, así como a Cardoso y a Fox, y de que tuviera en cuenta cómo salieron de sus crisis Brasil y México.

¿Por qué Bush no interviene, ni intervino, en forma directa? Es parte de su política hacia las economías de la región. Amor rudo que le dicen.

En fino castellano, que la Argentina y sus vecinos no esperen rescates unilaterales, al estilo México en los albores de 1995 gracias a Bill Clinton, después de haber desoído sucesivas sugerencias de rectificación. Más allá de que el FMI haya alentado en su momento las reformas introducidas por Carlos Menem, considerado el mejor alumno por el ex director gerente Michel Camdessus.

De ahí que Bush, en su discurso ante la OEA, haya dicho: "Las decisiones a medias no aliviarán el dolor. No harán más que prolongarlo". ¿Qué quiso decir, en definitiva? Que la Argentina terminó con la convertibilidad cambiaria entre el peso y el dólar, o viceversa, pero, al mismo tiempo, perdió competitividad, afectando a las compañías extranjeras con inversiones en el país, e implantó un tipo de cambio oficial y otro paralelo que no hicieron más que complicar las cosas tanto para ellas como para los bancos.

Sin rubricar, finalmente, el plan de desarrollo sostenible, y creíble, que vienen reclamando el gobierno norteamericano y los organismos de crédito de Washington desde los tiempos del tándem De la Rúa-Cavallo.

Como correlato del diálogo de Duhalde con Bush, el FMI acordó demorar un año el vencimiento de un tramo de la deuda argentina. Pero, según explicaron a LA NACION fuentes de otro organismo con sede en Washington, el Banco Mundial, una cosa no tuvo nada que ver con la otra. No fue una señal, concluyeron, sino una realidad: el país está en default y no podía pagarlo. Ni, menos aún, tomar nuevos créditos para ello.

Presidentes como Lagos y como el español, José María Aznar, están entre la espada y la pared por la crisis argentina. Por ser políticos, y entender los mares bravíos que enfrenta el quinto presidente del país en poco más de un mes, y, a la vez, por ser compatriotas de los accionistas, o de los dueños, de las compañías y de los bancos que, alentados por condiciones favorables, invirtieron en donde, declarado el incendio, intentan salvar los muebles. O, al menos, la ropa.

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