Adam Kaufmann: "Hay que darles herramientas a los fiscales para que puedan investigar"

Ex jefe de investigaciones antilavado y corrupción de la Fiscalía de Nueva York
Hugo Alconada Mon
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4 de junio de 2013  

Para el ex jefe de la división de Investigaciones en la Oficina del Fiscal de Nueva York, Adam S. Kaufmann, hay una premisa central cuando se trata de investigar delitos de cuello blanco, lavado de activos o corrupción política. "La clave es darles a los fiscales las herramientas necesarias para que puedan investigar e ir hacia arriba, más allá de los peces chicos", dice. Y de eso sabe.

Por "culpa" de Kaufmann, gigantes de las finanzas mundiales como HSBC -que lavó montañas de dinero físico de carteles de la droga de México y Colombia-, Credit Suisse, Standard Chartered Bank, Barclays, ING Bank y Lloyds pagaron multas por más de US$ 2400 millones. Es decir, más dinero que el que jamás recuperó la justicia argentina.

Kaufmann trabajó durante más de 18 años en la Fiscalía de Nueva York, los últimos diez concentrado en las pesquisas por lavado de activos y corrupción política, como cuando puso contra las cuerdas al ex alcalde de San Pablo Paulo Maluf. Pero también tiró de la cuerda de empresas fantasma con ramificaciones en Manhattan: las pistas lo llevaron por la Triple Frontera, el Líbano e Irán, con movimientos por cientos de millones de dólares que, en ciertos casos, llegaron hasta las familias de terroristas suicidas.

Por esa experiencia, Kaufmann se reunió junto con su entonces jefe, el fiscal Cyrus Vance, en Manhattan, con el titular de la Unidad AMIA, Alberto Nisman, con quien cruzaron información. "Habíamos detectado mucho dinero que fluía desde Irán hacia Venezuela, incluso para proyectos militares", recuerda el experto, que ahora trabaja para el estudio jurídico Lewis Baach.

De paso por Buenos Aires, donde participará este jueves del seminario anual de la Fundación Argentina para el Estudio y Análisis del Lavado de Activos y Financiación del Terrorismo (Fapla), Kaufmann remarca la importancia de darles a los investigadores los insumos legales y prácticos indispensables para investigar el lavado de activos y el financiamiento del terrorismo.

¿Cuáles son esas herramientas? Para empezar, dos herramientas legales: la creación de la figura del "denunciante interno" ( whistleblower , en inglés), que pueda reportar irregularidades o potenciales delitos sobre los que sepa dentro de una empresa o una oficina pública sin temor a las represalias. La otra, la posibilidad legal de que los fiscales negocien con los acusados una reducción de las penas que les corresponderían a cambio de que aporten información sobre quiénes se encuentran en el escalón superior del delito investigado.

-¿Cuán relevante podría ser crear la figura del whistleblower en la Argentina para este tipo de investigaciones complejas, como el lavado?

-Mire, esa figura está recibiendo mucha atención ahora en Estados Unidos porque están llegando numerosas alertas sobre potenciales ilícitos a las autoridades que de otro modo jamás se habrían enterado sobre esos delitos. Por supuesto que el lado malo es que también se reciben muchos datos endebles o falsos y lleva tiempo separar la paja del trigo, pero aun así resulta una herramienta muy eficaz para encontrar y combatir, por ejemplo, la corrupción.

-¿Y la posibilidad de que los fiscales negocien con los acusados una reducción de sus penas a cambio de su colaboración?

-Bueno, eso ha sido mucho más controversial, aunque en Estados Unidos se ha convertido en una práctica bastante común.

-De hecho, la Oficina de Estadísticas del Departamento de Justicia muestra que 9 de cada 10 acusados por lavado se declararon culpables de este modo y aportaron datos sobre sus superiores?

-Así es. Ésa es la forma en que a menudo los fiscales en Estados Unidos logran avanzar hacia el siguiente escalón en sus investigaciones en vez de quedarse en los peces chicos. Porque el desafío es cómo lograr el paso indispensable que permita ir hacia arriba. Y eso ocurre a menudo en casos de lavado, pero también de corrupción política. Hay un caso, por ejemplo, en el que se investigó a todo el Senado estadual de Nueva York y una senadora negoció su pena a cambio de colaborar contra el resto, por lo que hasta utilizó un micrófono oculto. ¡Claro que puede resultar una decisión polémica, pero nos permitió ir contra otros tres o cuatro senadores!

-El problema es cuando las negociaciones dejan a algunos fuera de prisión. Eso ocurrió, por ejemplo, en el caso de los ejecutivos de bancos que lavaron miles de millones del narcotráfico colombiano y mexicano, como el HSBC.

-Cada vez que participo en un seminario en mi país, cuando llega el momento de las preguntas alguien levanta la mano y dice: "¡Cuándo van a meter presos a los banqueros!", y el resto de la audiencia lo aplaude [risas]. Pero también hay que ver lo que sí se logró. En el caso de HSBC, se le aplicó una dura multa, reconoció todo lo que hizo mal, se obligó a establecer políticas de cumplimiento antilavado y quedó sometido a años de revisión especial, período en el que si no acata todo puede ser llevado otra vez a la justicia y hasta perder su licencia para operar en Estados Unidos.

-Lo bueno es que estas multinacionales reconocen sus ilícitos, pero las multas son anecdóticas para los volúmenes que manejan. En el caso de Siemens, todo el gasto que afrontó entre multas y abogados, más de US$ 2000 millones, fue cerca del 10% de sus ganancias netas de un año.

-Eso es cierto. Pero también es cierto que nuestras investigaciones sobre los bancos o la corrupción -en las que a menudo fue decisiva la colaboración de la prensa- nos permitieron comprender su metodología para lavar y romper con esas prácticas. Y que la sanción aplicada a HSBC envió un mensaje clarísimo al resto de los bancos: serán castigados por conductas como éstas.

-¿Puede ahondar en su relación con la prensa en la Fiscalía?

-Parte de mi trabajo, en particular durante los últimos años, fue lidiar con la prensa. Cuando podía hablar, hablaba; cuando no, no, y nunca tuve un problema. Más aún: algunos de mis mejores casos los aportaron los periodistas.

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