Ahora vamos a extrañar a Menem

Por Félix Luna Para LA NACION
(0)
15 de mayo de 2003  

Se siente invulnerable ante el ridículo. Puede afirmar algo una, dos, tres veces y después hacer todo lo contrario, sin que se le mueva un pelo. Puede crear una antinomia política y a continuación quejarse de las antinomias históricas. Puede ejercer el clientelismo más descarado y, al mismo tiempo, denunciar a sus adversarios como clientelísticos.

Puede asegurar que hubo fraude en una de las elecciones más limpias y transparentes de que haya memoria. Puede renunciar a su candidatura para dejar a su adversario en posición desairada, sin importarle nada de las instituciones, las reglas de juego que él mismo creó y la necesidad de legitimidad del futuro gobierno.

Puede decir cualquier disparate y hacer cualquier barro con idéntica irresponsabilidad. Se siente impune. Como siempre ha sido un triunfador, le espanta la perspectiva de una derrota y para no soportarla es capaz de cualquier maniobra. Vive del poder o de la expectativa del poder, y si no es él quien lo ejerce hace todo lo posible para destruir al que lo detente.

* * *

El harakiri que se ha inferido es una forma burda de mantener a toda costa el mito de que nunca ha sido derrotado electoralmente. Pero ha asestado una puñalada trapera a un proceso electoral que constituye una salida aceptable para superar la actual situación del país. Ha pateado el tablero como un jugador fullero.

Muy lejano está el tiempo en que se disfrazaba de Facundo. Pero su capacidad de hacer daño sigue intacta.

Lo vamos a extrañar, porque innegablemente le dio colorido a la política y consiguió que los argentinos extremaran su imaginación para prever sus piruetas, sus mañas, sus inconsecuencias.

Pero ¡por favor! que no regrese más, para que permanezca en el recuerdo colectivo como expresión de lo más anacrónico, negativo y absurdo de la política.

El autor es historiador.

ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Politica

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.