Al final, Duhalde comió con Mirtha Legrand

Cuatro días antes del traspaso de mando almorzó en el programa por el que pasaron los candidatos
Oliver Galak
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23 de mayo de 2003  

Eduardo Duhalde concretó ayer una de sus últimas apariciones televisivas como presidente de la Nación, en el programa que terminó por transformarse en la tribuna política por excelencia de la última campaña electoral: "Almorzando con Mirtha Legrand".

Allí donde Adolfo Rodríguez Saá confesó que le gustaba ser líder y recibió un elogio a su sonrisa gardeliana. Donde Ricardo López Murphy obtuvo el respaldo de quien terminaría por ser su votante más famosa, y Elisa Carrió dijo que sería vedette en el Maipo si el embarazo de Cecilia Bolocco era cierto. Ese lugar al que Carlos Menem se negó a ir antes de la primera vuelta, pero cambió de opinión cuando todavía pensaba pelear el ballottage. Y donde una semana más tarde, Néstor Kirchner -en su primer día como presidente electo- escuchó que con él, se venía "el zurdaje".

Allí, en ese mismo espacio, Duhalde -acompañado por su esposa, Hilda González- buscó mostrarse alejado de la puja política, defendió su gestión y expresó su confianza en el futuro. Casi como si ya fuera un ex presidente.

La diva intercaló comentarios frívolos ("al armar el menú, me acordé de que a Chiche no le gusta el queso") con preguntas incómodas a Duhalde ("¿usted probó droga alguna vez?") y recurrentes menciones a Menem.

"Así que se va la Chiche... -dijo Mirtha mirando a la primera dama-. ¡Y nosotros que pensábamos que iba a venir la Chechu!" La sorpresiva alusión a Bolocco forzó a los invitados a ensayar una sonrisa.

Duhalde negó que odie al ex presidente y lo calificó como "un hombre con capacidad de gobernar, pero que se equivocó muy duramente". Además, consideró que las acusaciones de Menem sobre una supuesta colaboración suya en la caída de Fernando de la Rúa son "comentarios de campaña".

"Sana rebeldía"

A lo largo de la hora y media de programa, el Presidente abordó diversos temas de actualidad. Dijo que se siente satisfecho por su gestión y que la Argentina dejó atrás un "vía crucis". Definió a Néstor Kirchner, como un "rebelde, pero de sana rebeldía". Y prometió que "nunca jamás" volvería a actuar en política partidaria.

"Voy a dedicarme al ámbito académico -dijo Duhalde, e insistió en su idea de modificar el sistema presidencialista-. Voy a ver si en la Universidad de Buenos Aires puedo reunirme con los académicos más importantes para ver si podemos adoptar la idea de una nueva institucionalidad en la Argentina."

Durante los cortes y mientras Mirtha se maquillaba, Duhalde y su esposa aprovechaban para probar el menú, que incluía crpes de morrones y espinaca con camarones, lomo a la crema de verdeo con papas noissette y peras al borgoña. Cada vuelta de tanda -así como la presentación de los invitados- era acompañada por el tema favorito de la conductora, "Color esperanza", de Diego Torres.

Duhalde dijo que le gustaba el gabinete de Kirchner porque se trataba de "gente joven, personas muy reconocidas". Y contó que lo único que le pidió a su sucesor fue: "Rompete el... (se hizo un silencio) alma por la patria".

"Hay muchos mensajes del público para felicitarlo. No se los habrá hecho mandar usted mismo, ¿no?", indagó Mirtha. "Es que nuestro gobierno no permite los mensajes en contra", bromeó el primer mandatario.

Rodeados de más guardaespaldas, pero menos periodistas, que en las visitas de Kirchner o Menem, el matrimonio Duhalde se retiró del estudio televisivo de la calle Gorriti al 5500. Afuera, un centenar de mujeres coreaba: "Olé, olé, olé, olé, Chiche, Chiche". Pero en sus oídos todavía resonaban las palabras con que los había recibido la conductora: "Se van los Duhalde... los vamos a extrañar".

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